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El profeta submarino

“Eureka” por Miguel Ángel Pérez Oca.

            Estamos en Alicante en mayo de 1861, a la orilla de un mar verdeazulado y quieto que más se diría caribeño que mediterráneo. En el muelle de levante del puerto alicantino hace calor y el sol castiga las levitas y chisteras de los presentes. Hay allí reunidos dos ministros, funcionarios y un grupo de marinos militares, todos sofocados por el bochorno.

-Esta es la segunda vez que vengo aquí a ver las pruebas de un dichoso barco submarino, promovido por un inventor loco. ¡Con el calor que hace en este maldito Alicante! - murmura un hombre gordo con levita, chistera y una gruesa cadena de oro del reloj de bolsillo sobre su chaleco sudado.

A su lado, un obsequioso y escuchimizado secretario, también con levita, aunque más modesta, intenta consolar a su jefe.

-Enseguida habremos acabado, señor Ministro, y nos podremos ir a la Comandancia donde nos han preparado un estupendo arroz a banda.

-Por ese arroz – le contesta el político –es por lo único que vale la pena venir a este tórrido pueblo. Porque el invento de ese catalán, Narciso... bueno él dice que se llama Narcis, Narcís Monturiol… ¿Para qué puede servir un trasto que navega como si hubiera naufragado, y con una velocidad tan corta? Claro, con una hélice movida a mano por una docena de pobres desgraciados…

-¡Mire, mire, señor Ministro! Ya se hunde.

En efecto, el raro artilugio de madera con forma de pez, ha desaparecido de la superficie.

-Sí, y ahora nos tendrán varias horas esperando para demostrarnos que puede estar sumergido todo el tiempo que ese catalán quiera… Y nosotros aquí, ¡con este calor!

-Bueno, el señor Monturiol ha dicho que está perfeccionando un motor a vapor anaeróbico para ponerlo en el segundo prototipo que está planeando construir. Así conseguirá mayor velocidad y menos tripulación.

-Claro, o se asfixiarán todos con los vapores de ese motor “anaerófilo”. Ese tío está loco, como todos los inventores chalados que nos hacen venir a Alicante a sudar.

- Bueno, señor Ministro, y a comer buenas paellas.

-En cuanto ese idiota salga a la superficie se adelantará usted a la Comandancia para que vayan preparando el arroz y me faciliten un cuarto de baño donde asearme, que estoy pasado de sudor.

El invento de Monturiol no prosperó, aunque construyó un Ictíneo II provisto de motor a vapor anaeróbico que demostró su perfecto funcionamiento. Monturiol acabó arruinado.

Solo ocho años después, el escritor francés Jules Verne “profetizó” el sumergible en su novela “Veinte mil leguas de viaje submarino” y fue considerado por todos como un visionario.

Y en 1888 el marino español Isaac Peral construyó el primer submarino moderno, dotado de periscopio, tubo lanzatorpedos y motores eléctricos, que también fue desestimado por nuestras autoridades que, por lo visto, no habían leído a Verne. Y además, promovieron una campaña de calumnias contra él que le amargó del todo la vida.

Y es que nadie es profeta en su tierra, sobre todo si su tierra es España.

Publicado el 17 de mayo de 2022
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One comment on “El profeta submarino”

  1. Hace poco más de tres semanas estuve viendo el prototipo de Monturiol que se ve en la foto, (copia) que se exhibe en les Drasanes de Barcelona, cerca del gigantesco monstruo sobre el que un imberbe muchacho, sin ninguna experiencia marina ni militar pero bien rodeado de carne de cañón de varias potencias, venció al turco en Lepanto. Era una galera que, según se deduce y puede leerse allí mismo, era detectable a kilómetros de distancia por la peste que producían los centenares de remeros, forzados en su mayoría, que remaban para gloria del militroncho de turno. Disponían de menos de 40 cm de zona vital por remero. Uno de los trabajos a efectuar por el personal de dicho barco era el de "perfumista". No fuera que el bastardo real y jefe de la flota "aliada" se mareara. Es evidente que la fuerza bruta es más llamativa que la inteligencia. Ni que decir que tanto Monturiol como Peral pretendían poner sus "artilugios" al servicio de las "grandes Glorias militares" españolas del momento. Pero hemos de tener en cuenta que los sumergibles de nuestros personajes surgían de la inteligencia y eso casa muy mal con la fuerza bruta que siempre ha predominado en la clase dirigente española.
    Eusebio Pérez Oca

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