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La lámpara maravillosa

"Por hache o por be" por Mariángeles Salas.

El otro día una amiga con la que tomaba café, me preguntó a bocajarro y como si de una adivinanza se tratara, que con quién creía que había estado soñando la noche anterior. Sonreí con picardía y respondí que con George Clooney. Ella, mirándome a los ojos, me contestó que había sido con una lámpara, la de Aladino. En ese momento pensé, que quizá ese decaimiento hormonal era síntoma de astenia primaveral, porque entre George y una lámpara... Pero aún así escuché de mi “Scherezade” un nuevo cuento de “Las mil y una noches”.

“Una mañana, en uno de los mercadillos de nuestra ciudad, un chico moreno y de grandes ojos oscuros, le ofreció, con una enigmática sonrisa, una vieja lámpara de aceite del Magreb. Cautivada por su atractivo físico, sacó el monedero y, sin mediar palabra,  pagó al joven lo que le pidió. Por el camino, de regreso a casa, se preguntaba cómo había sido capaz de malgastar de esa manera el dinero, cuando en realidad iba a comprarse unos zapatos de piel y un bolso a juego.

Así que después de llamarse tonta cuatrocientas mil veces, decidió regalar aquella lámpara usada a su suegra que tenía la casa como un bazar. Intentó limpiarla con un paño humedecido y fue, de esta manera, al frotarla, cuando se dio cuenta de que un extraño ser con figura humana salía de su orificio, diciendo, nada más verla: Te concedo tres deseos por haberme liberado, mi ama. Loca de alegría porque tenía un genio en su cocina, sacó un Moscatel, dos copitas, un plato de dátiles y agasajó a su invitado como se merecía. Al rato, aquella criatura de poderes sobrenaturales, tenía las mejillas sonrosadas y husmeaba dentro de la nevera como Pedro por su casa. Después de llamarle al orden, encendió la tele y le puso a ver el último capítulo de “La Promesa” para que se relajara, mientras ella pensaba en sus tres deseos.

Siempre había sido una mujer admirada por su solidaridad y civismo, pero en esos momentos de su vida anhelaba cambiar de aspecto físico. Para ello nada mejor que enseñarle al genio la fotografía de una famosa top model y decirle, con voz alta y clara: “igualita”. Advirtiéndole, un par de veces, eso de: “pero sabiendo lo que sé”.

El segundo deseo fue que hicieran muchas viviendas de protección oficial, para que todos los jóvenes que aún tenían que vivir con sus padres, por falta de medios, pudiesen independizarse y no esperar a tener las primeras canas para mudarse.

Trabajo, fue la tercera petición. Mucho, para todas las edades y sin discriminaciones.

Pero como necesitaba dar un “cambio radical” a su casa, se atrevió a engatusar al genio, con un pincho de tortilla y una mini coreografía de reggaetón para que le otorgara un último deseo, y él, entusiasmadito por tanto movimiento se lo concedió”.

Por eso cuando a la mañana siguiente sonó el despertador, y mi amiga se dio cuenta de que todo había sido un sueño, sintió un desencanto tan grande que estuvo haciendo pucheros toda la mañana, y no me extraña.

Aunque ya lo decía el insigne Calderón de la Barca: ...y los sueños, sueños son.

Publicado el 22 de abril de 2025
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