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Desde que me quedé sin dioses - David Juan de Marcos

Reseña realizada por Begoña Curiel.

La reconstrucción de la vida y huida de Momo desde Siria a Europa convierte los desvelos del autor en una historia paralela aunque los suyos sean una menudencia al lado del angustioso periplo del refugiado. Pero es esta forma de contar lo que hace de este libro un proyecto muy particular ya que siendo novela intercala importantes bloques de información y de flashbacks gracias a las memorias del pasado familiar de Momo.

Esta es la realidad del apátrida buscando su lugar por el destierro tras la revolución siria en la que sufrirá prisión y tortura, para hacer después una primera parada en Dinamarca hasta instalarse en Suecia. Pero Desde que me quedé sin dioses abarca mucho más tiempo cronológico con los mencionados recuerdos familiares en los que rebobina hasta la Nakba, el éxodo del pueblo palestino en 1948 que marcó un antes y un después para miles de “sin tierra” con la creación del Estado de Israel.

Es una terrible cadena de exilios que se graba a fuego en Momo: dolor y traumas conviven con la decepción del famoso sueño europeo incumplido de quienes escapan por necesidad. Chocar con ese inexistente paraíso implica otro camino cuesta arriba donde el refugiado arrastra su estigma por la falta de empatía de los que apuntan con el dedo insultante y cómo no la frialdad de la burocracia. Sonará a tópico, pero conseguir los necesarios papeles, desemboca en numerosos capítulos de deshumanización de rostros y experiencias personales.

Todos, absolutamente todos, los autóctonos también, hemos probado alguna vez el muro creciendo tras una ventanilla donde sólo cuentan datos y cifras. Imaginarse en esa situación a quien llega perdido desde países y culturas diferentes es una opción a la que no todo el mundo está dispuesto. Si no se está por la labor ocurre lo que no hace falta explicar pero no es este el lugar donde hablar de tal cuestión.

David de Juan Marcos y Momo se conocerán en 2018 y desde entonces el autor no puede pensar en otra cosa que en concluir el relato pero el protagonista no está preparado, no quiere ahondar en la herida cuando aparecen preguntas que resucitan el dolor.

Esa especie de persecución literaria será un pilar narrativo de esta novela porque el autor, cargado de sinceridad, irá desvelando al lector cuántas espinas presenta el proceso de la creación en determinadas ocasiones. Me gusta especialmente este aspecto de la novela.

A lo largo de los años me he topado con historias de inmigrantes y refugiados contadas de mil maneras; a veces por escritores que más o menos consiguen transmitir el quinario por el que han tenido que pasar. Pero como decía, es esta forma de contar de David Juan de Marcos lo que me ha cautivado; puede que influya mi querencia y/o curiosidad por los procesos creativos de los autores y en este caso, no es un secreto que la vereda no ha sido fácil.

El lector vivirá los momentos de desánimo del escritor. Es lógico que Momo esquive la conversación, que no se produzcan los diálogos que el autor ansía para poder avanzar en la narración. De ahí que la relación entre escritor y protagonista no sea lineal ni constante. El trabajo de documentación no siempre es compatible con el estado de ánimo o circunstancias a las que se tiene que enfrentar Momo. Se siente la desazón, la inquietud del escritor por continuar con las páginas. ¿Hacia dónde ir? ¿Hay un final claro, cerrado? Sus dudas son también parte del meollo de Desde que me quedé sin dioses; un libro hermoso y difícil de definir, hondo, sensible y honesto.

Antes de terminar quiero destacar la fuerza de la portada. Al primer vistazo pensé que era bonita, original, evocadora. Tras la lectura adquiere más peso. Los brazos de esa niña de la que parecen crecer extensiones, como si fuesen alas –al menos, eso es lo que he visto y sentido– cargan de emotividad y belleza el conjunto con sus pies descalzos pisando una tierra indefinida que ocupa casi la mitad de la portada. Provoca una enorme tristeza.

Desconozco si esto coincide con el objetivo que se marcaron sus creadores. Sólo puedo hablar de mis sensaciones.

Publicado el 26 de julio de 2022
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