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El niño que veía pasar el tren

“Eureka” por Miguel Ángel Pérez Oca.

          Christian Doppler era un niño de aspecto enfermizo e inteligente. El médico había aconsejado a sus padres que lo llevasen en verano de vacaciones a alguna comarca alpina de aires frescos y secos, donde sus pulmones pudieran fortalecerse. Y allí, en la pintoresca aldea, lejos de factorías y barrios malsanos, su cuerpo se fortaleció, y también sus ganas de jugar, vivir y aprender.

A media mañana, un tremendo e interminable tren de mercancías solía pasar por la estación del pueblo, sin detenerse, ni siquiera aminorar su marcha, tal como una exhalación de hierro envuelta en humos, chirridos y silbidos penetrantes. Y su aparición fugaz maravillaba al niño, que imaginaba largos viajes a países exóticos. Todos los días, a la misma hora, Christian dejaba sus juegos y marchaba a la estación, para ver pasar el tren y sentir en el rostro el viento que desataba.

          Como siempre, cada vez que pasaba un tren, el viejo jefe de estación, con su arrugado uniforme azul y su gorra cilíndrica y roja de visera charolada, se plantaba a la orilla del andén y levantaba una banderita roja, dando paso al convoy. El niño se le acercó y lo observaba con admiración y curiosidad.

          - ¿Qué, muchacho? ¿Te gustan los trenes? – preguntó el hombre, atusándose el bigote.

          -Sí, señor – le contestó el niño con gesto tímido.

- ¿Quieres preguntarme algo?

-Sí… ¿Por qué el tren hace “pííí” cuando viene y “pooo” cuando se va?

          Y el viejo ferroviario meneó la cabeza e hizo una mueca de admiración.

          -Vaya, tú también te has dado cuenta, ¿eh?  Eres un chico muy observador. Pero el hecho de que el silbato del tren suena más agudo cuando se acerca que cuando se aleja es un misterio que nadie me ha sabido explicar.

          Christian se hizo mayor y estudió Física en Viena y Salzburgo, y en 1842, a los 39 años, publicó un libro donde se resolvía el misterio que al fin había podido desentrañar por sí mismo, y que tenía la siguiente explicación: Cuando un cuerpo se desplaza rápidamente, emitiendo un sonido constante, las ondas sonoras se comprimen por delante y se separan por detrás, de forma que percibimos ese sonido más agudo cuando se nos acerca y más grave cuando se aleja. A este fenómeno se le conoce como Efecto Doppler.

          Años más tarde, el físico francés Fizeau descubrió que este efecto se produce también en la luz, de manera que una estrella que se acerca a la Tierra, por muy lejana que esté, se verá más azul, mientras que otra que se aleja, se verá más roja.

          En los primeros años del siglo XX, el astrónomo americano Hubble, observando lejanas galaxias, comprobó, mediante el Efecto Doppler de la luz, que todas ellas se alejan de nosotros debido a que el Universo está en expansión desde que surgió de una gran explosión, llamada Big Bang, ocurrida hace más de trece mil millones de años.

          Y así, un niño curioso que veía pasar el tren nos enseñó cómo es el Universo.

Publicado el 9 de febrero de 2022
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