
Érase una vez un niño llamado Arturo al que le gustaba mucho jugar al fútbol. Siempre estaba ALEGRE cuando tenía una pelota entre los pies, pero mostraba su ENFADO cuando llovía, porque entonces suspendían el partido y no podían jugar en el campo. Por eso, él y sus compañeros miraban al cielo con MIEDO por si aparecía alguna nube negra, y detrás de ella toda una tormenta.
Aquella tarde fueron a entrenar, como todos los días, y la SORPRESA que se llevaron fue gigantesca. Allí en medio del campo de futbol, junto al entrenador, estaba el mejor jugador del Real Madrid, un futbolista muy simpático, y el que más goles metía en los partidos que jugaba contra otros equipos.
Arturo y sus amigos le saludaron dándole la mano como si fueran chicos mayores, y se hicieron varias fotos todos juntos. Esa tarde fue mágica ya que nunca imaginaron que uno de los mejores jugadores de fútbol del mundo estuviera sentado en la grada viéndoles jugar.
Cuando se despidieron de él, todos recibieron una camiseta firmada por el famoso jugador. Arturo, superfeliz, abrazó a su padre cuando fue a recogerle al entrenamiento, y le enseñó la camiseta que les había regalado.
Pero, de repente, algo pasó, algo que hizo que Arturo tuviese mucho, mucho…ASCO, y es que la camiseta se le cayó al suelo, justo encima de una caca de perro. Su padre le miró y, dándole un abrazo, le dijo que no se preocupase, que cuando llegasen a casa la meterían en la lavadora, y quedaría perfecta. Pero Arturo, con TRISTEZA pensó que la gente que tiene animales, debería de ser responsable, y recoger las cacas de sus mascotas para no ensuciar las calles de la ciudad ni las camisetas que se cayesen al suelo.
En ese momento, el cielo se llenó de nubes azuladas, y comenzó a llover.
Emotivo, fresco y cercano. Con ganas de leer más de la autora. Gracias!