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Como si fueras a morir mañana

“Notas de Lluvia” por Aysha Singing In The Rain.

Y a los buenos días, gentecilla de las redes. No os vayáis, que es un mensaje positivo aunque mencione a la muerte... ¿En vuestra familia también hay alguien que, tras un estertor, os dice <<ay, hija, no hables de muerte>>? Si la respuesta es <<no>>, enhorabuena, os ahorráis poner los ojos en blanco 😀 Vamos con la canción.

 

<<Tú sabes que te va a alcanzar

 

y que, a veces, lo mereces…

Nunca es para tanto,

lo harías otros veinte años más.

 

 

Ya se ha dormido la ciudad

y quedamos los de siempre;

solo un sobresalto,

me recuerda que soy de verdad.

 

 

Salgo de mi propio cuerpo,

hablo de una forma extraña,

 

odio al tipo del espejo

unos siete días por semana.

 

 

Casi ya no veo el puerto,

solo hay una cosa clara:

fuimos demasiado lejos

y ninguno se cubrió la espalda.

 

 

Hoy nadie te va a perdonar,

ni los tuyos, ni los haters.

¿Hueles el impacto?

Bienvenidos a la era digital.

 

 

El juego acaba de arrancar,

ya lo saben los de siempre.

Algo huele a rancio,

te aseguro que nos va a explotar.

 

¡Hazlo!

Como si ya no te jugaras nada;

como si fueras a morir mañana,

aunque lo veas demasiado lejos (oh oh oh).

 

¡Hazlo!

Como si no supieras que se acaba,

como si fueras a morir mañana>>.

 

 

En la primera estrofa, diría que hace alusión al victimismo del que pecamos a veces. Porque, aunque no es verdad que tengamos lo que nos merecemos, sí que, a ratos, nos buscamos un poco las cosas; o, precisamente lo contrario, no movemos ni un dedito por dejarnos encontrar. Y también sabemos que, por más que sepamos, muy probablemente, volveríamos a hacerlo exactamente igual mil veces más.

En la siguiente estrofa no sé si habla de trasnochadores o de trasnochados. Pero es curioso cómo, precisamente a oscuras, es cuando se ven todas las miserias… Y esa, mal que nos pese, es una de las cosas que más humanos nos hace.

El puente (la tercera estrofa en esta ocasión), nos muestra (muy de lejos) el proceso de transformación que todo ser humano pasa una o mil veces en la vida: ese momento en el que te miras como de lejos, bien porque no te reconoces, bien porque no te soportas o c) todas las respuestas son correctas y alguna más que me callo por no tenerla. Y continúa con la siguiente lectura: no sé cómo he llegado aquí, pero que tampoco es mía toda la culpa, ¿eh?

Qué humano es eso… Lo que nos cuesta reconocernos en un error. Y justo cuando ya parece que vamos a hacerlo, nos sale otra vez el ramalazo e intentamos, por todos los medios, salpicar a alguien más. La culpa es mía y te la lanzo cuando quiero. Y tonto el último.

Pero es que, a veces por torpeza y a veces porque ya está bien de vivir de puntillas, en ocasiones, nos arrancamos por peteneras y no veas si desafinamos. Que lo pones en una balanza y dices: la que has liao, pollito. Entonces suceden dos cosas (una, la otra, las dos o por turnos): o te vuelves a la cajita de las fichas y lo ves ya todo desde allí (vihensita, que me quede como estoy) o se te va el melón y ya no te enderezas así te pongan un palito como a esas plantas que parecen cansadas de vivir.

Y da igual la opción que elijas, ¿eh? Porque, impepinablemente, pasa lo que dice a continuación: que nadie está de acuerdo contigo y, mucho menos, te perdona. Pero discrepo en lo de la era digital. ¿Veis? Otra vez más que echamos balones fuera y convertimos una herramienta súper útil en el demonio tras el que esconder nuestras pifias.

La siguiente estrofa me parece sublime (nótese la ironía): critica en cuatro breves versos lo actual y lo antiguo y pone la puntillita de <<esto no hay quien lo arregle ya>>. Pues ya me dirás qué hacemos…

Pero el estribillo (en el que no he podido resistirme a dejar el <<oh oh oh>> que hay que cantar, por supuestísimo, a voz en grito) me encanta; porque, al final, creo que es lo único importante en esta vida: atreverse, hacerlo, vivir. Con más ganas y menos miedo, con más presente y menos pasado y futuro, con más moverse y menos pensar; con fuerza, con chispa, con magia.

Buenos y valientes días.

Publicado el 14 de julio de 2022
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