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Me gusta la vida

Y a los buenos días, gentecilla de las redes. Ya va oliendo a primavera; al menos, en Andalucía. Y no es que a mí me entusiasme especialmente, pese a haber nacido en mayo; pero es la estación buenrollista por antonomasia. Así que hoy me visto de girasol y os traigo una canción acorde: Me gusta la vida, de Funambulista.

 

A mí me gusta salir a la calle,

la buena gente de luz encendida,

los corazones que no caben dentro;

ay, cómo me gusta la vida.

 

La primavera de brazos abiertos

y las canciones que no son mentira,

ese milagro que vive en los besos;

ay, cómo me gusta la vida.

 

 

Ir donde nos lleve el viento,

donde los sueños nos gritan,

donde me dicen de siempre <<amor>>.

A mí me gusta la vida.

 

 

A mí lo que me gusta es eso:

ponerme a sonreír sin medida,

mojarme hasta calarme los huesos.

Ay, a mí me gusta la vida.

 

Culpable de sentir, lo confieso.

Saber que siempre sana la herida.

Si no hay por dónde ir, me lo invento.

Ay, a mí me gusta la vida.

 

 

A mí me gusta vivir el momento,

robarle tiempo a cualquier despedida,

salir detrás si alguien sale corriendo.

Ay, cómo me gusta la vida.

 

Saber que sientes lo mismo que siento,

saber jugar y empatar la partida,

saber también escuchar al silencio.

Ay, cómo me gusta la vida.

 

 

Mola, ¿eh? Nada que ver con aquel rayo de sol, oh-oh-oh. Lo siento, no puedo evitarlo. Un saludo cordial a aquellos que han tenido a las orquestas encasilladas varias décadas. Mira, otro punto para el reggaeton: es tan efímero que nos permite variar año tras año; gracias, señor.

Volviendo al presente… este chico es un intenso de manual, como yo. Y debo recordaros a aquellos que se vanaglorian de gestionar muy bien sus emociones que, cuando la intensidad es para bien, no ponéis cara de sufrir mucho; así que debéis recordarlo también cuando toca lo contrario, la vida no es a la carta (guiño).

La verdad es que poco de negativo se le puede sacar a esta letra. Yo, es escuchar las primeras notas, y ya noto los chakras alineárseme. La primera estrofa es que no tiene desperdicio, vamos. A este señor, bendito sea, le gusta la gente que siente a calzón quitao’. Pues dime dónde andas, criatura, y preséntame a más gente así, por favor.

El puente es un canto a la vida en contra de esta supervivencia cutre y vacía para la que nos aleccionaron. Y el estribillo es resiliencia pura y dura, una de las claves tanto de la supervivencia como de la vida a manos llenas.

Solo voy a ponerle un pero a la estrofa de la segunda parte: salir corriendo detrás de la gente que se va se llama <<apego>> y es algo que tenemos todos los sentimentales. Heriditas de la infancia y/o la adolescencia que nos hacen difícil darnos valor y decir <<hasta luego, Mari Carmen; no escribas cuando llegues>>. Nos encanta <<arreglar>> gente cuando los que estamos rotos somos nosotros. Y es por dos cosas: una, dejamos nuestra autoestima en manos de otro (porque es menos duro que repararla; al menos, hasta que el otro se va, normalmente, por nuestra inseguridad; este es el verdadero ciclo sin fin, no el de El rey león) y dos, no hay nada que ansiemos más que ese amor (de pleno ficticio) que todo lo puede.

El resto de la estrofa: sentimiento, equilibrio y todo lo bonito de la vida.

Así que esta semana, os mando un beso enorme a todos mis compañeros en esta dura carrera de fondo, relevo, velocidad, de espaldas, cuesta abajo y sin frenos que es ser una persona de colores (incluido el negro; aunque, técnicamente, no lo sea). No estáis solos, aunque… mal de muchos... (otro guiño; este, con lengua fuera).

Buenos y terapéuticos días.

Publicado el 10 de marzo de 2022
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