
"Por hache o por be" por Mariángeles Salas.
Hace un par de semanas leí en un periódico que, en Albacete, varios invitados al aniversario de las bodas de coral de unos amigos habían terminado a sillazo limpio con sus compañeros de mesa por divergencias político-deportivas-gastronómicas. La noticia seguía diciendo que fue necesaria la intervención policial porque no había manera de separar a los forofos de uno y otro bando.
Lo primero que me llamó la atención no fueron los sillazos, que también, sino el significado de las bodas de coral. Sabía que las bodas de plata conmemoran los veinticinco años de matrimonio, las de oro los cincuenta, y sesenta las de diamante. Pero no tenía ni idea de lo que simbolizaba ese antozoo de ramificaciones calcáreas que se emplea en joyería. Así que me puse a investigar y encontré nada menos que veintiséis denominaciones que dar a los años cumplidos desde el “sí quiero”.
Transcurrido el primer año de casados se llamarían bodas de papel; de lana a los siete; trece años y serían de encaje; porcelana a los veinte, y las de coral como las que estaban celebrando tan ricamente en Albacete, antes de que saltara la liebre, treinta y cinco. Porque saltar lo que se dice saltar, saltaron todos los comensales y a base de bien. Y eso que era viernes, el día de Venus, la diosa del amor, que, si llega a ser un martes que según la mitología está regido por Marte, el dios de la guerra, allí no queda vivo ni el apuntador.
Por lo visto aquella celebración estaba organizada desde hacía meses y no faltaba ni un solo detalle, salvo no haber pensado con detenimiento en la distribución de los invitados en las mesas. Los ánimos ya algo caldeados por el alcohol consumido, y cuatro aspirantes a “macho alfa” en la misma mesa, consiguieron llevar al garete el anhelado aniversario de boda.
No se sabe muy bien cuál fue el detonante de la pelea al más puro estilo del Oeste americano. Aunque según lo que relató una invitada de otra mesa contigua hablaron de la Semana Santa Albaceteña. Luego, más animados, fueron subiendo el tono para poner a caldo, unos, y elogiar, otros, la estatua de un vendedor de navajas en la Plaza del Altozano, y terminaron, sin venir a cuenta, discutiendo como verduleros sobre las migas, el gazpacho manchego y, sobre si Núñez Feijóo sería mejor presidente que Pedro Sánchez.
Tal fue la trifulca que el dueño del local avisó a la policía que se personó en el lugar a los pocos minutos. Uno de los agentes llegó a recibir un puñetazo en la cara por parte de otro de los invitados que, hablaba en esos momentos, sobre los budistas tibetanos. Así que la pobre “novia” que quiso celebrar con sus amigos y en armonía sus bodas de coral, se desmayó ante semejante espectáculo.
Y pensar en lo agradable que habría resultado la velada, si todos los allí presentes hubieran sido tolerantes y respetuosos con las ideas, creencias o prácticas de los demás, aún siendo diferentes o contrarias a las propias. En fin…