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La mujer desnuda - Elena Stancanelli

Título: La mujer desnuda

Autor: Elena Stancanelli

Editorial: Anagrama

Editada: 2018

ISBN: 978-84-339-8021-2

N de página: 148

Temática: Novela

Traducción: Pilar González Rodríguez

Reseña realizada por Tati Jurado.

La mujer desnuda es una novela en la que convergen la actualidad y lo atemporal. Por un lado, Elena Stancanelli presenta una obra en la que las redes sociales y la tecnología de última generación juegan un rol importante. Un factor que sin duda facilita en el lector una identificación casi instantánea e inevitable. El escenario es el ahora: próximo y comprobable. Por otro lado, la escritora italiana visibiliza, con una destreza que tiene algo de lúdica, la fragilidad inclaudicable que nos describe y define. Una fragilidad que consiente actitudes, situaciones, que aflora emociones encontradas y que alumbra la dualidad inherente, dos estados enfrentados que sujetan las puntas de un hilo invisible sobre el que se hacen malabares en busca del equilibrio, tantas veces escurridizo, y también endeble. Ciento cuarenta y ocho páginas que demuestran que el escenario cambia, uno que sin duda afecta y condiciona, pero sobre todo páginas en las que la corporeidad es una manifestación de la vida y la muerte tanto de lo tangible como de lo incorpóreo.

Anna, una mujer que transita su cuarta década de existencia, descubre de la forma más trivial que su pareja le es infiel de forma sistemática, sin miramientos ni culpas. Una llamada sin colgar le permite escuchar, de la propia boca de Davide, sus pasatiempos sexuales con otras personas. Pero no son esos encuentros los que la inquietan. Ella tampoco es una devota de la fidelidad y su relación no pasa por su mejor momento. Lo que la alerta es la sustitución de lo ocasional por la frecuencia, la repetición, con una mujer más joven que ella a la que bautiza con el nombre de Perro. Dominada por la desconfianza, los celos y, en definitiva, la inseguridad, decide averiguar quién es la elegida por Davide, con tanto ahínco que se convierte en una obsesión. Una que revela que la mezquindad, más que a Davide, es la fusta con la que se castiga a ella misma.

Narrada casi que a modo epistolar, la protagonista le cuenta a una amiga todos los tejemanejes para espiar a Davide. La curiosidad como tentación es tal vez la primera justificación. La misma que podría dar amparo a la facilidad que brindan las redes para fisgonear, espiar: filtrarse en el espacio virtual del otro está al alcance de la mano. ¿Hubiera actuado igual la protagonista veinte años atrás? La tecnología le ofrece a Anna la invisibilidad necesaria para que la toxicidad se recree a sus anchas: activa un localizador para saber dónde está en cada momento, rastrea los mensajes y encuentra fotos obscenas de Perro. Pero la toxicidad no nace en las redes, estas la revelan.

La mujer desnuda presenta una historia que engancha, proyecta la travesía de ese espacio que está atestado de recovecos en los que se ocultan las emociones menos confesables, una travesía que se dilata de más cuando de lo que se trata es de alcanzar la propia aceptación.

Publicado el 14 de julio de 2022
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