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El mejor momento

“Notas de Lluvia” por Aysha Singing In The Rain.

Y a los buenos días, gentecilla de las redes. Después de una semanita de <<abandono>> y tras estos días de calorcito aún soportable, creo justo y necesario volver a saludaros de muy buen rollo. Así que vamos con este temita del variadísimo Pablo López.

 

<<Hace tiempo que no sueño en grande,

hace tiempo que no importa qué vendrá.

Ya perdí de vista a los gigantes;

ya no pueden asustarme porque

 

hoy me he levantado fuerte,

todos los caminos me trajeron hasta aquí.

 

 

Es el momento de salir y respirar,

es el momento de cantarle a todo lo que ves,

es el momento de saltar para caer de pie.

 

Rompe con la puerta y grita,

fuerte, que se entere el mundo:

¡Este es el mejor momento!

 

Nunca dejaré de agradecerte

cada luz que has encendido en el salón.

Eres patrimonio de mi suerte,

eres risa y eres más que una canción.

 

 

Y es que yo encontré la vida en tus abrazos,

aprendí que lo importante pasa hoy>>.

 

 

Decía lo de variadísimo porque este chico es capaz de abarcar, con sus letras, todo tipo de emociones y, con su música, infinidad de registros. Todo eso maridado con una inmensa maestría tanto al cantar como al tocar el piano. Y encima, monísimo el tío. ¿Uno de esos pa mí no habrá? En fin, que me disperso, analicemos la canción.

En la primera estrofa vemos una clara oda a la madurez primera. Ese momento en el que andamos algunos ya más o menos asentados, tras el mal trago inicial de asumir que ya no somos jóvenes en el sentido más primario de la palabra. Por poneros un ejemplo: cuando mi abuela dice <<una muchacha de mi edad>> y yo le respondo <<abuela, ¿una muchacha de tu edad? Si ni siquiera yo soy una muchacha ya>>. Pues a ese momento me refiero. Ese en el que pasas a ser un adulto a efectos prácticos. Y debo decir que es un momento bonito. Porque, si bien toca aceptar que ya no hablamos de sueños, sino de planes a corto-medio plazo, también todo se reviste de una calma que facilita las cosas. Es el momento en el que no ves la pérdida, sino esa paz que trae el hecho de saber que ya no toca hacer aspavientos ni estar en continua alerta por el futuro, porque el futuro ya ha llegado.

Ojo, no quiero decir con esto que uno no pueda seguir soñando o cambiar de dirección. Pero ya, a estas edades, se hace porque uno realmente quiere, no porque lo tengas aún todo por hacer. De hecho, ahí tenemos el contraste que causa la segunda estrofa, que viene a dar luz verde para caminar con la sabiduría que ya empezamos a atesorar. Como diciendo: calma, pero dale. No es parar, es disfrutar del recorrido.

Así que, me atrevería a decir que es la mejor edad, la del equilibrio, joven aún pero maduro ya. Con un bagaje relevante pero también con bastantes opciones todavía. Saboreando lo sembrado anteriormente pero con posibilidad de otros proyectos.

Y luego, añade otro punto muy de esta edad: los amores sanos. Y los matiza muy bien porque, aunque recalca de nuevo la calma como ingrediente principal, la adereza con un poquito de magia. Y, al fin y al cabo, ¿qué es el amor sino eso? ¿Qué es la vida sino eso?

Yo es que lo veo tan claro… La felicidad, ya sea en categoría individual o doble, no es más que el equilibrio entre la rutina y la inestabilidad. Ya lo decíamos en otra entrega, eso de que el amor es la guerra perdida entre el sexo y la risa. Y en esa otra en la que decíamos que el amor es la intimidad, lo que se crea cuando dejamos de sentir inseguridad y nervios pero mantenemos ese pellizquito y esa chispa. Equilibrio… Una de mis palabras favoritas de todos los tiempos.

Buenos y maduros días.

Publicado el 21 de abril de 2022
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