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Entre los muertos - Mikel Santiago

Reseña realizada por Begoña Curiel.

Mikel Santiago va a lo suyo y da en el clavo: adrenalina y enredo para salivar. Me bebí Entre los muertos en dos días. Fue una de mis lecturas más absorbentes del verano; un rato maravilloso de intriga sin filigranas narrativas pero con buenas ideas.

Pareja sufre accidente de tráfico. Sin fallecidos. Horas después, uno de ellos está muerto pero no porque tuviese heridas de gravedad. Es el hombre de la pareja de amantes que nadie debe saber que lo son. Ella, es Nerea Urruti, agente de la Ertzaintza. Había abandonado el coche siniestrado dejando a su compañero vivo porque su relación debe seguir siendo un secreto. Pero al día siguiente... no lo está. Comienza la diversión.

Habrá una investigación en la oficina pero ella no puede abrir la boca y tendrá que jugar a dos bandos. ¿Y cómo se hace eso? Lógicamente, llevándolo mal y este quinario discurrirá por las páginas de Entre los muertos con su voz en primera persona.

Por supuesto la cosa debe complicarse. Hay que ponerle misterio y subir el ritmo. El escritor dosifica los datos, no puede contar demasiado al lector, pero el pasado se cruza en la investigación para formar “pelota” y que el lector se pierda entre personajes como “El cuervo”, casas aisladas junto a oleajes poco amables, silencios comprometidos y obligados y sorpresitas en medio de giros que aportan alegría a la narración.

Poco se puede desvelar de la madeja porque el trabajo del autor quedaría destrozado. Sólo puedo decirles que esta novela sí es de las que enganchan; ese verbo manoseado que ya suena hueco por repetido en las maniobras del marketing editorial.

 

LA TERCERA DE LA TRILOGÍA

Entre los muertos es la última novela de la trilogía de Illumbe, el pueblo ficticio de la comarca de Urdabai donde ambienta sus tramas entre lluvia y niebla del paisaje vasco que da de sobra para escenarios literarios. En los tensos, es ideal por supuesto.

No he leído las dos anteriores novelas. Afortunadamente no era necesario. Es lo bueno que tiene “dejar y retomar” a un autor según te apetece porque sabes que vas a encontrar el producto que te pide el cuerpo. Puede ser que este verano me estuviera “pidiendo” chute de entretenimiento con viejos conocidos que me habían funcionado antes. Y puede que no sea casualidad que la reseña anterior a esta fuese de una novela de María Oruña.

Mikel Santiago llamó mi atención en 2016 con El mal camino. Recuerdo el impacto del arranque; otra buena idea de las suyas. Concedió una entrevista a ELD y después reseñamos El extraño caso de Tom Harvey y La isla de las voces, de estilo y ritmo similares.

Superar a El mal camino (es el encanto que tienen las primeras veces) era complicado pero Mikel Santiago confirmaba que posee una voz narrativa reconocible. Guste más o menos su oferta, es importantísimo ostentar ese título, el que te diferencia de otros en un mercado literario donde todo se confunde y algunos se sienten capaces de escribir thrillers y/o tramas policiales que al final se convierten en batiburrillos sin consistencia que tratan de emular sin éxito a las plumas potentes del género.

Ojo, porque el peligro de ser bueno en el terreno es que debes superarte en la próxima. Y a medida que subes el listón, como mínimo debes mantenerlo. Una tarea nada fácil.

Publicado el 25 de septiembre de 2022
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