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El cuello

"Por hache o por be" por Mariángeles Salas.

Los médicos dicen, cuando se les pregunta por el dolor cervical que, muchas veces las actividades cotidianas suelen ser las responsables de esta enfermedad; y que no sólo las malas posturas, los traumatismos y los esfuerzos pueden dañar e inflamar las articulaciones, músculos, ligamentos y nervios del cuello, sino que también nuestra tensión nerviosa y el estrés, dan lugar a contracturas, dolores de cabeza, vértigos y un montón de síntomas más.

Por lo visto, en nuestra sociedad, una de cada diez personas tendrá dolor de cuello a lo largo de su vida. En cambio, en el Sureste Asiático, concretamente en la frontera de Tailandia con Myanmar (la antigua Birmania), viven  las mujeres de la etnia “kayan” conocidas como “las mujeres jirafa”; y ellas, absolutamente todas, tendrán graves problemas de salud por envolver su cuello en una espiral de bronce, según manda la tradición.

Resulta interesante saber que los seres humanos  movemos el cuello unas 600 veces por hora y que, si multiplicamos esta cifra por el número de horas que estamos en activo, la cantidad de movimientos es elevadísima. Tanto, que nos hace pensar en tono jocoso que nuestro cuello es el John Travolta de nuestro organismo. Ahora, eso sí, por lo menos es un cuello libre, un cuello que, además de poder ser besado y acariciado, lleva encima lo que nos da la gana, nos gusta y no nos hace daño como pañuelos, bufandas, joyas, jerséis de cuello vuelto, y hasta alzacuellos los eclesiásticos. No como el de “las mujeres jirafa” que, por llevar a cabo esa lamentable práctica, deforman su cuerpo.

Pero, como “la pela es la pela” en todos los continentes, y estas mujeres han comprobado que es un negocio rentable que atrae a numerosos turistas, deseosos, no sólo de ver templos, dar paseos en barco por los canales o hacer un “tour” en la jungla subidos a un elefante; pues nada, a adornarse con collares, aunque sus costillas desciendan y parezca que sus cuellos se estiren.

Hubo una mujer que llegó a ponerse hasta 27 collares, que pesaban los condenados unos 9 kilos y “alargaban” su cuello, nada más y nada menos, que unos 10 centímetros. ¡Casi nada!

Estas refugiadas de Birmania no comenzaron a llevar sus típicas gargantillas para protegerse de los ataques de los tigres ni tampoco de las ofensivas entre tribus, como dice la leyenda, sino simplemente como símbolo de belleza y posición social. Y de repente me imagino los cuellos de algunas youtubers famosas en aquel poblado y tiemblo, ¡vaya tela! Pero lo más terrible de todo es que, con el paso del tiempo, corren peligro de asfixia si se retiran los anillos, ya que los músculos del cuello quedan tan hechos polvo que no pueden ni mantener la cabeza erguida.

Así que, únicamente nos queda desear que un día muy cercano cuando se hable de jirafas sólo nos recuerden a unos mamíferos de cuatro patas que viven en nuestro planeta, y no a estas atracciones turísticas humanas. Una triste y cruda realidad.

Publicado el 24 de noviembre de 2024
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