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La puerta violeta y El patio

“Notas de Lluvia” por Aysha Singing In The Rain.

Y a los buenos días, gentecilla de las redes. Hoy, por ser entrada redondita, número cuarenta, os traigo dos canciones: La puerta violeta, de Rozalén; y El patio, de Pablo López. Y las traigo juntitas porque, a mi entender, groso modo, muestran una misma herida.

 

<<Una niña triste en el espejo

me mira prudente y no quiere hablar.
Hay un monstruo gris en la cocina
que lo rompe todo,
que no para de gritar.

 

Tengo una mano en el cuello
que, con sutileza, me impide respirar.
Una venda me tapa los ojos,
puede oler el miedo y se acerca.

 

Tengo un nudo en las cuerdas

que ensucia mi voz al cantar;
tengo una culpa que me aprieta,
se posa en mis hombros y me cuesta andar.

 

Una flor que se marchita,
un árbol que no crece porque no es su lugar,
un castigo que se me impone,
un verso que me tacha y me anula.

Tengo todo el cuerpo encadenado,
las manos agrietadas,
mil arrugas en la piel.
Las fantasmas hablan en la nuca,
se reabre la herida y me sangra.

 

Hay un jilguero en mi garganta

que vuela con fuerza.
Tengo la necesidad

de girar la llave y no mirar atrás.

 

Así que dibujé

una puerta violeta en la pared;
y, al entrar, me liberé
como se despliega la vela de un barco.
Desperté en un prado verde

muy lejos de aquí.
Corrí, grité, reí.
Sé lo que no quiero,
ahora estoy a salvo>>.

 

<<Fuera, vete de mi casa, tú no eres mi amiga.
Que yo sigo jugando, ¿qué más da?
Sigo jugando solo.
Me aburro, el patio está vacío, suenan las sirenas.
Y yo sigo jugando, ¿qué más da?
Sigo jugando y siempre me castigas…

 

Solo quiero que te vayas, solo quiero que se acabe,
solo quiero que me dejes solo.

 

Fuera, vete de mi casa, suéltame las manos.
No soy más que un niño con los pies descalzos.

Nada, ya no queda nada, solo tu delirio;
tu ruido insoportable en el salón,
No queda nada más que tu fantasma>>.

 

Si os fijáis, ambas hablan de fantasmas; y eso es precisamente lo que me atrae tanto de ellas, las secuelas que quedan después de un daño. El problema no es tanto la herida como la cicatriz. Hagamos un breve resumen de la evolución de cada uno de los dos temas.

En el de Rozalén, por un lado, tenemos una niña que pide ayuda con la mirada pero no quiere hablar (aunque más bien supongo que es porque no puede) y, por otro, un monstruo gris que lo rompe todo. Atentos: que lo rompe todo. Para mí no es literal, no creo que hable de algo físico; aunque, probablemente también, pero no creo que sea eso lo que le preocupa en realidad. Gritos, golpes… dolor y miedo. Eso es la mano sutil en el cuello y la venda en los ojos, el miedo y el dolor que le impiden estar bien y también salir de la situación. El nudo y la culpa le niegan la posibilidad de ser feliz aunque no hay nada que intente con más fuerza. La flor marchita, el árbol fuera de lugar, el castigo, el verso anulado… Esa persona arrastra esa penitencia durante demasiado tiempo. Tanto, que afectará irremediablemente a su vida adulta. De hecho, no tengo claro si todo el tiempo habla desde la adulta en reconciliación con su niña interior o si va recorriendo su vida entera. Pero, al llegar al punto del fantasma y la herida reabierta y sangrante, me hace pensar en la mujer ya adulta que necesita acabar con todo eso de una vez por todas para vivir la vida que realmente nadie debió arrebatarle jamás. Entonces, al fin, con más esfuerzo del que nadie que no lo haya vivido pueda llegar a imaginar, el pájaro consigue sacarlo todo, ella da un portazo, crea una puerta bonita por la que salir y cierra para siempre saboreando su libertad, sabiendo adónde no tiene que acercarse nunca más. A salvo…

Debo decir que, hablemos de maltrato físico o psicológico, nunca hay un cambio definitivo. Las cicatrices siempre tiran, en mayor o menor medida, pero son permanentes. Con lo cual, siempre es mejor no hacer daño. Ya está bien de hacernos fuertes a base de dolor. Seamos buenos padres, enseñando con amor, protegiendo sin limitar, siendo un buen ejemplo para dar al mundo niños felices que se conviertan en buenas personas. Hay muchas formas de marcar y no todas son con las manos. Hagámoslo bien.

Pablo López es más escueto en su letra pero igualmente impactante. Su niño parece que se defiende un poco más que la niña de Rozalén, pero se encierra igualmente y disfraza su sufrimiento de una indiferencia que es seguro que no siente. Este nene ha entrado en la apatía de que, haga lo que haga, siempre va a ser castigado. Porque hay padres que son así, que nunca están contentos con nada de lo que hagas, que siempre tienen una crítica a mano; y lo que es peor, con la cantinela de que lo hacen por tu bien. Nada que duela es por un bien, excepto una vacuna o una intervención quirúrgica. La disciplina y los valores se pueden inculcar con cariño y, sobre todo, se deben enseñar con respeto. La autoestima de un niño es muy frágil y, si se rompe, se convierte en una inseguridad que estropea toda tu vida de adulto. En un momento dado, el niño de la canción de Pablo solo quiere quedarse solo y apela a que solo es un niño. No sé a vosotros pero a mí se me rompe el alma. Y mira que no es que a mí me encanten los niños, supongo que porque yo nunca fui realmente una y no sé relacionarme con ellos. Pero los respeto profundamente, porque se me encoge el corazón al pensar en que carguen esa cruz durante toda la vida. Porque ellos no tienen aún la culpa de nada. Cuando dice que solo queda su fantasma, para mí es como una patada en el estómago, pero desde dentro. Solo… ¿Cómo de mal ha tenido que pasarlo alguien para que un trauma de por vida no le parezca ya para tanto?

No me gusta venir tan triste pero es necesario recapacitar sobre esto; porque luego vienen canciones como las anteriores, en las que uno consigue salir pero, dos cosas: la primera, que es un esfuerzo inhumano el que nos hace emerger; la segunda, que algo que estuvo roto nunca jamás quedará como antes, los trozos no pueden encajar igual. ¿Habéis oído aquello de que cuando te rompes en mil pedazos, al agacharte a recogerlos, siempre encuentras solo novecientos noventa y nueve? Pues ya estaría…

Buenos y concientizadores (espero) días.

Publicado el 6 de noviembre de 2022
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