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William Wordsworth

Erraba solitario como una nube

que flota alto sobre valles y colinas,

cuando de pronto vi una multitud,

una hueste, de narcisos dorados;

junto al lago, bajo los árboles,

agitándose y bailando con la brisa.

(Del poema Erraba solitario como una nube, William Wordsworth)

“Poetas y Poesías” por Mª Ángeles Álvarez.

Octubre de 2004. Cerca de Glasgow.

A orillas del Lago Lomond, Loch Laomainn en gaélico escocés, todo parece diferente. Los colores del otoño se han instalado definitivamente y no se marcharán hasta que las primeras nieves arriben y con su manto blanco cubran las montañas que lo rodean.

Los pequeños islotes que salpican su superficie se han convertido en cálido refugio para las aves que habitan estas húmedas tierras. Remansos de paz alejados de todo rastro humano, permiten que las crías crezcan libres y seguras en primavera, ensayen sus primeros vuelos en verano y se alejen en otoño en busca de tierras más cálidas.

Desde mi posición privilegiada en lo alto del Ben Lomond, soy capaz de advertir la inmensidad de sus aguas y el brillo esmeralda de los bosques salvajes que lo rodean y se acercan desafiantes a su margen.

Este lago, protagonista de los sueños de Wordsworth y Coleridge, vio nacer a la Dama del lago de Sir Walter Scott, mientras atrapaba para siempre su alma con sus colinas ondulantes y sus bosques tranquilos.

La incesante lluvia hace que los colores se intensifiquen y el aroma a resina y a musgo me obliga a dejar volar mi espíritu, ansioso por colarse entre las ramas, las gotas de agua y la humedad de la tierra para no regresar jamás. Entonces me doy cuenta de que he quedado inevitablemente atrapada para siempre por el espíritu del lago y conmigo los poemas de William Wordsworth que me acompañan en el viaje.

Nacido en Cumberland, Inglaterra, el 7 de abril de 1770, donde también falleció el 23 de abril de 1850, Wordsworth es junto con Samuel Taylor Coleridge, uno de los precursores de la literatura romántica inglesa, a la que contribuyó en gran medida la obra Baladas líricas, publicada conjuntamente por ambos autores en 1798 y que en su tiempo no tuvo demasiado éxito pero que, con posterioridad, ha resultado decisiva en el prerromanticismo inglés.

La poesía de Wordsworth, sensible y emotiva, destacó por ser innovadora y por elegir como protagonistas a personajes humildes en escenas cotidianas, empleando un lenguaje sencillo y, a la vez, pulcro y envolvente. Pero sin duda el tema principal de su obra es la naturaleza, en la que el ser humano alcanza la espiritualidad. He aquí un fragmento que nos muestra ese amor por el paisaje, especialmente el de la campiña inglesa y escocesa.

 

La terrestre natura labraba aquel efecto

con la oscura materia de la borrasca, ya

apaciguada. En ella y en las cavernas y

en las faldas abruptas y en cresterías, donde

se habían los vapores retirado, fijando

su estancia bajo aquel cerúleo cielo.

¡Visión no imaginada! Nubes, nieblas,

arroyos, peñas húmedas y hierba de esmeralda,

nubes de cien colores y rocas y zafiro

de cielo: confundido, mezclado, en mutuo ardor,

fundido todo y componiendo,

todo en todo perdido, el asombroso adorno

de templo y ciudadela y palacio, y la ingente

y fantástica pompa de vagos edificios,

envueltos como en lana, en vastos pliegues…

De La Excursión (1814), Libro II

Hemos introducido este artículo sobre Wordsworth con una referencia a un lago escocés y no por pura casualidad, sino porque nuestro autor fue considerado uno de los componentes del denominado grupo de los “lakistas”, por la clara inspiración de sus poemas en el paisaje lacustre, especialmente el del Distrito de Los Lagos, en el noroeste de Inglaterra, de donde era originario.

En 1793 se publicó su primera poesía, las colecciones An Evening Walk (Un paseo por la tarde) y Descriptive Sketches (Bocetos descriptivos). Un tiempo después de Baladas líricas (1798) se publicó un Preface (Prefacio) a los poemas de esta obra, prefacio que es considerado el manifiesto del romanticismo inglés por excelencia.

Si bien es cierto que la temática rural y paisajística se encuentra en toda su obra, no lo es menos que en igual medida hallamos los valores éticos que imprimen el fondo de sus composiciones. También el amor y la muerte, temas esenciales en el Romanticismo. Uno de mis favoritos, Ella era un fantasma del deleite:

Ella era un fantasma del deleite

cuando por vez primera la vi,

ante mis ojos resplandeciente:

una adorable aparición enviada;

para adornar un instante;

Sus ojos eran como estrellas del crepúsculo,

Y del ocaso también sus cabellos oscuros.

Pero todo el resto de ella

provenía de la primavera y su alegre amanecer;

una forma danzante, una imagen radiante

para acosar, sobresaltar y acechar.

La observé más de cerca: un espíritu

¡pero una mujer también!

Leves y etéreos sus movimientos de hogar,

Y su paso era de virginal libertad;

Un semblante en el que se contemplaban

dulces recuerdos, y promesas también;

para cotidiano alimento del ser,

para dolores fugaces, engaños simples,

alabanzas, reproches, amor, besos, lágrimas sonrisas.

Ahora veo con ojos serenos

el mismo pulso de la máquina;

un ser respirando un aire meditado,

una peregrina entre la vida y la muerte,

la razón firme, la templada voluntad,

paciencia, previsión, fuerza y destreza.

Una mujer perfecta,

noblemente planeada para advertir,

para consolar, y ordenar.

Y aún así un espíritu que resplandece

con algo de luz angelical.

O el poema Sorprendido por la alegría, que mezcla amor y muerte, excepcional también:

Sorprendido por la alegría, impaciente como el viento,

me volví para emprender el regreso.     

¿Y con quién, excepto contigo,

enterrada en lo profundo del silencioso sepulcro,

en ese lugar que ninguna vicisitud puede perturbar?

El amor, el amor fiel, en mi mente te recordó,

¿pero cómo pude olvidarte? ¡A través de qué poder,

aún en la más insignificante división de una hora,

me ha engañado, vuelto ciego, ante mi peor pérdida!

Fue el peor dolor que la tristeza alguna vez transportó,

salvo uno, solo uno, cuando me sentí destruido

sabiendo que el tesoro sin igual de mi corazón ya no existía;

que ni el tiempo presente, ni los años no nacidos,

podrían devolver a mi vista ese rostro celestial.

 

Sin dejar de lado la importancia de Baladas líricas, entre sus obras también figuran Poems, in Two Volumes (Poemas, en dos volúmenes, 1807)
Memorials of a Tour in Scotland (1803), en la que destaca The Solitary Reaper.
O The Excursion (La excursión, 1814).

Podría seguir enumerando y citando poemas de Wordsworth que muestran con absoluta fuerza y claridad el espíritu romántico tan extendido en Europa en el siglo XIX. No obstante, dado que sus composiciones me han acompañado en mi peregrinación de sur a norte y de oeste a este de la hermosa Escocia, no puedo hacer otra cosa más que cerrar este post con un poema dedicado a esta tierra y pedir, a quien quiera escucharme y tenga el poder de conceder deseos, que me permita regresar pronto.

 

Camposanto en el sur de Escocia

Acotado del hombre y al borde de una sima

donde el torrente espuma, veréis el cementerio.

Allí la liebre alcanza su más tranquilo sueño

y los elfos, nevados de luna, entran y danzan

para crédulos ojos. De aquelarre ni templo

no queda ya vestigio, pero allí se deslizan

desconsoladas gentes, que con velada angustia

le lloran su oración al viento y al celaje.

No hay tumbas orgullosas. Mas rudos caballeros,

que esculpiera el humilde querer de tiempos idos,

en tierra yacen, entre verdores de cicuta;

no es una mezcla triste, si quiebra el alba clara

el resplandor del césped, y cerca, en los arbustos,

coros primaverales entonan su alborozo.

Publicado el 3 de diciembre de 2021
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