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El viajero

“Notas de Lluvia” por Aysha Singing In The Rain.

Y a los buenos días, gentecilla de las redes. Me disculpo de nuevo por haberme ausentado un par de semanas pero necesitaba hacer unos reajustes antes de continuar. Hoy vuelvo a volver con una canción que me encanta, compuesta por Jesús Bienvenido e interpretada por mi paisana Pasión Vega.

 

<<Vio su barco encallar en tantos puertos,
que, en su mirada, hallé los siete mares;
anduvo y desandó tantos lugares,
que quise andar las sendas de sus besos.

Yo me rendí a la sombra del viajero
como al árbol se rinde el caminante;
me enrole a su colchón de tripulante
y zarpé, de su mano, rumbo al cielo.

Y, en una habitación, sin una dirección,
recorriendo la piel, de sur a norte viajamos sin rumbo;
la luna en la ventana, como un polizón,
vio a dos viajeros dar la vuelta al mundo.

Una caricia me llevó a La Habana;
y, de cuba a Estambul, fui sin visado;
en Lisboa me vi cantando un fado
que sonó desde Córcega a Triana.

A Venecia llegué con sus pasiones;
en París, nos llovió la vida entera;
y, en La Plata, sacó de su chistera
un tango de la Plaza de las Flores.

Y aquella habitación no tuvo dimensión;
de oriente hasta occidente, fuimos recorriendo mil paisajes;
la luna atada al cielo, como un polizón,
vio nuestros cuerpos libres de equipaje.

Yo quise despertar junto al viajero
y, al ver mi almohada, ahogué toda esperanza;
un trotamundos sigue sus andanzas
y, cada día, parte a un pueblo nuevo.

Desde entonces, lo espero en mi ventana
y aún viajo, cada noche, en mi recuerdo;
y, aunque sé que es mentira,
fuerzo el sueño de verlo aparecer una mañana.

Y aquella habitación que al mundo nos lanzó
hoy es un asfixiante mar de dudas por el que navego;
la luna, fiel vigía, como un polizón,
ve como cada noche yo lo espero>>.

 

 

Creo que hoy, en lugar de analizar estrofa a estrofa, voy a estudiar esta canción en su conjunto; porque cada una de sus partes contribuye a un todo indivisible en este caso. Primero, hablaremos del estilo, de la preciosa metáfora que supone esta letra; plagada, además, de otras muchas en su interior, cual muñeca rusa. No sé a vosotros, pero a mí me deja en la boca y en el corazón ese regustillo, dulce en su justa medida, de la comparsa.

Por más escuchada y cantada que la tengo, no deja de emocionarme esa forma de expresar, a través de un viaje infinito alrededor del mundo, un amor de talla semejante; uno de esos en los que sabes que es justo lo que hace que ames a ese ser tan increíble, precisamente, lo mismo que acabará separándote de él. Y cabe destacar también la valentía de, aun sabiéndolo de antemano, vivirlo sin frenos; como solo saben hacer las personas que tienen magia, que son magia.

Del mismo modo, a pesar de contar con ese adiós mucho antes de empezar, al final, deja la puerta abierta a un reencuentro. Porque, con este tipo de personas, nunca se sabe; y, pese a todo o, tal vez, por las mismas razones, una nunca quiere perderse algo así, cueste lo que cueste. Como os digo siempre, no confundir un amor mágico con un amor tóxico, no tienen nada que ver excepto el enganche y la inestabilidad; pero, en el caso del primero, merece la pena y te hace crecer, no te consume.

Así que, con esto, le mando un montón de besos pequeñitos de esos que nos gustan a los dos a mi viajero, para que tenga suficientes hasta que regrese. Y nos deseo una mágica semana a todos: a vosotros, a él y a mí.

Buenos y preciosos días.

Publicado el 17 de octubre de 2022
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