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Sobre remedios

"Por hache o por be" por Mariángeles Salas.

No solo hay oraciones para encontrar novio, trabajo o imposibles que necesitan ayuda celestial. Sino que existe toda una terapéutica religiosa donde mucha gente se encomienda a los santos para que los libre de males, enfermedades y problemas. Sin ir más lejos el otro día me empezó a doler el estómago y alguien me recomendó que rezase una oración a San Erasmo. He de confesar que la solución me dejó un poco desconcertada, y mientras cavilaba sobre quién sería ese santo, me preparé un remedio al llegar a casa que, según el libro que consulté, aliviaría mi malestar enseguida. Y la verdad es que aquel brebaje compuesto de azúcar, bicarbonato y limón exprimido hizo su efecto y fue mano de santo, aunque no la de San Erasmo, claro. Al cabo de unos días me volví a acordar de él cuando llené con su nombre la casilla vertical de un crucigrama, y entonces, por curiosidad, indagué sobre su vida.

Según la leyenda, este patrón de marineros sufrió numerosas torturas por predicar y convertir al cristianismo a numerosos paganos. Y cuando murió lo hizo con el estómago partido en dos, mientras sus intestinos terminaban enrollados alrededor de un cabrestante. ¡Qué horror, vaya suceso más espeluznante! Luego, para cambiar de tercio, me puse a mirar ese libro sobre remedios caseros y descubrí un montón de fórmulas, algunas muy divertidas, para aliviar cualquier clase de dolencia. Como frotarse en ambas axilas con un limón partido en dos mitades, porque dicen que es estupendo para combatir los efectos de la resaca. Y de ese malestar general por haber empinado el codo más de la cuenta, a una contracción espasmódica del diafragma llamada hipo.

Recuerdo que antes a los bebés que hipaban se les pegaba con saliva un hilo de coser en la frente y el hipo desaparecía. Con los adultos se empleaba la táctica del susto, y nada mejor que esconderse detrás de la puerta y saltar encima del aludido, rugiendo como un león hambriento, para que el hip…hip, cesara. Aunque resulta que existe un remedio infalible sin necesidad de montar escenitas, que consiste en agarrar la lengua del susodicho con el pulgar y el índice, mediante un pañuelo, y tirar ligeramente hacia fuera. ¡Uffff…vaya tela!, si  parece una de las torturas que sufrió San Erasmo.

Por eso, antes del tirón, creo que  es preferible, como dice el libro, tomar tres sorbos de agua mientras expresamos en voz alta en  el  primero: hipo de Dios, en el segundo: San Pedro me lo dio y en el tercero: ya se me quitó. ¡Hala! Así que entre las “oraciones milagrosas” y los que prefieren algo más natural como cascar huevos en el pelo para evitar su caída, usar perejiles, tomates, manzanillas, patatas y demás productos de la huerta, llego a la conclusión de que en nuestra cocina tenemos un verdadero almacén de remedios naturales que habrá que ir probando por si las moscas.

Publicado el 18 de septiembre de 2024
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