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De ratones y gatos

“Por hache o por be” por Mariángeles Salas.

Si buscáramos el estribillo de una canción que nos contara, cómo el grande, casi siempre, termina por comerse al pequeño. Seguramente vendría a nuestra memoria una, muy alegre, que cantaban los niños haciendo un círculo con las manos agarradas y que decía así: “Ratón que te pilla el gato, ratón que te va a pillar, si no te pilla esta noche, mañana te pillará”.

Porque qué duda cabe que los Centros Comerciales “pillaron “a muchas tiendas de barrio. De esas de  toda la vida, de las que pasaban de padres a hijos y en las que había un trato casi familiar con los clientes. Llegando a veces a vender a la misma persona, un traje de boda para ella y, años más tarde, uno de madrina para el casamiento de alguno de sus hijos.

Afortunadamente, algunos negocios se libraron del “zarpazo” de esos enormes gatos con parking y escaleras mecánicas, y siguen teniendo su público fiel e incondicional. Otros, sin embargo, prefieren la comodidad de estos grandes complejos que reúnen, bajo el mismo techo, una amplia oferta en alimentación, textil, complementos y también ocio.

Fue en los ochenta y en Barcelona, cuando nace el primer Centro Comercial, obteniendo tal éxito, que a partir de ese momento se empezaron a construir por todos los puntos de nuestra geografía. Durante doce horas ininterrumpidas todas sus tiendas permanecen abiertas para regocijo de muchos, que tienen ante sí la posibilidad de comprar cuando terminan sus jornadas laborales. Y aunque aconsejar es un oficio que lo usan muchos y lo saben hacer muy pocos, es mejor venir a estos sitios con las cosas muy claras o dejarse la tarjeta de crédito en casa.

Porque a veces por ir a dar una “vueltecita” con los críos y, de paso, comprar un kilo de plátanos, dos lechugas y un par de cartones de leche semidesnatada, que te hacen falta, puede salir muy caro. Ya que se termina cargando con un libro de autoayuda y espiritualidad, que vete tú a saber cuándo lo vas a leer, otra almohada cervical viscoelástica (ya tienes por lo menos tres) porque no encuentras una que te alivie ese cuello destrozado de tanto ordenador y mirar el móvil y, aprovechando la oferta, que también las hay muy llamativas, comprando una crema de cara que anuncia una afamada presentadora de televisión que, encima te cae muy bien, y promete devolver tersura y luminosidad en el rostro.

Entonces, miras el reloj, y te acuerdas de que hay que ir al veterinario, antes de que cierren, para recoger a Coco, el perro de la familia, que se quedó en manos de la peluquera.

Así que después de pasar por caja, poner cara de póquer al ver la cuenta, toca llamar a los dos adolescentes, que sabe Dios en qué planta estarán, y cruzar los dedos esperando que oigan la llamada. ¡Genial, localizados al primer tono! Uno, está en la segunda mirando las próximas zapatillas que te va a pedir para su cumpleaños, la otra, con una compañera de clase que se encontró en la entrada, mirando laca para uñas.

Y como el “peque” ya estaba harto de tanto paseo encima de un carro y sin ninguna “recompensa” se pone a “hacer pucheros”, cada vez más intensos, para ir a la tienda de las mascotas e intentar que me apiade de él y le compre por fin el dichoso camaleón.

Y es que a veces, señores, créanme, es mejor no salir del barrio…

Publicado el 22 de enero de 2025
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