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Divorcio imposible (Drama en una sola escena)

“Historias del abuelo Miguel” por Miguel Ángel Pérez Oca.

Se levanta el telón. La escena se ilumina mostrándonos una mesa y, tras ella, un sillón en el que se sienta el JUEZ. Lleva peluca y toga con puños de encaje.

 

JUEZ (mientras lee unos papeles).- Qué tema tan enojoso…

Suenan unos golpes de nudillos en la puerta que se ilumina al fondo.

JUEZ.- ¡Adelante!

Se entreabre la puerta y asoma la cabeza el ABOGADO.

ABOGADO.- ¿Da su permiso, señor Juez?

JUEZ.- Sí, sí, pase, abogado, a ver cómo resolvemos este asunto tan lamentable.

El ABOGADO avanza hasta colocarse ante el JUEZ. Lleva toga y unos legajos en la mano. Se muestra sumiso y obsequioso.

ABOGADO.- No quisiera molestarle, señor Juez, con este desagradable asunto, pero mi representada ha insistido en que debemos tramitar su insólita demanda de divorcio. Ella aduce motivos de ejemplaridad…

JUEZ.- Desde luego este asunto es muy delicado y me temo que de seguir adelante provocará un gran escándalo.

ABOGADO.- Pero reconocerá su Señoría que tal como ella lo argumenta, el divorcio está justificado.

JUEZ.- No sé… Es un caso insólito. Aunque todos resultan insólitos la primera vez…

ABOGADO.- Ya sabe su Señoría que ella justifica su demanda en que el demandado tiene muchas otras esposas como ella, y que eso viola la ley que prohíbe la poligamia.

JUEZ.- Sí, si, no hay duda al respecto. Y también es cierto que el demandado es despótico con sus subordinados, maltratando sin razón incluso a sus propios hijos…

ABOGADO.- Y, evidentemente, eso de practicar la tortura con fuego como castigo,  y a perpetuidad…, va contra los más elementales Derechos Humanos.

JUEZ.- Está claro que si se tratara de un sujeto corriente se le podría condenar por abuso de poder, genocidio, crueldad, negación de auxilios… Porque bajo su autoridad ocurren desgracias que él, con su innegable poder, podría evitar. No comprendo cómo consiente que el hambre y las enfermedades se ceben en sus súbditos.

ABOGADO.- Se dice de él que es muy bondadoso y justo, además de poderoso. Pero me parece a mí que si fuera tan bueno, y dado que no impide tanta desgracia, no sería tan poderoso. Y si realmente es tan poderoso y las consiente, no será tan bueno… Tal como están las cosas, ambas virtudes le resultan incompatibles.

JUEZ.- ¿Bueno y poderoso, dice usted? Vamos, abogado, déjese de especulaciones metafísicas y superfluas. Lo que está claro es que contra tal señor no podemos pronunciar sentencia alguna, ni mucho menos forzarle a aceptar un divorcio… Yo sería el hazmerreír de mis colegas, y usted el hazmerreír de los suyos.

El ABOGADO baja la cabeza y niega lentamente. Los argumentos del JUEZ lo han convencido de la inutilidad de sus gestiones.

JUEZ.- Llame usted a su representada y hágala pasar. Entre los dos la convenceremos de lo absurdo de sus pretensiones.

ABOGADO (mientras se dirige lentamente hacia la puerta).- Sin embargo, ella insiste en que no quiere seguir siendo la esposa de un tirano…

JUEZ.- Es comprensible. Pero en este caso debería haberlo pensado antes de desposarse con él… Si es que el demandado existe realmente.

El ABOGADO abre la puerta y ella avanza hasta el centro de la estancia, con su hábito y su toca de inmaculadas alas blancas. Es una MONJA. Las luces se centran en su figura estilizada, mientras la penumbra se traga al JUEZ y al BOGADO.

Cae el telón.

Publicado el 8 de noviembre de 2022
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