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Lavar y peinar

"Por hache o por be" por Mariángeles Salas.

Una de las canciones más tarareadas de Conchita Velasco, allá por la década de los sesenta, hablaba sobre “un pelo alborotado y unas medias de color…",  y así era como debía ir una chica moderna para ser chica ye yé.

Esta letra nos hablaba del cabello, que formado por fibras de queratina, es una de las partes más importantes de nuestra estética. El pelo no depende de nuestra voluntad, crece de forma espontánea, incluso durante algún tiempo, más allá de la muerte.

Las primeras manifestaciones que hacen referencias al cabello, las encontramos en el arte rupestre, donde podemos contemplar figuras femeninas, que llevan diversos tipos de peinados y plumas en la cabeza.

Pero es en Egipto, donde existe un verdadero culto al pelo. Ellos, también fueron los descubridores de la henna, un colorante vegetal que usó, entre otros, Cleopatra, fascinando seguramente a Marco Antonio por su bello tono rojizo.

Los griegos preferían el color rubio, y los romanos, en cambio, elegían tonos muy oscuros, llegando a teñirse con el resultado obtenido de hervir cáscaras de castañas y puerros. Afortunadamente, no lo aderezaban.

Pero, realmente, la revolución del peinado apareció de la mano de los ya nombrados egipcios, que, no contentos del todo con su aportación a la estética del cabello, crearon trabajadas pelucas de pelo natural, recibidas con tal agrado y entusiasmo, que pasaron a ser adoptadas por las diferentes civilizaciones, como un elemento importante dentro de la sociedad, y los calvos, afortunadamente para ellos, dejaron de echarse mejunjes de grasa de oso y arándanos en el cuero cabelludo, esperando un milagro que nunca ocurría.

Y llegó a tal extremo la adoración que sentían por los postizos y pelucas, que hasta la iglesia, siglos después, llegó a prohibir su uso entre los cristianos, so pena de excomulgar a los que se negaran a prescindir de ella. Pero, una francesa, la reina María Antonieta, gran amiga de exagerados rizos y demasiado volumen en los cabellos, volvió a ponerlas de moda, incluso, hasta empolvadas de mil colores.

Hoy en día, no se le atribuyen poderes mágicos al cabello, como le pasó a Sansón, pero qué duda cabe que un pelo limpio y arreglado, dice mucho de las personas. Solo hay que pasarse por una peluquería para ver que siempre hay gente, y no sólo  los viernes. Ahora, en casi todas, hay que pedir cita como cuando vas al banco, al ambulatorio o a pasar la ITV.

Así que, como queremos llevar un pelo estupendo, dejamos que los profesionales nos laven con un champú que nos deje el cabello sedoso, radiante, aunque tengamos “cuatro pelos”, libre de suciedad y de caspa. ¡Ah! y que no reseque y dé volumen; luego que nos pongan una mascarilla para hidratar y, después, nada mejor que un buen corte de pelo, que puede ir desde un corte bob francés, un pelo mariposa, ese que juega con capas invisibles que crean un efecto de movimiento o una melena midi ligera con efecto pluma en las puntas. En fin, que sobre gustos, los colores…

Además, y ya para terminar, os diré un secretillo: los peluqueros, si son buenos, se heredan. Por eso, yo ya le he pasado el mío a mi hija.

Publicado el 27 de marzo de 2025
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