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Cómo resucitar a un muerto

"Por hache o por be" por Mariángeles Salas.

No es mi intención llevar a sus cabezas la visión de ningún zombi haitiano, paseando por una plantación de caña, ni tampoco recordar cómo Jesús resucitó a Lázaro, sino constatar de qué manera se puede obrar el “milagro” de espabilar a alguien que está muerto de frío, hambre y cansancio.

Desde siempre hemos oído decir, que una sopa de cocido “como Dios manda”, resucita a un muerto, y la verdad es que razón no le falta a este popular dicho. Sobre todo cuando hace un frío que pela, sólo hemos desayunado un café y media tostada con aceite a las diez y media de la mañana, y aún quedan dos horas y catorce segundos para que den las tres del mediodía y salgamos del trabajo.

Una vez fuera, el que tiene que esperar en la parada hasta que llegue el autobús, puede terminar con tortícolis de tanto mirar calle arriba, para ver si por fin aparece, mientras escucha con cara de circunstancias los borborigmos de su estómago, o lo que es lo mismo, el rugido feroz de sus tripas que le piden con ansiedad, comida.

Más suerte tiene el que coge su automóvil, si es que no tuvo que aparcarlo en el barrio de al lado, porque aunque tenga gusa, gazuza o apetito voraz, sabe que si tiene suerte y no coge todos los semáforos en rojo, llegará más pronto a su domicilio que el compañero que usa el vehículo del servicio público, y podrá comerse esas patatas con costillas que sobraron el día anterior, si es que su media naranja, que entra a trabajar por las tardes antes que él, no tuvo la misma idea.

Porque los tiempos han cambiado y si hace años todo era más sencillo para el que trabajaba fuera de casa, ahora, al hacerlo los dos, la cosa cambia. Y todavía más en la gente joven, ya que pocos son los que, la noche anterior, se dedican a preparar el condumio para el día siguiente. Por eso, puede ser que éstos resuciten antes, si al llegar a su domicilio se encuentran con que a su santa pareja que ya empieza a ganarse la canonización, a pesar de trabajar las mismas horas que el otro fuera de casa, se le ha ocurrido hacer un cocido, tal y como lo hace su madre, y  dejarle sobre el mantel, un plato de sopa de fideos con menudillos y en una fuente, ese puchero tradicional en todas las regiones de España, en el que nunca falta el tocino, la punta de jamón, la morcilla, el chorizo, y esas varitas de apio que junto con la costilla de ternera y la garreta, dejan como soberanos absolutos a los garbanzos, da igual que sean castellanos, lechosos o pedrosillanos, porque al ser todos ricos en hidratos de carbono  y  fibra, facilitan el tránsito intestinal, por lo que resultan idóneos en caso de estreñimiento. Por añadidura, reducen los niveles de colesterol sanguíneo, además de dar energía y un buen color en las mejillas.

Si es que, por algo, ya lo decían nuestras queridas abuelas: “No hay nada mejor que un buen cocido para resucitar a un muerto”.

Publicado el 10 de diciembre de 2024
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