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Ojalá

“Notas de Lluvia” por Aysha Singing In The Rain.

Y a los buenos días, gentecilla de las redes.

Imagino que ya habréis notado que me gustan las canciones que me hacen pensar; especialmente, esas que rascan en sitios donde pica mucho. Porque, como dicen las madres, si pica, es que cura. Os dejo una que, si fuera una bebida alcohólica, sería güisqui a palos secos, sin anestesia ni na, con cáscara y to.

 

Yo necesito ganas, no querer ganar;

y si algún día perdiese mi miedo a perder,

me duele haber corrido para no llegar,

ahora sé que el camino es la meta también.

 

 

Ya me crecieron miedos que nunca eduqué

y me sé las respuestas por no preguntar.

Ya sentí como nadie cuando tuve el bien

y lloré como todos cuando algo se va.

 

 

Nadie te enseña a ser fuerte, pero te obligan;

nunca nadie quiso un débil para confiar.

Nadie te enseña los pasos en un mundo

que te obliga cada día a poder levantarte y caminar.

 

 

Donde fuiste tan feliz, siempre regresarás;

aunque confundas dolor con la felicidad;

y ya no seas ni tú mismo, pero pienses en ti mismo

y eso matará.

 

 

Y ojalá nunca te abracen por última vez;

hay tantos con quien estar, pero no quien ser.

Tan solo somos caminos que suelen torcer,

miles de complejos sueltos que tenemos que vencer.

 

 

Ojalá sí te aceptasen por primera vez

y entendiesen que es que todos merecemos bien;

que no existe una persona que no deba de tener,

ya que somos circunstancias que nunca elegimos ser.

 

 

Confianza nunca volvió con el tiempo

y el fruto de mi vida no se basa en lo que tengo.

Y si todos los instantes pudiesen pasar más lento,

si acaso ¿dudarías, esta vez, en el intento?

 

 

Y si entendiésemos que, sí, somos perfectos;

a pesar de borrones que quieran manchar el lienzo.

Todo es una suma, aunque eso no lo piense el resto;

una cosa es lo que soy, y otra, tan solo, lo que muestro.

 

Que yo ya no temo perder, sino dar por perdido;

que yo ya no quiero vencer, sino estar convencido;

que, mucho antes de estar contento, debo estar conmigo;

que voy a mirar a la soga pa' decirle: <<sigo>>;

 

que voy a parar de exigirme to' lo que me pido

y voy a aprender a aceptar lo que nunca consigo;

que voy a parar de culparme, mentirme, fallarme,

decirme tarde verdades que necesito.

 

 

Porque también dediqué tiempo a quien ya no se acuerda de mí,

también pegué los trozos de lo mismo que después partí;

tampoco me he entendido y he entendido que eso será así;

si no he estado confundido, he estado fundido con lo peor de mí.

 

 

Me he mudado a problemas y he querido ser feliz allí

y he dado vueltas en círculos por no quitarte de en medio a ti;

he preguntado a todos para poder definirme a mí,

como decirle a un río que se pare y deje de fluir.

 

 

Me he permitido el lujo de hacer algún cambio en favor de mi adorada gramática; como os conté muy al principio, me niego a aceptar esas <<licencias>> (sobre todo, teniendo fácil arreglo).

Esta canción me la descubrió mi amiga Toñy, en la versión de Lou Cornago, os la recomiendo encarecidamente. Lo siento, Beret, tu mente para las letras es prodigiosa pero tu forma de cantar me provoca muchos sentimientos encontrados que evitaré mencionar por consideración. A lo que voy, llevaba semanas oyéndola y, por razones que me guardaré, me hinchaba de llorar cada vez que me salía en el reproductor. <<Haberla quitado>>, pensaréis. Noooo, ¿qué hemos dicho antes? Si pica…

Pues bien. También he comentado alguna vez que soy cantante de orquesta. Y llevo siéndolo casi la mitad de mi vida, que cada vez es menos poca cosa (vamos parriba’; o pabajo’, según se mire). Hace unos años me tomé un respiro de ese mundillo porque, si bien no puedo vivir sin la música, el ambiente, las más de las veces, es tóxico hasta decir basta. Y, a edades muy tempranas, te llega a superar. Cuando quise volver, más adulta y ya desintoxicada de la experiencia anterior, empezó este fin del mundo que estamos viviendo y nos chaparon durante dos años. Pero en los pocos ensayos que tuvimos ocasión de hacer, me di cuenta de que la edad no lo es todo y de que la tendencia a la toxicidad va más en las personas.

Pero, llegando al fin a lo importante. Llegué al último ensayo de esta ansiada temporada con la desazón que me provocaba toda mi trayectoria anterior, temiendo ser juzgada y dañada; porque, si bien cantar es lo mío, bailar no lo es tanto aunque me encante. Y mi última compañera en ese plano, mucho más aventajada que yo, fue (por decirlo con educación) más bien poco suave. Sin embargo, el otro día (periodo de tiempo comprendido entre el 72 y ayer; en este caso, hace un par de viernes), salí del ensayo con la sensación de haber dejado atrás un lastre enorme; pues fue un ensayo en el que quedó más que patente que somos un equipo con intención de ayudarse, tanto encima de las tablas como entre bambalinas. Y eso, sobre todo, cuando esperan muchos días lejos de casa, no tiene precio; y es indescriptible cuando se siente por primera vez. Además, porque es precioso sentir cosas nuevas cuando ya vas teniendo una edad. Es como recuperar la fe en el mundo. Es magia.

De modo que, al oír la canción de vuelta a casa, esa vez (ni ninguna de las siguientes hasta hoy) no lloré. Porque me sentí realmente aceptada por primera vez. Que no se me entienda mal, tengo amigos que me aceptan a pesar de las diferencias. Pero aquí, en la formación de Orquesta Pekado 2022, me sentí integrada, encajando sin que nadie tuviera que hacerme hueco, en mi lugar en el mundo; y creo que nunca antes lo había encontrado. Y cambié el querer ganar por las ganas; porque ya no sentía que estaba compitiendo, sino trabajando en un equipo que busca la misma meta y disfruta del camino. Así que gracias, pekadores, esta publicación es para vosotros.

Analizando la canción desde otros planos de la vida, no todo van a ser alabanzas. Eso de que el camino es la meta también… No estoy de acuerdo. Si subes media escalera, has avanzado, claro, pero estás en medio de ningún sitio. Que, oye, como siempre digo, ser positivo está muy bien, pero sin perder de vista la realidad.

Sí estoy de acuerdo en eso de que los miedos crecen solos pero debemos evitar que campen a sus anchas y en lo de que, al final, no preguntando, obtienes la respuesta también; pero debo añadir que, en esos casos, suele llegar más que tarde.

Al estribillo no puedo ponerle ni un <<pero>>. La vida es jodidamente complicada, aunque sea un regalo maravilloso también. Y lo de regresar a los lugares donde fuiste feliz, a mí personalmente, me parece más que bien; porque no siempre te alejas de ti mismo, también puede ser que te hayas moldeado para dar paso a una versión mejor.

Despedidas, complejos, malos tragos… Forman parte del camino aunque, que tire la primera piedra quien no intente evitarlos siempre que puede.

Discrepo en eso de que la confianza no vuelve con el tiempo. Yo suelo dar segundas oportunidades y siempre me alegro. Cuando me sale mal y me hacen daño, me contento con ser una persona de corazón valiente; cuando me sale bien, no hace falta que lo explique, ¿no?

Tampoco estoy de acuerdo en que debamos entender que somos perfectos. No lo somos. Y ni falta que hace. Ese es el verdadero razonamiento: que somos humanos imperfectos y que hay cosas que debemos aceptar y otras que podemos mejorar. Pensar que somos perfectos y hacer virtudes los defectos nos lleva a sentirnos dueños de cosas que no son nuestras y a una frustración y una actitud que pueden y deben evitarse. Sí que es cierto que todo lo bueno suma y que lo importante es que salga a devolver, aunque haya quien no lo valore (que también está en su derecho, oiga). Que puede que seamos todo lo que mostramos pero no mostremos todo lo que somos, y eso está más que bien.

Que debemos, sobre todo, mimarnos siempre, incluso cuando nos regañamos porque pretendemos moldearnos. Que cometemos fallos más a menudo de lo que nos gustaría y, a veces, muuuuy gordos; otras, sin embargo, solo cambiamos de opinión, y menos mal. Pero que también nos pasan cosas que no merecemos y tenemos que encajar golpes que no esperábamos; sobre todo, con las personas a las que más nos abrimos.

Y que, en definitiva, todo esto no es más que la vida: esa rosa con pétalos y espinas, que duele y se disfruta, que da y que quita, que nos hace seguir luchando incluso cuando parece imposible ganar, que nos pone delante personas que duelen y alivian a partes iguales, que nos premia y nos castiga, que nos hace aprender y sentir. Que la vida es para vivirla.

Buenos e intensos días.

Publicado el 3 de marzo de 2022
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