
Reseña realizada por Begoña Curiel.
Un novelita deliciosa y divertida con su punto de mala leche. La señorita Buncle escribe bajo seudónimo un libro sobre la vida de sus vecinos. Los camufla con nombres ficticios pero cuando algunos se dan por aludidos, se arma la marimorena. Si no buscan grandes artificios, esta novela les hará pasar un buen rato,
En un pequeño pueblo –ficticio– en la Inglaterra de los años 30, con sus rutinas y normas de cortesía grabadas a fuego, se imaginarán la que lía Bárbara Buncle. Está soltera, tiene problemas económicos y como reconoce que la creatividad no es lo suyo, tiene la “genial” idea de escribir de lo que sabe: las vidas privadas del vecindario.
Es tal su candidez, que no se ve venir el maremoto cuando el libro empieza a venderse como rosquillas. Los que se sienten aludidos, comenzarán su batalla particular contra el o la responsable de la publicación. Sobre todo, los que no salen bien parados en los retratos de la escritora novel.
A partir de entonces, en las reuniones, con el habitual té remojado por lenguas afiladas, se acordarán de todos los parientes del libro. Es prácticamente imposible que sospechen de la señorita Buncle, ya que pasa prácticamente desapercibida por el corrillo más granado de la comunidad.
El libro airea secretos de los gordos y secretillos variados, que sus propietarios preferirían haber dejado entre las paredes de casa. Aunque en algunos casos, las reacciones son positivas ya que algunas personas tratan de enmendar errores, los más perjudicados en el relato, harán sus quinielas, lanzándose a la caza de la pluma que ha removido los cimientos de la tranquilidad del cosmos vecinal, que no es tan idílico como parece.
El típico humor inglés redobla la intensidad de las anécdotas que se encadenan en los hogares sacudidos por las revelaciones. Que sea un libro dentro de otro libro, también aporta ese encanto que tanto gozamos los viciosos de las letras. Y aunque sea es una lectura ligera, no crean, también tiene su parte reflexiva aprovechando que las dimensiones del lugar van acordes a la cortedad de miras de más de uno de sus habitantes.
Es un conjunto ideal que permite explayarse en esta entretenida comedia de costumbres, con la que además, se ratifica la capacidad de la literatura para agitar conciencias y provocar seísmos inesperados.
Si no encuentran qué leer, no les apetece meterse en demasiadas profundidades y quieren pasar unas horitas agradables con un libro –y otro dentro de regalo–, no se lo piensen. Lo disfrutarán.