
“Bibliotecas del Mundo” por Mariángeles Salas.
Tomboctú está en Malí, al sur del desierto del Sahara, en la llamada curva del río Níger, a siete kilómetros de éste, sus coordenadas son 16°46′8″Norte, 3°0′26″ Oeste. Es una ciudad muy antigua, nacida al socaire del comercio de la sal, que según las leyendas, en Tomboctú se cambiaba por oro.
La historia de esta ciudad es azarosa y tiene una edad de oro en el siglo XIV, con el emperador del llamado Reino de los Negros, Mansa Musa o Kanku Musa. En esa época un exiliado granadino, Abu Isaq Es Saheli, que inicialmente fue conocido como poeta, dirigió la construcción de la mezquita de Djingarebeir y de otros edificios civiles y religiosos, construidos enteramente de barro, cuyas fachadas se encuentran jalonadas por innumerables estacas de madera. Al parecer otros muchos viajeros de Al-Andalus sembraron su nostalgia en esas tierras, tal como nos muestra la obra Andalucía en África subsahariana: bibliotecas y manuscritos andalusíes en Tombuctú.
Conquistada por el imperio Songhay, durante los siglos XV y XVI, Tomboctú fue un centro que irradió cultura y religiosidad y sus madrasas o escuelas islámicas fueron el germen de la actual universidad de Sankore.
El mayor patrimonio de la capital del desierto, situada a novecientos kilómetros al norte de la capital Bamako, reside en la Biblioteca Ahmed Baba y en otro par de centros privados de conservación de manuscritos que gestionan familias de larga estirpe. Creado en 1970 por Naciones Unidas, el Instituto Ahmed Baba concentra el esfuerzo internacional para que la memoria impresa de la presencia islámica en África no se disuelva en la arena. Pero, vistas las condiciones en las que se almacena el legado, el visitante termina por ceder a la tentación pesimista. Aquí no abundan medios de conservación, pero sobran el polvo, el calor infame de los días y el frío, seco y afilado, de las noches de invierno.
La legendaria ciudad de Tombuctú, en Mali, es un centro de gran aprendizaje. La zona está habitada desde el siglo XII, cuando importantes rutas comerciales de caravanas atravesaban el Sahara y el norte de África. Con la conquista de la ciudad por parte del Imperio de Mali en el siglo XIV, tuvo lugar una Edad de Oro del intelectualismo islámico temprano. Los miles de textos producidos durante y después de este periodo comprenden los renombrados manuscritos de Tombuctú. Cuando las colecciones estuvieron en peligro en el verano del 2012, un bibliotecario llamado Abdel Kader Haidara puso manos a la obra para salvar el legado literario de la ciudad.
El padre de Abdel dirigía una escuela islámica en el barrio más antiguo de Tombuctú. Así que su hijo creció alrededor de estos manuscritos. Cuando tenía 17 años, su padre murió, y aunque tenía una docena de hermanos, en el testamento, su padre lo convirtió en el heredero de la colección de libros de la familia, que en esa época era de miles. Su padre apreciaba el interés y la capacidad de estudio de Abdel Kader. También hablaba árabe con fluidez, lo que era esencial si se iba a encargar de estos manuscritos, ya que casi todos estaban escritos en árabe.
Se cree que podría haber hasta 700.000 manuscritos en Tombuctú. Estos preciosos textos incluyen ediciones muy antiguas del Corán y escritos sobre temas como la astronomía y las matemáticas. Por siglos, fueron propiedad de familias que los pasaron de generación en generación.
Entre los bibliotecarios con una larga historia familiar en la protección de libros se encuentra el mencionado Abdel Kader Haidara. Su rica colección privada se encontraba en la Biblioteca Conmemorativa Mamma Haidara.
En 2012, la invasión del norte de Mali por parte del grupo fundamentalista Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) provocó una amenaza sin precedentes para la ciudad, incluyendo los preciosos manuscritos. A pesar del origen islámico de muchos de los libros, el grupo fundamentalista (como otros grupos extremistas como los talibanes) era conocido por destruir artefactos históricos que contradecían sus estrictos puntos de vista. Poco después de la conquista de la ciudad, Abdel Kader y su sobrino, Touré, armaron un plan en respuesta a su creciente temor por las colecciones.
Así salieron a buscar baúles de metal, y compraron todos los que pudieron. Estos baúles estaban llenos de miles de libros de colecciones privadas y bibliotecas de la ciudad. Voluntarios de confianza trabajaron en secreto, y a menudo en la oscuridad, para empacar volumen tras volumen. Estos baúles llenos de materiales preciosos y delicados fueron entregados a los propietarios de viviendas que simpatizaban con ellos para que los escondieran. Finalmente, el propio Abdel tuvo que dejar Tombuctú para ir a la ciudad de Bamako. Desde ahí, buscó la ayuda financiera de las ONG y convenció a la UNESCO de que permaneciera en silencio, preocupado de que sus declaraciones sobre los peligros para los manuscritos pudieran poner a los libros en un peligro aún mayor.
En un esfuerzo comunitario masivo, los baúles llenos de libros fueron sacados de la ciudad durante los meses siguientes. Baúl tras baúl fue conducido a Bamako. Quienes transportaban los libros a menudo se enfrentaban a puestos de control llenos de soldados e incluso eran detenidos. A pesar de estas amenazas, para principios de 2013, 350.000 volúmenes habían sido reubicados de forma segura fuera de Tombuctú. Abdel Kader y los otros cuidadores de libros habían salvado cientos de años de historia islámica y africana gracias a sus esfuerzos.
Amenazados por el acercamiento de las fuerzas francesas, los militantes de AQMI quemaron 4.200 manuscritos que quedaban en la biblioteca del Instituto Ahmed Baba antes de ser expulsados de la ciudad. Afortunadamente, los volúmenes trasladados a Bamako sobrevivieron para ser devueltos a la ciudad liberada en una fecha posterior. Hoy, gracias a los heroicos esfuerzos de de este bibliotecario y de su comunidad, Tombuctú conserva una de las colecciones de manuscritos más reconocidas del mundo. Los esfuerzos continuos para preservar, catalogar y digitalizar las colecciones garantizan que estas preciosas obras sigan siendo disfrutadas por las generaciones futuras. Los manuscritos conservan la historia de África, el origen del Islam y las redes comerciales del norte de África y del Sahara.
Gracias a Abdel Kader Haidara y los ciudadanos de Tombuctú, los manuscritos se conservan para las generaciones futuras.
Fuentes:
https://mymodernmet.com/es/abdel-kader-haidara-
https://ecoscotidianos.wordpress.com tombuctu-la-biblioteca
https://universoabierto.orgel-bibliotecario-que-salvo-los-tesoros -de-tombuctu