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La traductora - Gil Romero-Irisarri

Reseña realizada por Begoña Curiel.

¿Cómo he llegado yo aquí sin verlo ni olerlo? Los autores han creado un personaje que se pregunta esto a cada página, según se acerca el momento en el que Elsa Braumann viaja en el tren que lleva a Franco a Hendaya para entrevistarse con Hitler en 1940. Con los toques y retoques de ficción de Gil Romero e Irisarri tensarán la cuerda hasta alcanzar el cénit con los ocho minutos de retraso que sufrirá el trayecto. Estupendos “malos ratos” para que el lector pase uno bueno.

  El final es lo mejor; donde la novela es “más Gil Romero-Irisarri” aunque la buena ambientación también les delata. Todo el esfuerzo literario se destina a los ocho minutos del desenlace. Puede que se haga esperar demasiado aunque han trabajado bien los previos.

  Elsa será la traductora del encuentro. Nos la presentan como una mujer normal aunque su oficio, o con lo que intenta no morir de hambre en el Madrid de la época, no sea precisamente del montón. Además debe cuidar de su hermana y mucho más desde que a Elsa le proponen-imponen la tarea que desbaratará su vida.

  La sinopsis para mi gusto adelanta demasiado pero ayuda a la reseña: puedo contar que Elsa se verá envuelta en una operación de contraespionaje antes de poner un pie en la locomotora. Tendrá sólo tres minutos para robar ciertos documentos a Franco a bordo del tren. En los papelitos puede estar el futuro de la participación o no de España en la II Guerra Mundial. Menudo viajecito para una persona normal, ¿eh?

  Ni un carro de tilas calmaría el pulso de la traductora; cuando empieza el esperado viaje ya no puede tener más problemas. O eso cree ella: sus creadores le tienen reservado su toquecito de los minutos de retraso. Todo preparado para que el lector “viaje con ellos si quiere gozar y disfruten” que cantaría Gurruchaga con la Orquesta Mondragón (si son de mi quinta o se acercan recordarán el estribillo).

  Repito: es lo mejor. Qué ritmo tan estupendo, cómo te ponen en acción, que bien saben contarte la película. Es su sello personal, marca de la casa de estos novelistas que no pueden dejar de ser guionistas de cine. Por eso me engancharon –ya lo he comentado en otras reseñas y de ello hablamos cuando les entrevistó ELD– desde su Caen estrellas fugaces.

  Sé que nada tiene que ver una novela con otra pero Caen me dejó en shock aunque la vena fantástica no sea lo mío. La traductora está bien, sí, ritmo y escritura son estupendos para zampártela en nada, pero hay cositas que no me convencen. Soy de las que necesito... creérmelo si el fondo histórico es real.

  Cuando leo, mi inconsciente pregunta, cotillea, critica..., así a lo loco. No siempre atiendo a sus requerimientos, sobre todo si la novela me engancha y les aseguro que me tragué La traductora. ¡Quería saber YA lo que pasaría dentro del maldito tren!

  Pero cuando el preguntón/cotilla/criticón deja de parlotear llega el momento de la reflexión, de un análisis más profundo para dedicarme a la reseña. Y en esta ocasión, aunque me ha gustado  La traductora, persisten en este momento-reseña algunas de las preguntas y comentarios que se presentaron durante la lectura.

  Y entre esas preguntas, la que se repetía de forma recurrente: ¿una misión de altos vuelos introduciría a una desconocida –por mucho que la investigaran previamente– que no garantice absoluta confidencialidad? No me cuadra.

  Otra cuestión que tampoco me ha convencido es el ingrediente amoroso. No por amoroso, sino por demasiado almibarado. Ya sé que la cuña no es en vano. Ayuda a complicar un poco más el panorama que se le presenta a Elsa y viene de perlas para la trama pero en mi opinión se excede en azúcar.

  Y otro detalle que no es la primera vez que comento sobre una portada. Una persona de espaldas. Y mira que la portada de La traductora, colorido y fondo son preciosos. Pero últimamente, detecto un uso excesivo de esta “posición”.

  Espero que sus autores no se queden en esta reseña con las pegas porque unas obras gustan más que otras. Sin más. No tira por tierra para nada todo lo bueno que estoy viendo hasta el momento de Gil Romero e Irisarri y les seguiré leyendo. Por eso mi conclusión: les recomiendo La traductora.

  Y si tienen suerte como yo, mejor. Porque empecé a leerla en un viaje en tren...

Publicado el 17 de diciembre de 2021

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