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Un siglo luminoso

“Alicante es un libro” por Miguel Ángel Pérez Oca.

            El Siglo de las Luces. Para Alacant sería el de los 123 años que van desde la llegada de los Borbones a España hasta la toma de Alacant por los Cien Mil Hijos de San Luís. O sea desde 1700 a 1823. Alicante, con Barcelona y Cádiz, fue de los pocos sitios de España a donde llegó la Ilustración con más fuerza.

Aquí había, desde hacía siglos, una importante colonia de comerciantes franceses que recibían de primera mano, desde el puerto, las obras de Rousseau, D’Alembert, Diderot y Voltaire, que eran leídas por los alicantinos cultos, y después comentadas con sus vecinos marinos, artesanos y comerciantes, que marcaban el carácter progresista de la ciudad.

            En ese siglo, Alacant también tuvo contratiempos naturales, como el vendaval de 1791, que se llevó para siempre los pináculos de las torres del Ayuntamiento, o el diluvio que en 1792 reventó las murallas que hacían de presa e inundó la ciudad; pero, en general, la suerte sonrió a la “terreta”. En 1787 se instaló el primer alumbrado público y en 1801 se fundó la Fábrica de Tabacos, que dio trabajo a 2000 mujeres alicantinas; lo que dio origen, junto a los trabajadores del puerto, al primer núcleo de conciencia obrera de este pueblo y quizá de los primeros de España.

            Pero veamos las biografías de los hijos más ilustres de Alacant en este periodo, que ejemplifican el adelanto cultural de la ciudad.

Jorge Juan y Santacilia (1713 – 1773). Aunque nació en una finca de Novelda, su domicilio familiar estaba en Alacant, muy cerca del Ayuntamiento. Huérfano a los 3 años, estuvo bajo la tutela de su tío fray Cipriano Juan, Bailío de la Orden de Malta. A los 12 años, en Malta, fue paje del Gran Maestre de su Orden. A los 16 ya había navegado contra los piratas y era Caballero de Malta y Comendador de Aliaga. Estudió como Guardiamarina en Cádiz, obteniendo unas notas extraordinarias, por lo que fue seleccionado para formar parte de una expedición francesa que iba a Perú con vistas a averiguar el tamaño exacto de un grado de latitud terrestre, y determinar así las dimensiones y forma de la Tierra y establecer el metro como unidad de medida universal. Sus mediciones fueron las más exactas y a su regreso fue nombrado miembro de la Real Academia de las Ciencias de Francia. Fue embajador en Marruecos y espía industrial en Inglaterra. Dirigió la construcción de los arsenales de Cartagena y Ferrol. Fue director de la Escuela de Guardiamarinas de Cádiz, y gracias a sus desvelos, la Marina Española fue, en tiempos de Carlos III, la 3ª del Mundo. Escribió valiosos libros por los que se le conocía en Europa como El Sabio Español y tuvo problemas con la Inquisición por defender el Sistema Copernicano... ¡en pleno siglo XVIII! En un informe al Rey denunció los abusos de los colonos sobre los nativos americanos.

            Felix Berenguer de Marquina (1736 - 1826). Marino de guerra, fue Gobernador de Filipinas y Virrey de Nueva España (México). Tomó posesión de su alto cargo en 1800, pero duró en él solo dos años, porque su decidida posición antitaurina lo enemistó con los terratenientes y los aficionados a las corridas. Decía que la tauromaquia era indigna de un pueblo culto.

            Pedro Montengón y Paret (1745- 1824). Jesuita secularizado y exiliado, autor de la novela Eusebio, que rivalizó en Europa con el Emilio de Rousseau, al que criticaba su postura machista; defendía la igualdad absoluta entre hombres y mujeres en la educación y el trabajo, y denunciaba el atraso español frente a Europa y Norteamérica. Regresó a España en 1800, pero fue de nuevo expulsado y murió en Nápoles sin haber podido regresar nunca a Alacant.

            Dr. Francisco Javier Balmis y Berenguer (1753 – 1819) Cirujano y médico militar. Había hecho varios viajes científicos a América cuando Carlos IV le propuso dirigir la Expedición Filantrópica de la Vacuna, descubierta en 1796 contra la viruela por el inglés Dr. Genner. El ingenioso método de Balmis consistió en llevar a 22 huérfanos de un asilo de La Coruña, cuidados con celo por la enfermera Isabel Cendal, a los que iba vacunando sucesivamente, de forma que el líquido de la infección, que servía de transmisor de la vacuna, pasara de uno a otro hasta llegar a Venezuela en febrero de 1803. Gracias a Balmis y su ayudante, el Dr. Salvany (muerto en 1810 en Cochabamba), la vacuna se extendió por toda América, Filipinas y China, antes de regresar a España, con lo que se salvaron millones de vidas. Murió en Madrid, viudo y sin hijos, nombrando heredera a su hermana Micaela, con domicilio en Alacant.

            Solo por estos cuatro alicantinos ilustres ya nos podemos sentir orgullosos de nuestra ciudad, ¿verdad?

Publicado el 9 de junio de 2021
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