
"Por hache o por be" por Mariángeles Salas.
No hay en el mundo peor bancarrota que la del hombre que ha perdido su entusiasmo, decía el escritor Eugenio D’Ors. Y no le faltaba razón.
Algunos aseguran que la pasión, el interés y la admiración, se debilitan a medida que se cumplen años. En la vida de las personas se suceden una serie de periodos que afectan, no solo a su evolución física sino también a la psicológica. Igual que la Historia, que se dividió también en etapas, para enseñarnos la transformación del hombre desde el Paleolítico hasta nuestros días.
Qué duda cabe que la edad más tierna, más inocente y que más tiempo nos gustaría alargar es la infancia. Seguramente porque sabemos que la siguiente es la siempre “delicada” edad del pavo, que según dicen algunos sociólogos y maestros, cada vez empieza antes y se alarga más tiempo. Le sigue otra edad, donde la ley reconoce la capacidad que tienen los jóvenes, para ejercer los derechos civiles cuando cumplen los dieciocho años.
Luego, como dice el refrán: "Dando tiempo al tiempo el mozo llega a viejo." Siendo esta edad, que todos llaman: la tercera, un hermoso periodo que hay que aprovechar para disfrutar haciendo lo que antes no se pudo, no se supo o tal vez no se quiso hacer. Consiguiendo de esta manera que el entusiasmo por la vida no desaparezca.
Afortunadamente vivir la vejez hoy no es lo mismo que antes. Las consecuencias del progreso, la calidad de vida y otra mentalidad, han hecho que nuestros abuelos se impliquen en la sociedad de diferente manera. Solo hay que ver el “arte” que tienen algunos para volver a criar de nuevo. Y si esta tarea, cada vez más habitual en nuestra sociedad, no rejuvenece, al menos aporta una tranquilidad para los padres jóvenes, que ven en su ayuda desinteresada, no solo los sabios consejos dictados desde la experiencia, sino mucho amor y entrega. El mismo sentimiento que ellos, los abuelos, demandan a sus hijos sin emplear ninguna palabra, tan solo la llamada del corazón.
Con ciertas condiciones la vejez se puede vivir bien y disfrutando de las pequeñas cosas. Lógicamente hace falta un mínimo de salud, porque si se está con dolores y enfermo, estos años se llevan peor. Después que las pensiones sean dignas para disponer de cierta comodidad económica. Y algo muy importante, que haya un interés por la cultura.
Afortunadamente, de ella se encargan Asociaciones, Ayuntamientos, Diputaciones y Universidades. Ofreciendo a nuestros mayores, de manera gratuita o con precios muy asequibles, toda una serie de actividades culturales y talleres que van desde la informática, hasta los bailes de salón. Siendo este último, uno de los más solicitados, junto con los viajes, la gimnasia, el mindfulness, el taichí y el yoga. Ya que, entre otras muchas cosas, mejoran el sueño, obligan a salir de casa y sobre todo a hacer amigos de la misma edad. Algo fundamental para que nuestros mayores puedan compartir sus inquietudes y afinidades.
Y como dice un proverbio alemán: “Los árboles más viejos dan los frutos más dulces y el mejor cobijo”. Que nunca se nos olvide.