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La península de las casas vacías - David Uclés

Reseña realizada por Begoña Curiel.

Todavía no salgo de mi asombro. Lo inicialmente chocante va adquiriendo tintes de juego en esta oda a la metáfora, donde la descomposición de una familia simboliza la de un país. El realismo mágico y lo interactivo del texto en múltiples direcciones, hacen de este relato sobre la Guerra Civil algo único, por cómo se cuenta. La península de las casas vacías, vapulea. Prepárense.

Era tal el bombardeo de buenas críticas que ha recibido, que claudiqué aunque me resistía a leer otro libro sobre la Guerra Civil (creo que nos pasa a muchos que hemos leído infinito sobre el tema). Pero puedo asegurar que nunca me he encontrado algo parecido en un terreno tan trillado. Pensaba que el nivel de libertad creativa que me he encontrado, sólo se lo podían permitir escritores consolidados. El desparpajo de David Uclés es impresionante.

Por edad, podría ser nieto de la Guerra Civil y sin embargo, parece haber pisado la tierra donde sucedieron determinados acontecimientos. Según asegura en sus entrevistas, se ha nutrido de las historias que le contaba su abuelo además del trabajo de documentación, y aún así, cuesta creer lo que estás leyendo en las páginas de La península de las casas vacías.

Esperaba eldrama, y Uclés no se ha cortado un pelo. Esta novela no sabe de sutilezas. Sientes que el corazón se te hace añicos por mucho que hayas visto y leído sobre la memoria histórica.

La sinopsis es sencilla y complicada a la vez. Sencilla, porque el resumen podría ser simplemente: los vaivenes de la guerra noquean a la amplia familia de Odisto Ardolendo desde Jándula, un pequeño pueblo que emula a la tierra jienense de la que procede el autor. Pero el resumen puede ser algo si queremos abarcar todo lo que aborda la novela. El análisis en esta reseña es susceptible de ampliación. Se podría escribir otro libro sobre La península de las casas vacías porque es muy denso. Muchísimo.

Es una lectura que requiere de concentración y reposo. Te puedes perder con tantísimos personajes, necesitas saborear los detalles de historias y microhistorias, y gestionar las emociones que provoca. Incluidas las que causa la introducción de trazos de humor en un texto con escenas durísimas.

 

REALISMO MÁGICO: UNA MARAVILLOSA LOCURA

Es un auténtico desafío narrativo. Hacía tiempo que una novela no me obligaba a coger papel y bolígrafo. Necesitaba recopilar todo lo que  me llamaba la atención y tuve que dejarlo. Si no, no avanzaba en la lectura. Qué valor y qué mérito el de David Uclés tiene introduciendo  realismo mágico como recurso literario en un relato tan cruento.

Al principio, se me fruncía el ceño al ver cómo colaba colando elementos fantásticos. Me disgustaba, me hacía sentir incómoda; sonaba a irrespetuosidad. Necesité un tiempo para aceptar lo que sentía como “intruso”. Hasta que empecé a aceptar una invasión de acelgas por las páginas. Por ejemplo. ¿Qué es esto?, me decía. De qué va. Pero poco a poco, todo va fluyendo.

Acabas dando por buena la idea, como la partición física del territorio, la sangre que cubre España (en este caso Iberia, recordando que Portugal forma parte de la península) como si de una botella llenándose se tratara. Llega a parecer normal que haya personajes que viven en un cementerio, que se deshacen de forma literal, lloran arena –a veces en colores–, ¡y que cosen olas y hasta modifican los cristales por su forma de mirar! Es brutal. Magnífico.

Podría seguir hasta llenar páginas pero machacaría el arduo trabajo de Uclés, donde lo hermoso convive con lo grotesco con una naturalidad pasmosa. La mezcla desconcierta y conmueve. No es fácil salir indemne de esta lectura. Duele mucho. Impacta a golpe de metáforas, fundamental en el realismo mágico, una corriente literaria que siempre me llamó la atención.

Gabriel García Márquez e Isabel Allende son algunos de sus exponentes, con los que ya disfruté mucho de la introducción de lo irreal como algo cotidiano. Aunque este movimiento fue un boom latinoamericano del siglo XX, no olvido a una española, Cristina López Barrio. Se internó en el realismo mágico con La casa de los amores imposibles y me enamoró.

 

INTERACTIVA AL MÁXIMO

Vuelvo a los “juegos” de Uclés. Otro de los pilares de su novela es la voz narradora. Se sale de lo habitual. Supera todo lo que he visto hasta ahora. No sólo interactúa con el lector: esto lo conocía y hay que hacerlo muy bien para conseguir el efecto deseado. El escritor se arremanga y va mucho más allá; con él estallan reglas y cánones.

Veremos personajes que hacen comentarios sobre el narrador, conscientes de que están siendo contados. Incluso, le hacen reproches. El narrador también habla con nosotros sobre ellos y hasta nos cuenta los motivos de algunas decisiones relacionadas con la narración.

Algunas de sus tretas narrativas no me convencen, pero es imposible que absolutamente todo, sea de tu gusto en casi 700 páginas. Los diálogos multidireccionales son tan originales como delirantes. La cabeza me ha petado. Para bien, claro. Vamos, para hacerle una ola. Imagino que se lo habrá pasado estupendamente con este invento.

 

LA PAZ IMPOSIBLE

El mensaje de La península de las casas vacías es desolador. Los antecedentes de un país quebrado –parece decir–, lejos de difuminarse, gestaron las bases de una contienda permanente –esperemos que no sea eterna– aunque ya no suenen bombas ni pisemos cadáveres abandonados en el suelo.

Entre los famosos dos bandos, que en realidad fueron muchos, mezclándose con los hunos ni de los hotros, (no se extrañen, se van a encontrar cosas “raras” como esta en el texto), no hay que perder de vista a muchas otras víctimas: las que no se unieron a ninguna fila, como Odisto.

Según La península de las casas vacías, en mayor o menor grado, a su manera, todos fueron culpables. Los seres humanos se hicieron inhumanos, sembrando con desprecio y muchas veces, alegría –qué triste– el pánico entre sus semejantes. Pero, las innumerables tropelías cometidas contra la población generaron un grueso de muertos vivientes, de corazón y ojos resecos. Quien se enorgullezca de crímenes de los que deberían avergonzarse, allá con su conciencia sobre la almohada.

Esta novela quiere remover al lector en su asiento. Sin hacerlo expresamente, pregunta si creemos que merecen el perdón por muy justa que fuese su causa. ¿La excusa de la guerra justifica las barbaridades cometidas? A juzgar por lo leído, comparto lo que se deduce del texto de Uclés. La interpretación, ya saben, son libres.

La deshumanización fue condición indispensable en la desintegración de la familia de Odisto. Es un símbolo de todas las que sufrieron y cayeron en el olvido. Con cada microhistoria de la novela, se describe la dimensión del desastre, la miseria y el hambre que lastró el rumbo de un país. Este libro es sinónimo de desesperanza.

 

¿QUÉ ES VERDAD?

Necesitaría preguntar mil cosas al autor para confirmar cuántos detalles son ficción y cuáles pertenecen a la realidad. No dudo de que el trabajo previo de documentación ha tenido que ser extenuante (tardó más de 10 años en escribir la novela), pero hay cuestiones y anécdotas, que no sé si debemos achacarlas a la imaginación del autor.

Por supuesto, muchos pasajes rescatan sucesos reales: las masacres de Badajoz, la desbandá, la batalla del Ebro, etcétera, etcétera, etcétera. Aunque más o menos conozcamos estos capítulos de la Guerra Civil, es difícil saber punto por punto hasta dónde llega la ficción.

Otro aspecto a destacar de La península de las casas vacías: la introducción de personajes reales, que de forma cruzada, de lleno o de refilón caminan con los creados por el escritor. La lista es larga, entre políticos, artistas y personajes destacados en diferentes campos: Franco (con momentos para enmarcar), Azaña, George Orwell, Picasso, Victoria Kent, Robert Capa… Aportan atractivo a la trama paseándose en mitad de los escenarios como si tal cosa.

 

CAPÍTULOS CORTOS

Esta distribución acelera el ritmo pese a la densidad de la novela. Permite descansar, y se agradece cuando nos topamos con escenas escalofriantes que patean las entrañas. Hay algunos especialmente llamativos, con signos de puntuación “colocados” por Uclés, explayándose en su libertad, a su bola, pero una bola muy trabajada.

Capítulo aparte merece la portada de la novela. Me quedé prendada. Mis conocimientos de pintura son escasos, pero supongo que no soy la única a la que le ha venido Picasso a la cabeza.

Qué gran sorpresa, saber que el collage que reúne a muchos de sus personajes es obra de Rafael Zabaleta, pintor que comparte tierra natal con el escritor. Por supuesto, curioseé y comprobé que conoció al artista malagueño, y que influyó en su trabajo.

No puedo terminar esta reseña sin hablar de Almudena Grandes. Mi Almudena Grandes. No es la primera vez que declaro mi amor por una escritora que me hizo llorar cuando supe de muerte.

La menciono porque algunos lectores comparan esta novela con sus Episodios de una guerra interminable, de los que ELD, cuenta con varias reseñas de las novelas que conforman la serie (Los pacientes del doctor García, La madre de Frankestein, El lector de Julio Verne, Inés y la alegría, Las tres bodas de Manolita).

No, no se puede comparar porque compartan temática. Almudena Grandes fue única, pero haciendo otro tipo de novelas. Sin embargo es admirable la hazaña de David Uclés. Se ha coronado con su estilo muy personal. Otra cosa es que muchos cuestionen su visión y manera de narrar de un capítulo tan analizado, investigado y contado de la historia de España.

Vaya mi aplauso y reconocimiento por destacar entre tanta obra menor y sin trascendencia sobre los entresijos de la Guerra Civil. Eso sí, me pregunto cómo va a poder superarse a sí mismo con este listonazo tan alto que se ha puesto. Ocurra lo que ocurra, puede sentirse más que satisfecho con lo que ha conseguido.

Publicado el 15 de mayo de 2025
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