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El pañuelo del naturalista

“Eureka” por Miguel Ángel Pérez Oca.

          El capitán FitzRoy del HMS Beagle era un hombre muy creyente. En su camarote podríamos haber encontrado instrumentos de navegación, mapas, pero un solo libro: la Biblia. Impaciente, paseaba por cubierta hecho un manojo de nervios.

          -Vamos a perder la marea y no podremos zarpar hasta dentro de 12 horas si Charly no regresa de una vez de esa maldita isla.

          Afortunadamente, una chalupa surgió por entre los arrecifes y se dirigió al navío de Su Majestad, mientras, a la orden del capitán, comenzaban a oírse las voces de mando a los gavieros, a los servidores del cabestrante que hacían girar para recuperar el ancla, y a los timoneles.

          -Gracias a Dios, ya está aquí nuestro naturalista. Seguro que viene mareado y con unos cuantos bichos para su colección – murmuró FitzRoy, mientras un joven demudado por el mareo era ayudado por los marinos a subir al barco varias jaulas.

          -Perdone, capitán – decía, conteniendo a duras penas las náuseas -, me he entretenido capturando este pájaro maravilloso.

          -¿Maravilloso? – preguntó el capitán con cierto aire de burla – Pero si es un pinzón, un vulgar y triste pinzón. Y ya tiene usted más de 10 jaulas llenas de esos malditos bichos…

          -Pero, señor, cada uno procede de una isla distinta y ellos también son diferentes. ¿Ha visto la forma y tamaño de sus picos? ¿Y sabe por qué son distintos? Porque sus alimentos también lo son. Éste, por ejemplo se alimenta de esto.

          Y sacando de un bolsillo un pañuelo verde, lo extendió ante el capitán, mostrando unas cuantas flores de cactus.

          -¿Y qué? - preguntó el jefe.

          -Pues que cada raza de estos pájaros tiene el pico adaptado a su alimento habitual. Éste liba el néctar de las flores de cactus. Pero abajo tengo otros que comen semillas, insectos y hasta chupan sangre de aves marinas. Y cada uno tiene el pico más adecuado a su alimento.

          -¿Y qué?- repitió el capitán -. A cada cual la Providencia Divina ha dado la mejor herramienta para alimentarse.

          Pero el joven naturalista negaba lentamente con la cabeza.

          -No, señor. Todos estos pájaros descienden de un mismo grupo primitivo, llegado hace muchos años del continente. Pero la Naturaleza seleccionó a sus descendientes según los alimentos que encontraron en las distintas islas.

          -¿Cómo es eso?

          -Pues imagine usted que una pareja tiene varias crías. Una de ellas será la que, por ejemplo, tenga el pico más grande y fuerte para partir semillas. Se alimentará mejor que sus hermanos y se reproducirá más; y sus crías heredarán esta característica, prevaleciendo entre ellas las mejor dotadas. Es lo que se llama Selección Natural… Así han ido surgiendo todas las especies animales durante millones de años; incluidos nosotros que, seguramente, venimos del mono.

          FizRoy enrojeció de ira.

          -Jovencito, no consiento que, en mi presencia, proclame usted esa clase de opiniones sacrílegas. ¡El hombre fue creado por Dios!

          Y el joven naturalista Charles Darwin aprendió ese día algo muy importante: Reservaría sus conclusiones para la gente culta de la Universidad.

Publicado el 19 de enero de 2022
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