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Para morir iguales - Rafael Reig

Reseña realizada por Begoña Curiel.

Lúcida e inteligente. Mordaz y tierna. Un cóctel de dureza e ironía en esta historia de amistades supervivientes a la infancia con todos los matices que sirve de relato generacional desde la España de la transición. Una muestra de la fabulosa forma de contar y escribir de Reig.

Un regalazo para el lector el personaje de Pedrito Ochoa. La gran estrella de esta novela. Se ha criado en un orfanato de monjas, una isla aislante del exterior donde se gesta el mundo particular de sus habitantes. ¡Y qué habitantes, señores! Puedes morirte de risa o llorar con y/o por ellos. Reig es un magnífico escultor de personajes hechos de desgracias y ocurrencias divertidas.

Algunas tan disparatadas que tienes que partirte de risa: es el caso de las recurrentes bromas por un muerto o las apariciones de la Virgen. Estas últimas, desternillantes. Y sin embargo, las integra con naturalidad pasmosa en esa especie de trasfondo dickensiano de la novela con las monjas aliñando la atmósfera de puertas para adentro.

Pardeza, ya ha salido del hospicio y actúa de satélite con el exterior, ilustrando a los internos de lo que sucede allá fuera, en esa España ansiosa por airearse de las cadenas de la dictadura aunque el camino sea largo. La novela nos acompaña en ese relato costumbrista en paralelo del “después” de un país que tiene tanto que descubrir y aprender.

Los diálogos de Para morir iguales no tienen desperdicio. Algunos sobre “la mafia de Dios”, esa obsesión por “ser atractivos”, por supuesto los que recuerdan y reviven “al muerto” y las charlas con la Virgen son para hacer la ola. Reflejan el alma, la esencia de determinadas cuestiones y pensamientos que de alguna forma “no crecieron” o no cambiaron para estos amigos aunque transcurrieran los años.

Pero sí habrá cambios. Radicales en el caso del principal Pedrito ya que sus abuelos “de pronto” aparecerán en el mapa “exterior” para sacarlo del hospicio. Las expectativas son una cosa; la realidad porque las supuestas panaceas, son eso..., panaceas. El pasado de Pedrito y el de su entorno, pesa demasiado y late en su presente.

Merece mención con mayúsculas Carlón, un personaje del “exterior”, el “investigador” que suma extravagancias a la vida de Pedrito, como si las necesitara. Y por supuesto, aunque hasta ahora no lo haya mencionado, el rey de los secundarios que me ha robado el corazón es el entrañable Escurín. Con él, lloras por dentro.

En fin. Que me ha encantado. El escenario de fondo puede ser conocido pero en esta obra lo que importa y fascina es el poderío narrativo de este autor.

Publicado el 12 de julio de 2022
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