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Amor eterno

“Notas de Lluvia” por Aysha Singing In The Rain.

Y a los buenos días, gentecilla de las redes. Hoy os traigo una bachata (aunque, para mí, es un bolero), mi favorita, de hecho.

 

<<Ya no sé

cuántas noche me he engañado,

cuántos trenes han pasado,

cuántas letras te escribí.

 

Ya no sé

qué pecado he cometido,

porque de todas me olvido

cuando me acuerdo de ti.

 

 

Ya no sé

quién te puso en mi camino,

Por qué el maldito destino

me ha llevado junto a ti.

 

Ya no sé

cuántas veces te lo he dicho:

que, para ser tu capricho,

ya habrá miles por ahí.

 

 

Mira que

me he cansado de esperarte,

que miro para otra parte si me vienes a buscar.

Cuéntame

 

cómo, en solo dos segundos,

llegas a lo más profundo y me desarmas sin piedad.

 

 

Me derrumbo ante tus ojos y no puedo contenerme…

Avísame y te juro que me rindo…

Si otra vez vas a quererme…

Si vas a quererme…

 

 

Sin ti, no tengo nada;

solo fotos de aquella escapada,

de risas en la madrugada

(donde todo era perfecto

y era eterno el amor que me jurabas).

 

 

Sin ti, no tengo nada…

Y perdona si no encuentro las palabras

que describan la nostalgia y la tortura

que es tenerte como amiga y no me olvido

de aquellas noches de invierno…

 

Tú, que eres una entre un millón:

mi amor eterno>>.

 

 

No puedo escuchar esta canción en un social y no bailarla. No solo porque es lenta y elegante, que son mis preferidas; sino también por esa flecha directa al corazón que es su letra. Es imposible oírla y no pensar en alguien. Porque todos tenemos a ese alguien que vive perenne en un rinconcito de nuestro corazón y nos canta al oído de vez en cuando. Digo yo… Sacadme de mi error si me equivoco. A mí, sin duda, me viene, de forma automática, un nombre a la cabeza.

Y es curioso porque hay un pequeño placer en ese tipo de dolor. Y no es masoquismo (o eso espero), sino el olorcillo que deja el recuerdo; que, al fin y al cabo, sospecho que es también lo que nos hace recordar a la persona. Me explico: cuando echamos de menos a alguien, puede ser que extrañemos a esa persona o puede que lo que echemos en falta, en realidad, sea lo que sentíamos por esa persona.

Pero es un caballo de Troya en realidad, un regalo envenenado; porque se lo pone muy difícil a todo lo que viene después y de eso mismo se alimenta para crecer. Y, sin darte cuenta, te ves anclado en el pasado y con serias dificultades para seguir construyendo un presente (de futuro, ya ni hablamos).

Se ve muy bien esa desesperación en las estrofas. Porque el recuerdo está muy bien los domingos por la tarde, al abrigo de una manta mullidita y un buen libro. Pero cuando el recuerdo no deja de estropearte posibilidades, ya no es tan bienvenido. Cuando sientes que te engañas a ti mismo y que nadie más va a llegar nunca a ese nivel, cuando eres de los que no creen todo ese rollo de que todo pasa por algo y no consigues entender para qué demonios se te ha cruzado esa persona; el dolor se impone por encima de todo lo demás. Y no queda ahí la cosa… Todos esos pensamientos y sentimientos nos hacen cuestionarnos a nosotros mismos. Nos preguntamos si habremos tenido la culpa, si podríamos arreglarlo de algún modo… Y lo cierto es que, al final, es una tortura bastante gratuita porque, además de no tener arreglo, rara vez nos sirve como aprendizaje para la próxima.

Tenemos que añadir un agravante si, además, la otra persona no nos ha soltado del todo. Porque eso también es muy frecuente: que ya no te quieran pero te conviertas en ese dulce que, dicen, no le amarga a nadie. Creo que no somos ni medio conscientes de lo poderoso que es el sexo y, por ende, súper peligroso en las manos equivocadas. Ya sé que estamos en el siglo XXI y que el sexo no necesita del amor para existir. Pero no debemos olvidar que, estemos en el siglo que estemos, cuando alguien quiere a otro alguien, el sexo deja de ser solo sexo; y puede hacer mucho daño. Pero somos tan egoístas que no nos importa herir con tal de tener lo que nos apetece.

En el puente, la canción refleja muy bien esa bipolaridad que se siente al seguir enamorado de alguien que ya no está. Ese momento <<he pasado página, pero solo hasta que te vea o algo me recuerde que existes (cien veces por segundo, km más que menos)>>. Por eso lo de hacernos los duros no suele funcionar. Porque se nos ha visto ya tanto el plumero que no nos lo creemos ni nosotros. Lo sabe la otra persona, el vecino del quinto al que no le hablas y hasta el perro que no tienes. Así que no importa si un día consigues no contestarle un whatsapp o no subírtelo a casa después de un encuentro <<casual>>. Si hay una mínima posibilidad de volver a caer, por ínfima que sea, lo harás; y hasta lo disfrutarás. Y, lo que es peor, volverás a montarte la película e incluso suplicarás. Avísame y te juro que me rindo… Si otra vez vas a quererme… (mi reino por unas migajitas de eso que me dabas). Si vas a quererme… (y te haces pequeñito, minúsculo; quiéreme, por favor…).

El estribillo ya es justo lo que va antes de que tus amigas (las de verdad) se preocupen seriamente o (las que no lo son tanto) empiecen a verte como una compañía poco deseable. Pero es que pocas cosas nos cuestan más que entender cómo alguien que parecía todo se convierte en la nada más absoluta. Y debo reconocer que no soy una excepción, a pesar de que mi parte inteligente entiende que todos tenemos derecho a dejar de querer sin que eso signifique que antes no lo estuviéramos haciendo con toda el alma.

Por último, cuando habla de la tortura de ser amiga de la otra persona… Aquí, el mensaje es muy claro. Y lo sabemos todos, aunque prefiramos fingir que no cuando nos toca de pleno. La tortura que es tenerte como amiga… Admitámoslo, cuando queremos ser amigos de un ex que aún nos importa, solo estamos intentando ganar tiempo. Pero un tiempo que ya ha pasado. Queremos que la otra persona se dé cuenta de que sigue estando bien con nosotros. Y no nos damos cuenta de ya hay demasiada información (cierta o de prejuicio) que juega en nuestra contra.

La frase final es la estocada de la muerte: nadie se parece a ti y, por tanto, nadie va a estar a la altura… Qué injusto, ¿no? Para uno mismo y para cualquiera que gaste un poquito de sí mismo en intentar hacerse un hueco. Una batalla perdida de antemano, ¿no?

Pues ahora imaginaos bailar esta canción pegaditos a la persona en la que pensáis cuando la oís… Muerte y destrucción, no digo más. Si no os da para tanto la imaginación, buscad el vídeo en YouTube.

Buenos y románticos días.

Publicado el 23 de junio de 2022
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