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¡Aleluya, el carro de Celso! - Santiago Pablo Chiquero

Reseña realizada por Begoña Curiel.

Celso y su carro conforman el originalísimo universo rural que con apariencia de comedia y alegoría transpira profundidad. Demuestra que la solidaridad, la defensa del bien ajeno y la libertad no son utopías inalcanzables. Para vestir conceptos de tal categoría enreda al lector con diversión entre aventuras y aventurillas sin que falte la particular escritura con la que este autor me encandiló con su anterior novela.

Cervantes para cabras, Marx para las ovejas: así se llamaba. Ya ven que a Pablo Santiago Chiquero no pasa desapercibido con sus títulos. En esta vuelve a rescatar el lenguaje brillante de tono quijotesco que viene como anillo al dedo a su historia.

Celso vuelve a casa tras la guerra civil después de poner su carro al servicio de la República. Los perdedores son su causa aunque para él sean simplemente personas necesitadas, los damnificados para los que todos sus esfuerzos serán pocos. Trabaja y vive por y para ellos. Pero Celso no representa a instituciones, iglesias ni a dogmas religiosos. Él es sólo él ayudando personas.

Despierta la admiración a su paso aunque rechace los halagos y bendiciones que llegan por doquier; a Celso no le motivan las medallas sino ese “hacer el bien” manejando el carro para desplazar a quien lo necesite, recaudar limosna, entregarla en mano, etc. Aquí no hay idealismo ni palabras huecas; sólo hechos. Su carro es mucho más que madera y ruedas: es el instrumento repartidor del bien.

La sinopsis no hace mención del lugar donde centralizará su actividad y no quiero desvelar demasiado pero sí hay que decir que su parada de postas y aventuras recibe miradas de soslayo y recelo por parte de los que no ven bien las acciones de Celso, los fines, sino los “medios”. Pero, ¿qué le importa al carrero lo que digan los demás, aunque las reacciones lleguen hasta desde el mismísimo régimen y sus adláteres? Absolutamente cero patatero.

Sigue adelante su camino y el que venga detrás, que arree. Le resbalan las críticas aunque se juegue el pellejo. Es consecuente con sus actos y una vez pagados “sus delitos” volverá a la carga. Tropieza una y otra vez con la misma piedra pero no habrá quien le pare.

No poder mencionar ese “lugar” hace imposible revelar asuntos fundamentales para calibrar el empaque de la historia. Sólo puedo contar que este profeta armará la marimorena aunque sean muchos los que besan la tierra por donde pisa.

Santiago Pablo Chiquero es un gladiador pacífico que lucha a su manera por la lengua, vocablos, formas de expresión que no está dispuesto a dejar caer en el olvido. Y es esa forma de escribir, de recuperar lo que se ha quedado en el pueblo, en la manera de hablar de sus gentes, en lugares recónditos, lo que hace de su escritura algo realmente especial.

No sé si esta será su senda en el futuro pero me encantaría verle fuera de este terreno en el que se defiende maravillosamente. Siento curiosidad por conocer su potencial en otras lides literarias. Mientras tanto les invito a que se animen probando este escritor. Los gustos son infinitos pero estoy casi segura de que como mínimo, les sorprenderá.

Publicado el 22 de julio de 2022
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