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Las ganas - Santiago Lorenzo

Reseña realizada por Begoña Curiel.

Estilo y vocabulario “Made in Santiago Lorenzo”. Lo conocí en Los asquerosos y flipé tanto que tenía ganas de repetir. Usa recursos similares y también me ha hecho reír pero Benito, su protagonista “con ganas” no funciona igual. Y sí, –por si lo han pensado, o no – su ansia es terminar con tres largos años de abstinencia sexual.

  Benito es químico, un crack en lo suyo: el “mocordo” (palabro de Santiago Lorenzo), la sustancia mágica que regenera madera. Está probada su eficacia pero el chaval no atesora muchas dotes comerciales. Eso sí, tiene más moral que el alcoyano y eso le honra, pero –lo mismo que con el sexo– anda más perdido que un pulpo en un garaje. Y así va por la vida.

  Es tan buen tipo que hasta sus compañeros de trabajo se apiadan de su sequía y tratan de ayudarle. Pero... son también para exhibirlos en un zoo; bien que lo sabe Santiago Lorenzo y se los trabaja. Como el de María, la chica que tiene todos los puntos para ser candidata a mojar. Pero este Benito no tiene remedio...

   De tan tierno, incauto y patoso acabó por desquiciarme. Es un gag en sí mismo: continuo, tropezador (increíble, está en la RAE) profesional, un torpe elevado a la máxima potencia del desastre. Cuando decía que Benito “no funciona” me refiero a eso, al abuso narrativo de su capacidad innata para la chapuza y calamidades variopintas.

   Ahí residiría su gracia –que la tiene– pero sin exprimir hasta la extenuación su particular tragicomedia porque en mi opinión, el exceso termina perjudicando a la novela.

  Y eso no quiere decir que no haya habido risas durante la lectura y por supuesto con el diccionario “SantiagoLorenzo-Español, Español-SantiagoLorenzo”, ese que le hace diferente “a todo lo demás”, al menos de lo que he leído hasta ahora. Sus geniales paridas, inventiva y originalidad me dejaron pillada en Los asquerosos. Se sale del molde en este sentido.

  Ah, cómo no tiene término para el hambre de Benito: “porlar”. Cuando lo has leído unas cuantas veces, lo mismo que “mocordo” y algunos más, dan ganas de incorporarlo al vocabulario.

 Los contextos ideados por Santiago Lorenzo –más inventor que su protagonista– se van normalizando a medida que pasas las páginas si disfrutas de su cachondeo. 

  Puede que ahora no, pero cuando tenga ganas de reírme volveré a él. Que estamos muy faltos de risas.

Publicado el 6 de marzo de 2021
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