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Ritualismo Brahmánico al Nacimiento del Drama Sánscrito - Parte 3

"Teatro de Guardia" por Carmen De Arriba Muñoz

 

 


Ritualismo Brahmánico al Nacimiento del Drama Sánscrito


PARTE III

… "Oh joven príncipe, estando en las garras de la muerte, no tienes control sobre tus

palabras. ¿Comparas un arco pequeño al poderoso arco de Siva, conocido en todo el

mundo?" Laksmana dijo sonriendo: "Escucha, santo señor, para mí todos los arcos

son iguales. ¿Qué ganancia o pérdida hay en romper un arco gastado? Sri

Rama lo confundió con uno nuevo, y simplemente con tocarlo, lo rompió en dos; el

Señor de los Raghus, por tanto, no puede ser culpado. ¿Por qué entonces, estar

enfadado, señor, si no hay motivo?" Mirando su hacha, Parasurama contestó: "Oh,

estúpido niño, ¿no conoces mi carácter? No quiero matarte, porque eres sólo un niño,

pero no me tomes por un simple anacoreta. He sido siempre soltero, pero muy

irascible, y soy conocido en todo el mundo como enemigo declarado de la raza

Ksatriya. Con la fuerza de mi brazo dejé a la Tierra sin reyes y se la doné una y otra vez a los bramanes.…

                                                                                                            El Rāmāyaa                             

                                                                                     Atribuido a Vālmīki (siglo III a. C.)

 

  • I INTRODUCCIÓN

Tal y como expuse en anteriores entregas, nos encontramos ante una de las tradiciones literarias más antiguas y prolijas del mundo, que aún hoy, seguimos desentrañando con asombro y reverencia. Es precisamente su excepcional longevidad, lo que motiva la necesidad en cada capítulo y en detrimento de la seductora inmediatez, de ahondar en los anales del tiempo hasta alcanzar las raíces védicas de una lengua que, por su ancestral sacralidad, inspiró todo arte y disciplina, todo conocimiento y cultura, toda vida y pensamiento. Un contexto insoslayable que nos permite  comprender la amplitud de un término tan latente en el idioma sánscrito, como es el de “pulido" o "perfeccionado". Dos simples adjetivos tan sólo en apariencia; pues lejos de su cometido estrictamente gramatical, ambos fueron concebidos para guiar al verbo y la palabra hacia un propósito incólume y sagrado: “el de revelar la condición más pura y elevada de lo humano y lo divino”.

El germen de su gramática –nacido en principio “por y para” la oralidad y la recitación– posibilitó la preservación generacional de gran parte del contenido de sus obras con extraordinaria fidelidad. Desde los textos fundacionales o himnos védicos, a los dramas, epopeyas, tratados religiosos, filosóficos y científicos; un inmensurable material que influyó profundamente en la mentalidad y cosmovisión de la antigua India, como eco de una voz universal… capaz de trascender la muerte y sus fronteras.

La cualidad milenaria de la India sánscrita, es por ende, centinela y custodia de importantes revelaciones sagradas, de inigualables hazañas literarias y de relatos que exploran las dimensiones de lo sobrenatural y los estados más sublimes del alma. Sin embargo, un aspecto no menos relevante -aunque sí más ignorado- es el de su literatura especulativa; conformada -como vimos en la sección precedente- por valiosos textos exegéticos dedicados en su mayoría a la interpretación y análisis de sus propias tradiciones, y al estudio de las más importantes ramas del saber como la literaria, la legalista, la filosófica, la religiosa o la científica. Gracias al mayor canal divulgativo de su tiempo, denominado: “ars interpretandi”, hoy tenemos registro de algunas de sus proféticas teorías y eminentes hallazgos.

Por estas y otras particularidades, resulta tan difícil identificar a todos y cada uno de sus autores, debiendo más bien ceñir este listado, a tan sólo algunos de los más influyentes y representativos de su época; ya fueran pertenecientes al período védico (al que corresponden los escritos de corte religioso y ritual), o bien al clásico (etapa que da inicio a la aparición de la épica, la lírica, el teatro o la filosofía). En cualquier caso, bien a través de sus epopeyas heroicas, de sus tratados filosóficos o de sus textos poéticos, cada uno de estos intelectos contribuyó a transformar su folclore y atávicas costumbres, en una impronta imborrable de la historia cultural y literaria de la humanidad.

Por último y antes de salvar del olvido su memoria, permitan que mencione una premisa esencial: “el carácter sobrehumano y legendario que in aeternum acompañó a ciertos nombres”.

Esta característica, debida fundamentalmente a la combinación de distintos factores -la naturaleza oral y colectiva de la tradición, la heterogeneidad de estilos y géneros o la pérdida y destrucción de innumerables textos-, propició en su mentalidad, una preponderancia sobre el contenido de las obras y no sobre la identidad de su autor. De hecho, orientalistas y académicos dudan todavía sobre qué constituye en realidad la "literatura sánscrita" y, de si habría que incluir en su vasta producción, todos aquellos escritos que, aunque compuestos en época tardía, se hallan sustancialmente influenciados por el sánscrito.

 

  • II AUTORES DEL PERÍODO VÉDICO AL POSCLÁSICO

Esta etapa –considerada como la más antigua de la literatura hindú- abarca un amplio margen temporal que comprende cuatro grandes bloques:

Período védico temprano o arcaico. (Iniciado entre el año 1750 a.C. y 1500 a.C.). Integra las primeras migraciones de los pueblos indoarios a la India y la aparición de los textos sagrados o Vedas (escritos primigenios del Rig-veda, compuestos en el Punyab, hacia la segunda mitad del segundo milenio a. C.).

Período védico tardío. (Anterior al siglo V a.C.). En esta fase los dialectos centrales se convierten en las lenguas elegidas para la composición de las partes más tardías de estos himnos, como es el caso del Atharva.

Período clásico o posvédico. (Siglo IV a. C. - X d. C.). Esta nueva etapa se caracteriza por un cambio sustancial en el contenido de los textos y en el lenguaje utilizado, pasando del sánscrito védico al sánscrito clásico; una evolución que dio paso al surgimiento de nuevos géneros menos ritualizados y religiosos, como la epopeya (itíasa); la poesía cortesana (kavya) –engloba a la lírica y la épica-; el drama (nataka) –obras sobre héroes y dioses) y la prosa (kathā). En este último género, surgen los célebres “puranas” o tratados enciclopédicos, que abordan muy diversas temáticas como: compendios religiosos –hindúes, budistas y jaimistas-, tradiciones, gramática, leyes, política, arte, amor…). El cuento, la fábula, el mito y la leyenda, cobran en este tiempo un protagonismo sin parangón.

Período posclásico. (ca. siglo XI – ca. XIII) Durante este ciclo se expanden y consolidan los géneros establecidos en la etapa anterior, manteniendo la diversificación sobre la temática y la forma. A este gran período también pertenece la vasta producción de literatura budista.

A diferencia de otras variedades del hindú antiguo, tanto el védico como el sánscrito –nacidos ambos de la gramática Panini y siendo el primero, una forma temprana del segundo- se convirtieron en prominentes lenguas elevadas; fruto de las constantes modificaciones sufridas en su lingüística a lo largo del tiempo. Estas variaciones temporales son las que dieron lugar a significativas diferencias dialectales y estilísticas, claramente visibles tanto en los Vedas o libros sagrados, como en los Brahmana y en los Upanisad.

La composición de himnos y rituales –propios de los textos primitivos- se hallan estrechamente vinculados a la teogonía o ciencia de los principios absolutos,  al origen y creación del espacio-tiempo, y a la naturaleza y evolución del alma. A este respecto y lejos de cuanto podamos pensar, dicha narrativa no nace de una autoría individual sino de una pluma colectiva: la de los "rishis-ऋषि o (videntes); considerados como los grandes iniciados y benefactores de las revelaciones sagradas, pues a ellos, se les atribuye –inspirados por la divinidad- la capacidad de ver más allá de lo mundano y material y por tanto, de revelar al mundo el elevado mensaje de las Sagradas Escrituras.

Entre los principales linajes o familias, encontramos diferentes clases de “rishis”, de acuerdo a sus atribuciones y al grado de composición. Los principales -considerados como los procreadores de la humanidad-, son los llamados “Saptarshi”; un grupo de estatus semidivino –cambiante en cada ciclo cósmico-, que se compone de siete sabios descendientes del mismo Brahma o Dios Creador, y cuyo papel principal es la mediación entre la raza humana y los dioses. Respecto de la característica versátil de sus nombres, existe un cierto consenso –a tenor de lo recogido en determinados Puranas-  sobre la identidad de algunos de estos “veedores”, a los que se les atribuye la autoría y transmisión de los himnos védicos. Entre los más destacados, se encuentran: Attri, Bhrigu, Kutsa, Vasishtha, Gautama, Vishvamitra y Vamadeva.

Shloka[1]

tad viddhi praipātena

paripraśnena sevayā

upadekyanti te jñāna

āninas tattva-darśina

 

Si te postras durante mucho tiempo

 Ante los sabios que han comprendido la Verdad,

Les haces preguntas y les sirves,

 Te instruirán en ese conocimiento.

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[1] Sloka o  श्लोक: Término que  proviene de śru ”'escuchar” y considerado en la literatura hinduista como la estrofa de verso indio por excelencia. Compuesto por diecisiete sílabas y desarrollado a partir del tipo de cuarteto poético llamado anustubh, es tratado como una copla. Cada hemistiquio (medio verso), de 16 sílabas puede tomar una forma pathiá (‘normal’) o una de varias vipulá (‘ampliada’).Su estructura es la más utilizada en la poesía clásica sánscrita, como por ejemplo el Mahabharata y el Ramayana (ambos del siglo III a. C. aproximadamente), epopeyas clásicas que constituyen el fundamento de la cultura india, están escritos en su mayoría en slokas.

 

En un segundo plano y dependiendo de su etapa histórica, existen otras clasificaciones que incorporan a otros cinco grupos de videntes o “rishis”, en función de su entrega a la intelectualidad evolutiva y trascendente. El primer escalafón lo ocupan los “Brahmarshis o Brahma-Rishis”. Pertenecen a la clase más alta de sabios. Su elevado autoconocimiento “Brahmajnana e iluminación, les confiere el saber de lo divino y supremo, y con éste, la omnisciencia. “Jivanmukta es el término que adquieren, tras comprender plenamente el significado de brahmán. A su muerte y tras alcanzar “Paramukti, el Brahmarshi se libera del “samsara”, término que engloba el ciclo de nacimiento y muerte. Valmiki -escritor del “Rāmāyaṇa”- y  Vyasa -escritor del “Mahabhárata” y compilador de los Vedas- son algunos de los autores más representativos.

El segundo orden lo ostentan los “Devarshis o Deva-rishis”; sabios de naturaleza divina, considerados como semidioses y mensajeros. Su capacidad para moverse entre los diferentes planos existenciales -cielo, tierra e infierno-, les  dota de una imbatible ventaja respecto a todos los demás. Narada Muni, es el más notable e incluso –según refieren ciertas esferas-, el único integrante dentro de esta clasificación.

En la tercera posición, hallamos a los sabios provenientes de la realeza llamadosRajarshis o Raja-rishis”.  A su naturaleza guerrera se suma también la de “santo”, ya que para los humanos y a pesar de no pertenecer al ámbito religioso, su alto grado de sabiduría, su dharma y sentido de justicia, les hace merecedores de tal santidad. A diferencia del resto, conviven en la dimensión de los mortales en función de su condición militar y ascendencia real; sin embargo, lejos de esta cuidada apariencia, son seres dedicados por entero a la realización espiritual. El rey Janaka, es un claro referente en este grupo.

En cuarto orden se encuentran losSrutarshis o Sruta-rishis”. Estos sabios son grandes versados en las Escrituras y Textos Sagrados. Su autoridad es irrefutable en la interpretación y composición de los shastras (conjunto de textos o tratados escritos en sánscrito sobre un sutra importante). Entre los más célebres se encuentra Parashara -padre del compilador Vyasa-, que expuso el “Parashara Smrti, y Shukracharya (también conocido como Usanas) autor del “Niti Shastra” o “Shukra Niti”.

Por último y respecto de la parte más ritualista de los Vedas,  destacan losKandarshis”. Estos integrantes -dotados igualmente de una elevada iluminación espiritual-, entregan su vida a la consagración de su principal propósito: convertirse en seres plenamente realizados. Jaimini, es el exponente más relevante en esta categoría, por su gran compilación del Purva Mimamsa” o filosofía del ritualismo.

La jerarquización aquí expuesta, es tan sólo una de las tantas recogidas en la incontable producción de las Escrituras Védicas; es decir, una mera categorización de los grupos más referidos en tales textos y en los que se detalla la función primordial de los citados “rishis” o portadores de la luz; como es la de iluminar a los postulantes del presente y del futuro, a través del conocimiento que les ha sido revelado. Un mensaje que recuerda a la humanidad, la existencia de un Alma Imperecedera más allá de la materia, de la misma vida y del efímero cuerpo. Sólo hallándola… podremos encontrar el camino hacia la felicidad, en éste y otros mundos.

Partiendo de este breve preámbulo, conozcamos -ahora sí- a algunos de estos grandes compiladores prototípicos del hinduismo, junto a sus obras y cronologías estimadas de su actividad literaria (que no de su nacimiento), pero como dije anteriormente, desde la más pura “aproximación”; pues como hijos y creaciones de su tiempo, sólo su pasado conoce la absoluta verdad sobre su vida y su existencia…

 

  • III PERÍODO VÉDICO (1500 – 500 a.C.)

Vasistha: (c. 1500–1200 a.C.). Considerado como uno de los célebres “Sapta rishis” de la época védica, es el fundador de una importante línea de pensamiento y autor de muchos de los himnos pertenecientes al séptimo mandala del “Rig-veda”; en el que aparece como sacerdote doméstico del rey Sudas; puesto al que su rival Visuá-Mitra, también aspiraba. En muchos textos tradicionales como el Mahabhárata, “Las Leyes de Manu” o los mismos “Puranas”, se recoge su extraordinaria labor, designándolo como uno de los ordenadores de los Vedas en la era duapara-iugá. Su inspiración -venida del vedismo primitivo y del mismísimo dios Váruna- conllevó su autonombramiento en el Rig-veda (7, 33, 11), como hijo de una “Apsará Urwasí” (deidad de la cultura hindú, que toma la forma de una ninfa acuática); un ascendente por el que adoptó su patronímico “Maitravaruni”.

 

Brahmarshi Atri: (c. 1500–1200 a.C.). Figura legendaria de la mitología hindú, a la que se reconoce como uno de los grandes eruditos de su tiempo, tanto por su gran sabiduría como por su infinito fervor. Su relación directa con la divinidad –considerado un hijo del dios Brahma-,  le convirtió durante el séptimo “Manvantara” -ciclo cósmico de gran extensión en la tradición védica- en un importante vidente y guía para la humanidad –cometidos que fueron revelados en el quinto mandala del citado Rig-veda-. Sus himnos alcanzaron la posteridad, dejando una profunda tradición espiritual de conexión con lo divino. La influencia de su linaje, conocida como “Atri Gotra”, produjo un gran influjo en la psique de las generaciones venideras, siendo un faro de conocimiento y devoción para futuros sabios y eruditos. Esta impronta contribuyó definitivamente a la construcción de la filosofía y de las remotas tradiciones hindúes.

 

Viśvāmitra: (c. 1200-1000 a.C.). Vishva Mitra es una de las figuras imprescindibles de la mitología hindú. Nacido como guerrero de la casta Kshatriya, desafió su destino -ligado a la lucha y la política-  para entregarse al conocimiento supremo y a la iluminación espiritual; un camino que le llevó a convertirse en símbolo de transformación y perseverancia en la narrativa sánscrita. Su incesante búsqueda de la verdad e incondicional entrega a rigurosas penitencias y extremos desafíos, le otorgó la máxima cualidad que tradicionalmente adquieren los sabios y sacerdotes, como es, la sabiduría suprema de un Brahmán; un propósito por el que rivalizó con otro gran maestro; Vasistha. Ambos protagonizaron una de las contiendas más célebres de la tradición india y a menudo, aludida en algunos escritos sánscritos de una manera tan simple y natural como si se tratase de una simple tradición histórica. Esta disputa -íntimamente ligada a dos reyes de Ayodhyā: Trayyāruṇa ​​y su hijo Satyavrata Triśaṅku- dejó tras de sí, un poderoso mensaje de determinación:

“…el destino no está escrito ni la grandeza de espíritu reside en la casta o el linaje de nacimiento,

sino en la disciplina, la renuncia y el sacrificio.

Es en ellas donde habita la voluntad de superación”

Su vida y enseñanzas quedaron reflejadas tanto en los Puranas –textos que compilan la antigua cultura de la India- como en el mítico Rāmāyaṇa; en el que desempeña un papel crucial como guía del héroe Rama y de Lakshmana; a quienes instruyó en el uso de las armas divinas para enfrentar los futuros desafíos. Para algunos estudiosos, la pluma de Viśvāmitra podría estar detrás de muchos de los himnos del Rig-veda          -primer texto de la India,  de mediados del II milenio a. C.-, incluyendo gran parte de su tercer mandala y el famoso “Gayatri Mantra (considerada como una de las oraciones más sagradas del hinduismo).

 

Agastya: (c. 1200-1000 a.C.). Pocos sabios dejaron una huella tan insondable en la vasta tradición védica como él. Para muchos fue considerado como el más ilustre de los  “sapta rishis” y un maestro del conocimiento y pilar fundamental en la evolución de las enseñanzas sagradas. Su eminente legado como mentor, quedó patente en destacados discípulos como: Prachina Ioguia, Shandilia, Garguia y Bharad Vaya (primo de Agastya). En torno a su figura, circulan leyendas  tan extraordinarias como el alcance de su  propio conocimiento. De hecho y según la tradición, se dice que llegó a este mundo sin ser concebido por una madre; circunstancia que lo sitúa en el plano de lo divino y milagroso.

 

Su producción literaria es un símbolo de discernimiento y trascendencia espiritual; cualidades que plasmó en textos proverbiales como el “Agastya-samhita”, y el “Sama-veda, del que se dice, inició una de las subramas de la Ranaiani. A su nombre y su linaje se les atribuyen además, varios himnos del Rig-veda, donde se recuerda que, lejos de la fuerza física, el verdadero poder radica en la profundidad de entendimiento y en la conexión con lo sagrado.

 

Gritsamada o Gritsa Madá: (c. 1.100-900 a.C.). Según algunas interpretaciones, su nombre emerge de la fusión de dos importantes aspectos que caracterizaron tanto su vida como su obra, y son: “devoción y sagacidad. De la combinación de ambos, nace el equilibrio de su pasión inteligente”. Su contribución al Rig- veda y en específico, en la escritura de 36 de los 43 himnos del segundo mandala, le reservó un lugar invaluable en la tradición oral y literaria; consideración que alcanzó junto a su hijo Kurma, con quien se dice, compuso  los himnos que abarcan del 27 al 29.

Son muchas las leyendas que giran en torno a Gritsa Madá, y que los diversos textos épico-religiosos recogen, como el libro 13 del Mahabhárata; primera obra que hace eco de su nombre. Más tarde, sería el “Visnú-purana” y el “Bhágavata-purana” (siglo X), las obras que recogerían su enorme  calado. Se le considera además, autor de otros himnos dedicados a Agni -dios del fuego- y a otras deidades,  en los que se refleja su estrecho vínculo entre lo divino y la experiencia humana. Su voz   -símbolo de inteligencia y pasión- guió a innumerables generaciones en su camino hacia la espiritualidad.

 

IV.PERÍODO ÉPICO Y CLÁSICO TEMPRANO  (500 a.C. – 300 d.C.)

ini: (c. 500–400 a.C.). Uno de los más grandes lingüistas y padre de la gramática sánscrita. Su imponente obra “Ashtadhyayi” le proporcionó el reconocimiento y la inmortalidad en la literatura hindú; texto que, por su gramática depurada y precisa, transformó  los métodos de estudio y análisis de la lengua sánscrita, elevando la misma al concepto de “ciencia”. En esta especie de manual –categorizado como de Tratado-  se organiza y compila el lenguaje desde un enfoque analítico y jerarquizado, sintetizando en tan sólo unos pocos principios o máximas, un inagotable “corpus” de reglas gramaticales; las mismas que establecieron las bases para el desarrollo de esta literatura y por ende, su preservación durante milenios. En el ámbito académico, éste es un autor de referencia y de obligada consulta para aquellos que se adentran en el estudio integral de la lingüística. Su metodología de aprendizaje  -anticipatoria para la época-  sigue muy vigente en la actualidad.

A pesar del eterno debate sobre la fecha de su existencia, determinados expertos lo sitúan alrededor del siglo IV a.C. Esta falta de evidencia sobre su nacimiento y biografía, hace que existan ciertas variaciones que dificultan la precisión de la misma; no obstante, la corriente principal y más aceptada por parte de  la mayoría de investigadores, lo ubica en el siglo IV a.C. y no en el IV o V d.C. Este último dato,  situaría su obra antes de la era cristiana, si bien su legado, sigue muy vivo en el presente.

 

Vyāsa o Krishna Dvaipāyana: (c. 400–200 a.C.) Su nombre significa literalmente “compilador” que, unido al término Veda, se convierte en “el que divide o clasifica los Vedas”. Su legendaria figura, se alza en el hinduismo como uno de los sabios más emblemáticos y venerados de la tradición. Su nacimiento -descrito en detalle en el Mahabhárata- está rodeado de intervenciones divinas y sucesos milagrosos y al igual que su vida, vinculado a fascinantes relatos mitológicos; de ahí, que muchos de los datos concernientes a este autor, se deriven de textos antiguos y tradiciones orales.

A pesar de su origen guerrero, se entregó -al igual que sus congéneres- a la espiritualidad, con el fin de alcanzar el ansiado estatus de brahmán. Su papel como maestro de grandes héroes, como el rey Rāma –personaje protagonista del Rāmāyaṇa- y de su hermano menor Lakshmana, resuena entre  las páginas de los Puranas, como un gran sabio y asceta del Vaishnavismo. Gracias a una mente preclara y organizativa, logró reunir y organizar el gran compendio de los Vedas; textos que hasta entonces se habían transmitido oralmente de mentor a discípulo. Se cuenta que, en un acto visionario y ante la popular creencia de que la memoria humana sería incapaz de retener tanta sabiduría, Vyāsa plasmó por escrito –antes de la era Kali- toda la literatura védica ancestral. De esta titánica labor surgieron los cuatro grandes Vedas “Rig, Sama, Átharva e Iyur” junto con los 108 Upanishads, los 18 Puranas y como no, la colosal epopeya del Mahābhārata[1]; obra en la que aparece por primera vez como autor y protagonista. La magnitud de su legado -como referente de la liberación espiritual y la búsqueda del conocimiento supremo-, quedó grabada en la escuela del Vedanta, donde la importancia de su obra resultó fundamental gracias a la sistematización de las enseñanzas filosóficas de los Upanishads. Su autoría también fue reconocida en obras fundamentales como las del “Brahma Sūtra” -textos vedánticos esenciales-, o las del “Yoga Bhāṣya” -compuesto entre los siglos VI y VIII d.C.

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[1]  El propio “Mahabharata” nos dice que Vyasa compuso primeramente un poema llamado “Bharata” que contenía esencialmente la historia de los cinco Pandavas tal como ocurre en la obra de Kamala Subramaniam. Más tarde compuso otros poemas complementarios relatando historias de las generaciones anteriores a los Pandavas, historias de sus descendientes, notas aclaratorias, resúmenes e incluso un índice o “Libro de Contenidos” en verso. Esa versión ampliada es lo que es denominada por los eruditos el Maha-Bharata, o Gran Bharata. “Recuperado de la fuente: https://torricelli.uvigo.es/libros/Mahabharata.pdf). Faro. E. (2008) Traducción al español del texto original “Mahabharata”, de Kamala Subramaniam.

 

Su condición de “Chiranjivis”  -uno de los siete longevos o inmortales-, le ha reservado un día en el calendario de la India, en el que se celebra con gran devoción el Festival de “Guru Purnima”, también conocido como “Vyāsa Purnima”.  Esta festividad que conmemora su nombre, se celebra el día de luna llena del mes de Ashadha, entre los meses de junio y julio, ya que según la creencia popular, esta fecha designa tanto el nacimiento del legendario sabio como el momento en que, insuflado por la inspiración divina, dividió los Vedas para proteger su conocimiento del olvido. Durante el “Guru Purnima”, todas las comunidades se reúnen para reverenciar a sus maestros espirituales o gurús, a través de numerosas ofrendas y coloridas ceremonias. En ellas se recuerda la importancia del saber y de la tradición oral, ya que ambos constituyen la base y el pilar fundamental del hinduismo y la fórmula de su transmisión generacional.

 

Patanjali: (c. 200 a.C.).  Al igual que ocurre con otros autores, no hay detalles cronológicos precisos. Algunos textos lo ubican en una amplia horquilla que oscila entre el siglo II a.C. y el siglo IV de nuestra era, pero no hay consenso sobre la fecha exacta y sí, muchas conjeturas. Es por ello, que su existencia se ha teñido  de misterio y de leyenda y los datos de que se dispone, provienen principalmente de la mitología y la tradición. Entre los muchos mitos que le circundan, se afirma que, como encarnación de “Ananta o Shesha” -serpiente cósmica que sirve de lecho al dios Vishnu-, descendió del cielo bajo esta forma, para convertirse en humano y transmitir a nuestro mundo su sapiencia sobre el yoga. Esta historia  cubierta de sombra e incertidumbre, no logró opacar su prominente lugar en la cultura hindú, como autor del “Yoga Sutras; un valioso Tratado fundacional que,  para los practicantes de esta antigua y milenaria disciplina, constituye una guía extraordinaria para adentrarse en el camino introspectivo de la mente y el cuerpo. A fin de entender el impacto que supuso este importante compendio, conozcamos –aunque de forma muy somera- su estructura y contenido:

Compuesto por 195 aforismos, traza un largo camino dividido en cuatro etapas esenciales: La primera comienza en el “Samadhi Pada, donde se exploran dos habilidades mentales indispensables para alcanzar un estado de paz y profundidad, como es: la meditación y la concentración. La segunda, iniciada en el “Sadhana Pada, brinda una serie de herramientas prácticas para cultivar el yoga en nuestro presente más activo; es decir, en nuestra vida cotidiana. Aquí comienza  el proceso de transformación personal que da paso a la experimentación de intensas y extraordinarias experiencias, descritas en la tercera y penúltima etapa: el “Vibhuti Pada”. En este punto del trayecto, florecen las habilidades y percepciones de una forma natural, para alcanzar después el verdadero propósito del yoga en la cuarta y última de todas: el “Kaivalya Pada”; en la que Patañjali nos conduce a la meta final: “la liberación de ataduras terrenales, la trascendencia del ciclo de vital,  la emancipación del alma y el encuentro con la libertad absoluta”.

Además de esta importante contribución, no podemos olvidar sus trabajos en otros campos como el de la gramática. En esta rama destaca su gran obra “El Majá-bhashia ”. Su contenido –ligado literalmente al significado de su nombre “Gran Comentario”, anuncia que se trata de un estudio profundamente analítico dentro de la tradición lingüística de la India, en la que se comenta, critica y debate, la célebre gramática de Pāṇini, llamada la “Aṣṭādhyāyī” (Su enfoque filosófico, lógico y argumentativo, lo convierte en un texto clave para el estudio de la lengua sánscrita.

 

Vālmīki: (c. 200–100 a.C.). Al igual que otros “rishis” -cuyos nombres simbolizan profundos y evocadores conceptos-, el de Vālmīki podría significar etimológicamente “hormiga” y simbólicamente “colina o montículo de hormigas[1]. Esta denominación -según la tradición hindú-, estaría vinculada a la transformación espiritual que este sabio alcanzó partiendo de unos orígenes humildes. Un entorno modesto que contrastaría con la grandeza de su obra y de sus enseñanzas y que refleja su conexión más íntima con la naturaleza.

Dentro de la tradición literaria de la antigua India, su mítica figura es recordada no sólo por la autoría del épico “Rāmāyaṇa”[2] -datada entre el siglo III y el siglo I a. C.- sino también,  por ostentar el título de primer poeta o “Adikavi[3].

Respecto de su origen, cuenta la leyenda que, inicialmente llevó una vida alejada de los valores espirituales –sobre esta etapa hay diversas hipótesis-pero que, tras su encuentro con el sabio Narada, abandonó su desviado camino para convertirse en un modelo de transformación personal y redención. Su historia –preservada oralmente- es en realidad un mensaje de esperanza que nos recuerda la posibilidad de renacer interiormente, incluso cuando el pasado parece contrariamente ineludible.  Vālmīki es por tanto, algo más que el autor de un gran poema; es un emblema del cambio interior, de la ilusión de un nuevo comienzo y de la eterna búsqueda de la verdad y el conocimiento.

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[1] Según la tradición hindú, se dice que Valmiki, cuyo nombre inicial fue como Agni Sharma, nació en el seno de una familia de brahmanes, en la región de Ayodhya; un origen sobre el que hay numerosas hipótesis y versiones. En algunas de estas narraciones, se menciona que llevó una vida privada de valores y rectitud, llegando incluso a convertirse en miembro de un grupo de bandidos. Sin embargo, tras su encuentro con el sabio  Narada, Agni Sharma comenzó a reflexionar sobre la importancia de la espiritualidad y la redención a través de la penitencia y el canto de la palabra “Mara”, cuyo significado “morir” tendría un efecto simbólico en su propia vida. .Al cabo de unos años de penitencia, este término se convirtió en “Rama” -un nombre del dios Vishnu-  formándose a su alrededor  enormes hormigueros, lo que le valió el nombre de Valmiki. Un camino de transformación en el que aprendió las escrituras de Narada, convirtiéndose en el más célebre y venerado de los ascetas.
[2] El Ramayana o Rāmāyaa  es una de las obras épicas fundamentales de la literatura india, atribuida al sabio Vālmīki, y cuya trascendencia y profundidad  han dejado una huella imborrable en la narrativa sánscrita. Se cree que este majestuoso poema fue compuesto alrededor del siglo III a. C., aunque algunos, como el renombrado escritor bengalí  Bhaktivinoda Thakur (1838-1914), sostiene que sus raíces se remontan al siglo V a. C. Forma parte de los textos sagrados conocidos como smti—aquellos que, a diferencia de las revelaciones divinas, se transmiten a lo largo de la tradición—el Ramayana se compone de 24,000 versos, repartidos en 7 volúmenes, lo que subraya su envergadura y complejidad. Su influencia e inspiración en el arte, la cultura y la religión,  dio lugar a su estudio y traducción  por parte de prestigiosos orientalistas y eruditos. Una epopeya que explora temas como el deber, la virtud o la eterna lucha entre el bien y el mal y que cautivaron el imaginario colectivo, hasta convertirse en un pilar histórico y cultural de la India.
[3] El término “Adikavi” es utilizado en sánscrito para referirse a Valmiki, como el primer poeta de la literatura india. Título que le fue otorgado por el ya-Śāstra“, y que destaca su papel como creador de la poesía épica en sánscrito, cuyo legado pervive en la composición de las epopeyas clásicas indias.  De igual forma, en el “Kavyashastra” se le reconoce como el compositor inicial de  “Shloka”; verso métrico característico de la poesía sánscrita, en la que ocupa la figura central denominada “Kavya-purusha”. Esta glorificación no solo refleja su  importante contribución al arte literario, sino también el carácter emocional de su obra, capaz de tocar las almas de generaciones futuras y cuyo estilo marcó un hito en la literatura hindú.

 

 

V.PERÍODO CLÁSICO  (100 – 800 d.C.)

Aśvaghoa: (c. 100 d.C.). Aunque se cree que “Ashua Ghosha” podría haber sido su nombre original, Aśvaghosa es en realidad, un apodo posterior. Nacido en el seno de una familia brahmán, en Saketa -actualmente Ayodhya, norte de la India-, es además de un alabado orador indio, un renombrado filósofo, músico y poeta; campo éste último, en el que se le consideró una figura clave en el desarrollo de la literatura budista sánscrita. Se cree que fue el primer dramaturgo en esta lengua  y el mayor exponente de la poesía india -anterior a Kālidāsa-; a la que incorporó tanto leyendas como ceremonias de la epopeya “Bharata”.

Si bien pertenece al grupo de escritores de corte budista - del cuál destaca de entre todos  sus integrantes-, sus composiciones y epopeyas escritas en sánscrito clásico -en contraste con la tradición brahmánica-, rivalizaron con la contemporánea y célebre Rāmāyaṇa. Su conversión al budismo en la edad adulta, le llevó a ejercer como consejero espiritual y religioso del rey Kanishka; perteneciente al Imperio kushan, siglo I de nuestra era.

Según su biografía más tradicional, este “asceta errante” fue capaz de derrotar a todos los que participaron en sus debates, a través de su refinada pero inteligente dialéctica; una cualidad que le permitió transmitir las nobles doctrinas de forma nítida y compacta, deleitando el corazón de cuántos se adentraron en sus poemas.

Con independencia de su gran obra “Śāriputraprakarana” -drama que ha sobrevivido en lengua sánscrita-, Aśvaghoṣa dejó extraordinarios textos para la posteridad, como el poema épico sobre la vida de Buda “Buddha-charita”, considerado un texto clave del “Mahāyāna y según palabras del monje I-tsing (Yijing), ampliamente popular en su época; y la epopeya "Saundara-nanda-kavia",  obra dividida en dos partes, en la que se describe tanto la historia de Nanda -medio hermano de Buda en busca de salvación-, como las doctrinas budistas y las prácticas ascéticas.

Otros trabajos atribuidos a su persona -aunque de autoría cuestionable-, son:“Tridaṇḍamālā (compendio preservado en un único manuscrito sánscrito, que recoge diferentes pasajes de sus obras como “Śokavinodana[texto completo y de género elegíaco, que analiza el duelo ante la muerte y exalta el concepto de impermanencia]); y “Vajrasūcī” (poema de corte social y mismo título que el escrito siglos después por Adi Shankara, en el que se critica duramente el sistema de “castas o varnas”, determinado       según la religión védica, por el linaje y nacimiento). El influjo de este texto   -descubierto en las hojas de palma del manuscrito de Shankara “Vajrasuchi Upanishad”-, ha perdurado en las tradiciones budistas, hasta el punto de convertirse en objeto de numerosos estudios por parte de especialistas y académicos.

Bhāsa: (c. 200 d.C.). Es con diferencia, uno de los primeros dramaturgos de la literatura sánscrita y al igual que algunos de sus congéneres, un enigma en cuanto al lugar y fecha de nacimiento. Se estima que vivió después del escritor y filósofo Aśvaghoṣa (siglos I-II d. C.) y que por tanto, su existencia es anterior a la de Kālidāsa. De hecho, en la época de este último (siglos IV-V), ya gozaba de una gran notoriedad y reconocimiento, hasta tal punto, que es el autor del célebre “Shakuntaláquien lo menciona en el prólogo de su primera obra “Mālavikāgnimitram”, confesando el enorme reto que supone escribir para una audiencia tan acostumbrada a la calidad de los dramaturgos antiguos, como Bhasa.[1]

Muchas son las especulaciones generadas en torno a su biografía; prueba de ello, es que no hay consenso sobre determinados aspectos de su vida. Manohar Laxman Varadpande -distinguido erudito e historiador del teatro y la cultura hindú-, lo sitúa en el siglo IV a. C.; mientras que el académico británico Richard Stoneman, afirma que podría haber pertenecido al período “Maurya tardío” y que por ende, ya era conocido en el siglo I a. C.; teoría que de ser cierta, situaría a las trece obras atribuidas a Bhasa, más cerca del siglo I o II d. C.

Conjeturas aparte, de lo que no hay duda, es de la gran admiración que este autor despertó en importantes poetas de la época, como Kālidāsa o como Bana (siglo VII d.C.); algo que evidencia notoriamente la magnitud de su gran legado e influencia.

Durante siglos, las obras de este autor se consideraron “perdidas”, y sólo se le conocía por las numerosas referencias recogidas en otros textos, como el “Kāvya-mimāmsā” de Rajashekhara, donde se le atribuye la obra “Swapnavāsavadattam” -drama compuesto en seis actos e inspirado en las narraciones románticas sobre el rey kaushambi Udayana y Vasavadatta; hija de Pradyota-. Sin embargo, es en 1910, cuando el orientalista Ganapati Shastri, redescubre un compendio de trece obras manuscritas en Thiruvananthapuram (Trivandrum), capital del estado de Kerala, en el sur de la India. El hallazgo de estos textos, permitió conocer el carácter transgresor de Bhāsa; capaz de llevar a escena la violencia física y la muerte, en contraposición con la dramaturgia más clásica y tradicional que pretendía alejarse de la tristeza y los finales trágicos. Esta característica     -radicalmente opuesta a los dictados del famoso Nāṭya-Śāstra-, evidencia la antigüedad de sus obras y por tanto, la fecha de su nacimiento; pues toda la literatura posterior al poeta Kālidāsa, si  cumple rigurosamente con estos preceptos. La recuperación de estos trabajos, supuso la resurrección de un poeta y dramaturgo esencial, para comprender la evolución del teatro sánscrito en toda su complejidad.

En su vasto legado -inspirado mayormente en los poemas épicos del Rāmāyaṇa y el Mahābhārata-, destacan textos de gran profundidad, aunque de extensión más breve en comparación con los de otros dramaturgos posteriores. Basados en el primero, encontramos: “Dūta-Vākya” (“El mensaje del mensajero”), “Karṇa-bhāra” (“La carga de Karna”), “Dūta-Ghaṭotkaca” (“Ghaṭotkaca como mensajero”),Ūrubhaṅga” (“El muslo roto”), “Madhyama-vyāyoga” (Titulada: “La parte media”) y “Pañcarātra” (Conocida como “Las cinco noches”).

Inspiradas en el Rāmāyaṇa destacan: “Pratimā-nāṭaka” (También conocida como “Las estatuas”) y “Abhiṣeka-nāṭaka” (Conocida como “La coronación”). A este nutrido elenco, habría que sumar las obras basadas en la historia de Bṛhatkathā, como son: Pratijñā-Yaugandharāyaa” (“El voto de Yaugandharayana”), “Svapnavāsavadatta”  (“Vasavadatta en el sueño”),  “Avimāraka” (“El mundo encantado del amor”) y “Daridracárudatta” (“El pobre Carudatta”).

Harivaṃśa o Bala-charita” (“La dinastía de Hari o el relato de la infancia”) y “Yajñaphalam, son textos atribuidos igualmente a su persona.

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[1] En la introducción a su primera obra, Mālavikāgnimitram , Kālidāsa escribió: "¿Debemos ignorar las obras de autores tan ilustres como Bhāsa, Saūmilla y Kaviputra? ¿Puede el público sentir algún respeto por la obra de un poeta moderno, un Kālidāsa?"

 

Bharata Muni: (c. 200 d.C.). Este legendario y enigmático autor, emerge en los albores de la tradición artística de la India, entre el 400 a.C. y el 200 a.C.; una imprecisión que refleja las múltiples hipótesis que se ciernen en torno al mito y en particular, al monumental  impacto de su obra magna “Nāṭya-Śāstra” (sobre el mismo y su controvertida autoría, me detendré en una próxima entrega). Este enciclopédico “corpus”, considerado como el Tratado más antiguo sobre poética, composición y artes escénicas, expone a través de sus 36 capítulos, una visión integrativa acerca de la génesis y evolución del arte, de la interpretación, de la música y de la danza. Su publicación en Occidente, supuso un verdadero acontecimiento cultural, al descubrir -a este lado del mundo- la vigencia de un pensamiento teórico-práctico tan antiguo, como los orígenes mismos de la dramaturgia y de la representación escénica. Muy pronto, este compendio se convirtió en la base teórica de las escuelas actorales contemporáneas; pues sabedoras de su importancia, se sirvieron de las notables técnicas y principios en él recogidas.

De esta forma, el concepto de dramaturgia, gestualidad, escenografía, música o estética –ampliamente analizados en sus páginas- cobraba un significado distinto ante la idea de que cada uno de estos elementos pudiera conectarse a su propia emoción; desvelando de esta forma, las leyes naturales que rigen las historias y sus personajes, las notas convertidas en melodía, el paso del gesto a la acrobacia y todos aquellos recursos narrativos y visuales que gobiernan la creación.

Dos claros ejemplos del impacto e influjo de esta obra son, en primer lugar, la llamada “Teoría del rasa, o “Teoría del gusto”; texto resultante de una serie de comentarios escritos por un conjunto de autores que, a lo largo de cuatro siglos (s. VIII al X) y como fruto de profundos debates y rigurosos análisis, redactaron sobre el capítulo VI del citado “Nāṭya-Śāstra. Con el paso del tiempo, este cuerpo teórico se fue refinando hasta ser sintetizado por el escritor y pensador Abhinavagupta; una labor doblemente valorada, pues, debido a la pérdida de los escritos precedentes, esta guía no sólo procuró extraordinarias referencias del citado Tratado, sino que además, contribuyó al entendimiento y la valoración del arte hindú; concebido como un puente emocional entre la representación escénica y  aquel, que finalmente la contempla: el espectador.

En la Teoría de Abhinavagupta, se definen nueve “rasas” principales: śṛṅgāra (amor), hāsya (risa), karuā (compasión), raudra (ira), vīra (valor), bhayānaka (miedo), bībhatsa (disgusto), adbhuta (asombro) y śānta (paz). La combinación entre sí de dichas emociones o estados estéticos, podría     -según su autor- elevar la consciencia del público hasta la experimentación de una catarsis; como así defienden determinadas disciplinas clásicas de danza y música hindúes, a través de la práctica teatral denominada “Kutiyattam (tradición ancestral con más de 2000 años de antigüedad y todavía vigente en el estado de Kerala).

 

Kālidāsa: (c. 400–500 d.C.). Venerado en la India como uno de los más excelsos dramaturgos y poetas clásicos, es indudablemente, el más célebre a este lado de Occidente. Su nacimiento -cuya datación vuelve a impregnarse de misterio e incertidumbre-, se podría fechar alrededor del siglo V–VI de nuestra era. Esta aproximación cronológica nace -según los expertos europeos- de su posible vinculación con los navaratna” o nueve gemas, durante el legendario reinado del rey Vikramāditya (supuesto fundador de la era Vikrama). El fundamento de esta hipótesis, surge de numerosas referencias encontradas en diferentes escrituras, que le mencionan -junto al célebre astrónomo Varāhamihira (505 d.C. - 587 d.C.)- como uno de los integrantes de dicho grupo de sabios. No obstante y en contraposición a esta teoría, reputados indólogos y orientalistas occidentales lo ubican durante el reinado de Chandragupta II, alrededor del siglo IV y V d. C.; pudiendo haberse prolongado su carrera hasta el dominio de Kumāragupta I (r. 414 d. C. - 455 d. C.), y posiblemente hasta el de Skandagupta (r. 455 d. C. - 467 d. C.).

Sobre su lugar de origen –igualmente ligado a no pocas leyendas y especulaciones- se cita un nutrido paisaje que abarca desde las tierras del Himalaya -en las cercanías de Ujjain y Kalinga- a la Cachemira e incluso, al estado de Uttarakhand, en la División de Garhwal.  Aunque no se conocen datos contrastados sobre su infancia, podría haber pertenecido –a juzgar por sus poemas- a la casta brahmán. Muchos son los mitos creados en torno a su figura y a su obra; de hecho, uno de los más difundidos sobre su etapa de juventud, cuenta que al  ser Kālidāsa un hombre de gran belleza, fue elegido como esposo por la princesa Vidyottamā[1]. Estas y otras narraciones, forman parte del rico folclore que rodea su persona y que, si bien, son infundadas desde un punto de vista histórico, sí son el reflejo de su gran legado e inspiración.

Su capacidad para embellecer el lenguaje y combinar entre sí elementos tan esenciales como el amor, el deber, la profundidad emocional o la belleza natural, elevó el “kavya” -tradición literaria que abraza tanto lo épico como lo dramático- hasta un plano espiritual y trascendente. Podría decirse, que es en el género de la poesía donde halló el camino hacia la esplendidez y la eternidad; ejemplo de ello, son sus poemas Abhigyan Shakuntalam(“El reconocimiento de Śakuntalā”) y “Meghadūta”. El primero -considerado como una de las joyas más preciadas de la literatura sánscrita y traducido a una lengua no india-, consta de siete actos y narra la historia de amor entre el rey Duṣyanta y la doncella Śakuntalā; hija adoptiva del sabio Kaṇua. En este drama se inicia la búsqueda de la naturaleza y el alma humana, a través de temas tan universales como el amor, el destino y la redención. En el segundo -centrado en el exilio de “yaksha” (un espíritu de la naturaleza separado de su amada esposa)-, son las palabras de una nube las que tienden entre ambos, un puente entre el anhelo y la esperanza, la fugacidad del tiempo y la belleza.

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[1] En otras versiones de esta misma historia, esta joven -de reconocida erudición-, sólo consentiría en desposarse con aquél que la superara en sabiduría. Los sabios del reino, considerándolo una muestra de arrogancia, conspiraron para presentarle a Kālidāsa, esperando que la falta de educación y conocimientos de éste, la avergonzara. Engañada por su apariencia, la princesa aceptó el enlace, sintiendo una profunda humillación al descubrir la ignorancia de su esposo. Fue así, como este joven avergonzado y sin educación, buscó refugio en un templo de la diosa Kālī –de quien toma su nombre como esclavo de kali- donde penitente, imploró por alcanzar la sabiduría; la diosa –finalmente conmovida- le otorgó el don de la creación literaria, junto a la poesía y el conocimiento. Kālidāsa regresó transformado en erudito y poeta, obteniendo el respeto de toda la corte y en especial, de su esposa.

 

A este autor se le atribuyen además, dos epopeyas líricas donde lo humano y lo divino se funden en una danza simbólica de naturaleza y mitología, de simbolismo y de elegancia lírica: el “Raghuvaśa –texto épico que narra las hazañas de un linaje legendario-, y el “Kumārasaṃbhava -obra del mismo género, en la que se describe el sagrado nacimiento del dios Kartikeya.

Además de su inestimable contribución en el campo poético, su pluma también destacó en otros ámbitos artísticos como en losShilpa Shastras”   (“Ciencia de Shilpa”, artes y oficios); cuerpo de textos fundamentales que abordan la ciencia del arte y la arquitectura en la tradición india, especialmente en lo relativo a la construcción de templos hindúes. A este compendio habría que sumar una obra de tipo secundario: “Vishnudharmottara Purana”, en defensa de la preservación y adaptación de las tradiciones culturales sánscritas. El teatro y las artes escénicas también se vieron enriquecidos por su legado innovador, reinventando los convencionalismos del conocido Nāṭya-Śāstra, cuya narración y estética dramática conectó a los “Mahapuranas”; esos grandes puranas que custodian la historia y los rituales de la cultura india.

En la esfera del liderazgo y la gobernanza, la influencia de este poeta también quedó reflejada en el marco del “Artha-shastra”; un antiguo Tratado indio que recoge las enseñanzas de Kautilya acerca de la política, la economía y la estrategia militar, y en el que las reflexiones de Kālidāsa sobre la recolección de impuestos y los ciclos naturales, subrayan que la responsabilidad inherente a un gobernante, debe hallarse en perfecta sintonía con el “dharma y el deber que rige la vida hindú.

En definitiva, este autor no sólo es el hacedor de obras tan memorables como las ya mencionadas; es además, un símbolo viviente de la herencia cultural de la India; un poeta cuya voz inspiró a los grandes referentes de las generaciones venideras como Magha y Bhavabhut, a quienes inculcó el gran poder de la lírica como instrumento de narración y de eterna armonía entre arte, cultura y sabiduría.

 

Bhartrihari: (c. 400-550 d.C.).  Este poeta, filósofo y gramático de la lengua sánscrita clásica,  adquirió su gran notoriedad por sus aportaciones al campo de la lingüística, la gramática y la filosofía. Aunque no hay datos fidedignos acerca de la fecha de su nacimiento, existe un cierto consenso por parte de los eruditos, que lo sitúan en Ujjain -Malwa, India-, en el siglo V de nuestra era, entre el 485 y el 540 d. C. Vinculado a la corte de Valabhi (actual Vala, Gujarat), decidió alejarse del mundanal ruido para encontrar un significado superior y trascendente. Sin embargo, lejos de conseguir tan alto cometido, su ambivalencia entre lo terrenal y lo asceta, le llevó a vivir como un yogui hasta el momento de su muerte.

 

La calidad de sus obras, fue objeto de estudio en diferentes tradiciones filosóficas indias, como el Vedanta y el Mimamsa; un interés que también suscitó entre los académicos islámicos y occidentales, plasmado en importantes traducciones y comentarios de sus textos. La publicación en diversos idiomas de su poema el “Śatakatraya” -actualmente venerado y estudiado en las escuelas del país-, le permitió traspasar las fronteras, llegando así, a un mayor número de lectores.

 

Su célebre trabajo sobre la filosofía del lenguaje “El Trikāṇḍī” -conocido como “Vākyapadīya”-, le reservó un lugar privilegiado en la historia de la literatura,  por su análisis exhaustivo de la gramática y sus fundamentos metafísicos. El texto se divide en tres ṇḍas o secciones: “Brahmakāṇḍa” (“Libro de Brahmán”), “Vākyakāṇḍa” (“Libro de las Sentencias”) y “Padakāṇḍa” (“Libro de las Palabras”), donde se presentan los Vedas como la fuente del conocimiento y el organizador del mundo. La lectura de este texto, supuso para los iniciados, una guía (upadestr) en el camino de la apropiada conducta, y una esencia (prakrti) subyacente, entendida como la parte más ínfima que conforma el todo, y con él, el universo. Para Bhartrhari, las palabras son las únicas capaces de expresar la realidad última, pues sólo a través del lenguaje y la cognición se puede alcanzar la liberación espiritual; concepto al que denominó "Shabda-Brahman".

 

En el campo de la poesía hay que destacar su obra: “Śatakatraya”, una compilación de poemas de corte sapiencial, escritos en tres centurias o Śatakas, de 300 versos, que reflejan sus ideales morales y ascéticos. La primera dedicada al amor y a la mujer; la segunda a la sensatez y las obligaciones del hombre y la tercera y última, dedicada a la renuncia y al arte de la meditación.

 

Dandin: (c. 550–650 d.C.). Aunque no hay información precisa sobre su vida, muchos estudios sitúan a Dasha Kumara Charita​​ Dandin (nombre de nacimiento) en la ciudad de Kānchipuram o Kānchi -cerca de la actual Madrás, entre el año 550 y 650 de nuestra era-. Tanto la tradición como los críticos e historiadores, coinciden en la atribución de dos obras esenciales: “El Kāvyādarśa (“Tratado de poética”) y la sección principal del “Daśakumāracarita” ("Las aventuras de los diez príncipes"); de este último romance -nacido en prosa y escrito durante su etapa de juventud-, sólo se conservan ocho capítulos que comienzan de forma muy abrupta. Esta incompletud -por pérdida de la primera y la tercera parte- parece indicar que tanto el principio como el final, pudieran haber sido escritos con posterioridad por parte de varios autores.

El “Kāvyādarça”, catalogado como el “Tratado poético” más antiguo en lengua sánscrita, pronto se consolidó como un texto fundacional para los literatos posteriores que se adentraban en el género. Alejada del esquematismo restrictivo de la literatura clásica, la obra muestra la decadencia de ésta última, en pro de una poesía más lírica y embellecida; cuyo estilo, estética, palabra y significado, constituyen el fundamento mismo de las figuras y de la estructura poética. Dividido en tres partes claramente diferenciadas, encontramos en la primera, una detallada clasificación de las distintas formas líricas, los registros lingüísticos y las cualidades estilísticas que pueden emplearse en cada composición; el segundo bloque, se centra principalmente en el estudio de las figuras retóricas, y en las funciones y aplicaciones en la poesía; y en la tercera y última, se abordan los diferentes juegos fonéticos destinados a enriquecer el lenguaje, como son los acertijos sonoros y los recursos estilísticos.

En el “Daśakumāracarita” -escrito entre los siglos VII y VIII d.C.-, se narra las aventuras de diez jóvenes; los “Kumaras”, hijos de príncipes y ministros reales. Las tres partes que componen esta obra son: “La Pūrvapīṭhikā” o (Prólogo) -dividido a su vez en 5 capítulos-; una narración central que da nombre al título -compuesta por ocho capítulos-; y por último, un apéndice breve o epílogo -sin subdivisiones- que aparece como un segmento independiente en los textos conservados, al que se conoce como “Uttarapīṭhikā. Su argumento -profundamente marcado por una realidad social y moral decadente-, expresa, a través de la conducta de ciertos personajes marginales como los ladrones y los estafadores, el profundo desencanto de su autor, desde un punto de vista ético y religioso. Aunque la naturaleza estética de este romance, pudiera compararse en cierto modo con “El Decamerón o Príncipe Galeoto” (obra de G. Bocaccio), Dandin          -precursor de la novelística india- logra ir un paso más allá, al ofrecer una destreza narrativa en clave de humor, capaz de describir con gran profundidad y crudeza, el mundo y la sociedad que lo rodea.

 

abhaṭṭa: (c. 620–680 d.C.). Este célebre prosista sánscrito, fue reconocido por su importante labor como poeta o “Asthana Kavi” en la corte del rey Jarsha Vardhana -perteneciente a la dinastía Pushyabhuti-, durante su reinado entre el 606 d.C. y el 647 d.C., en el norte de la India.

Con independencia de los datos existentes acerca de su lugar de origen, ubicado en Pritikuta, a orillas del Hiraṇyavāhu (actual río Son);  Banabhatta nace bajo el seno de una familia brahmán, perteneciente al clan Vatsiaiana, en el actual distrito de Aurangabad -estado de Bihar-. Su ascendencia y primeros años de vida, han sido reconstruidos a partir de los versos introductorios del “Kadambari” -reconocida como una de las primeras novelas, ultimada a título póstumo por su hijo Bhūṣaṇabhaṭṭa- y de los dos primeros “ucchāvasas del Harṣacarita o Jarsha-charita” (“Las hazañas de Jarsha”); esta última -centrada en la ascendencia y vida del rey Jarsha, hasta el rescate de su hermana Rayia Shri-, es considerada como el germen del género histórico y biográfico en lengua sánscrita.

La inquietud de Bāṇa por reflejar las condiciones de vida en el campo y las costumbres populares, permitió al gran público conocer determinados aspectos históricos y sociológicos de su tiempo y de su sociedad. Sus innumerables referencias al Nāṭya-Śāstra y al Devīcandraguptam -drama político indio escrito en sánscrito y atribuido a Vishakhadeva-, muestran la gran influencia de las artes escénicas en su tiempo y el valioso patrimonio cultural de la India, basado en su conexión con la espiritualidad hindú.

De su etapa más joven, se sabe que marchó tras la muerte de su padre, para emprender una vida errante. Sin embargo, tiempo después regresó a su pueblo natal, donde obtuvo el favor de su rey como prosista de la corte. De este primer período literario, la biblioteca Banbhatta Pustakalya, atesora preciados manuscritos en bhoj-patra (corteza de árbol bhosh) y en talpatra (corteza de árbol tal).

Ademas de “Harṣacarita” y “Kadambar,  a Bāṇabhaṭṭa se le atribuyen otras valiosas composiciones como "Caṇḍikāśataka", “Ratnavali” y un drama titulado "Pārvatīpariṇaya". De su admirable producción, se dice que abarcó todo lo que existe, tal y como expresa la frase: "banochhistam jagatsarvam"; que significa: “Bāna ha descrito todo en este mundo, dejando nada sin contar”. La influencia de su legado ha dejado una huella imperdurable en la literatura sánscrita y en expresiones tan particulares como ésta:

“kadambari rasa-gñanam ajaro api na rochate”

‘del Kadambari los que conocen el sabor, en comer sin embargo no se interesan’.

Bhavabhūti: (c. 700–750 d.C.). Srikantha Nilakantha -nombre de nacimiento-, está considerado como uno de los más importantes dramaturgos hindúes. Nacido en el siglo VIII de nuestra era, en el asentamiento de Padmapura (región de Vidarbha, actual estado de Maharashtra -distrito de Gondia-), es hijo de Nīlakaṇṭha y Jātukarṇī y descendiente al parecer, de una subcasta brahmán, llamada Udumbara y perteneciente al clan Kasyapa Gotra. Recibió su educación en Padmapawaya -cerca de Gwalior-, y se cree que fue discípulo del venerable Jñananidhi y quizá, también de Kumārila Bhaṭṭa; formación académica que le permitió su entrada como poeta y dramaturgo en la corte de Yashovarman, rey de Kannauj.

Gran conocedor de la métrica poética y de los diferentes “rasas” o estados de ánimo, incluyendo el “Shringara y el “Vira -propios de la literatura sánscrita-, Bhavabhūti aunó la tradición del Kavya y del Nāṭya-Śāstra, para visibilizar temas tan relevantes como la educación de las mujeres y las costumbres sociales. Su cuidada narrativa -equiparable en prestigio y calidad a la de Kālidāsa-, no sólo abarca lo romántico sino también, lo sensitivo y emocional; así,  el “Shringara o “sentimiento erótico y el “Bhayanaka-Rasa” o “sentimiento terrible”, son representados en su "Malatimadhava" al más puro estilo Vaidarbhi riti -composición poética clásica que evita las palabras compuestas en pro de una mayor dulzura y claridad en el texto-. La práctica de esta técnica literaria, transformó sus palabras -melódicas y sencillas- en un arma de seducción para el espectador. Sus tres dramas principales son: “Uttararāmacharita” -obra compuesta en siete actos y extraída de sucesos del Rāmāyaṇa, que relata la vida adulta de Rāma, incluyendo su coronación, el exilio de Sītā y su posterior reencuentro-; “Mahaviracarita” -nacida del mismo texto que la anterior, en la que se describe la etapa de juventud del citado héroe como guerrero- y por último, su obra maestra: el “Malatimadhava” -perteneciente al géneroprakarana”, que relata en diez actos la historia de amor entre Mālatī y Mādhava; un argumento definido por Klein, como el “Romeo y Julieta indio con desenlace feliz”. La tendencia sivaíta -no ortodoxa sino sincretista- de este autor, supuso que todos sus dramas fueran representados en las fiestas populares en honor al dios Shiva.

 

VI.PERÍODO MEDIEVAL TEMPRANO  – TARDÍO  (800 – 1700 d.C.)

Shankara: (c. 788–820 d.C.). Posiblemente el filósofo y teólogo más excelso de la India -también llamado Adi Shankaracharya-. Se le considera el máximo exponente de la doctrina advaita-vedānta; filosofía que consolidó a través de un corpus de textos inspirados en los antiguos tratados “shankara-vijayas (vidas tradicionales de Shankara), y en los que disciplinas como  la metafísica, la mitología y la historia, convergen e interactúan de manera intrínseca hasta fundirse en perfecto equilibrio.

Sobre el lugar y fecha de su nacimiento, destacan dos hipótesis que se imponen con cierta diferencia. La primera lo sitúa alrededor del 788-820 d. C., ubicando su alumbramiento a finales del siglo VIII, en el año 14 del reinado de Vikramaditya, según los datos del templo de Śringeri Śāradā Pītham; único monasterio o matha que ha mantenido un registro relativamente íntegro de sus “ācārya” o maestros. La segunda teoría, cifra esa cronología mil años atrás, entre el 509 - 477 a. C., datación tomada de dos importantes apuntes; el de los mathas de Dwaraka y de Puri, y del perteneciente al quinto Pītham; texto no canónico en Kānchi (ciudad del estado indio de Tamil Nadu).

Cuenta una hermosa leyenda, que tras una aparición del dios Shiva a los padres de Shankara, éstos decidieron que, en vez de una descendencia numerosa pero nada brillante, deseaban un sólo hijo cuya vida fuera corta, pero admirable. De esta elección nació Ādi Śaṅkarācārya, en el pequeño pueblo de Kaladî, en Kerala, al sur de la India.

Con tan sólo cinco años y tras la muerte de su padre, el pequeño recibió la iniciación brahmánica y el estudio de los textos sagrados. De mente preclara y memoria prodigiosa, se dice que memorizó los cuatro Vedas en tan sólo tres años. Ya en su etapa adolescente e impulsado por el ascetismo, decide renunciar a la vida familiar en busca de la verdad espiritual. Sus numerosos viajes a las ciudades principales le permitieron transmitir sus enseñanzas y participar de filosóficos debates con los pensadores más relevantes del momento, como Maṇḍana Miśra                 -considerado desde siempre como su máximo rival-. Estos intercambios religiosos y culturales, le dotaron de una visión más ecléctica, lo que contribuyó a la asimilación y unificación de las diferentes tendencias del hinduismo, del que se dice, fue un reformador.

Ciertos santorales que datan de los siglos XIV-XVII, lo deifican como un “gobernante-renunciado”, organizador de la orden Dashanami y unificador de la tradición de culto “Shanmata”. Durante su etapa docente, fundó cuatro “mathas” (escuelas monásticas) que se encuentran repartidas por todo el país; centros en los que se recopilaron sus escritos y su doctrina, basada principalmente en la “no dualidad” y condensada en tres tesis: El Absoluto (Brahmán) es la realidad; el mundo es un fenómeno - ilusión; y el alma encarnada, no es diferente del Absoluto. Estos tres grandes axiomas, expresados a través de un medio independiente de conocimientos como los Upanishads, reflejan su incesante búsqueda de la verdadera identidad del jivatman (yo individual), denominado “Ātman-Brahman”. A él se debe también, la universalidad de la religión védica y el fin de las disputas entre devotos sectarios de las diferentes escuelas y corrientes. Además, sintetizó la triple vía del “karma, bhakti y gnana”, con el fin de asignar a cada una       -dentro del método unitario- su correspondiente lugar y común objetivo: La liberación de los males del Sasāra[1].                                                                    

Debido a su gran popularidad y estatus dentro de la tradición del Advaita Vedanta, se le atribuyen más de 300 textos, entre poesías (strota), comentarios (Bhāya), textos temáticos o tratados (Prakaraa granthas) e himnos (Nirvana Shatakam), donde se explora el referido concepto: “Ātman-Brahman. No obstante, como muchas obras sánscritas del primer milenio cumplen la regla del citado “anonimato, es probable que parte de estos textos, fueran escritos de forma colectiva por parte de otros autores de su tiempo o incluso, por parte de admiradores o eruditos con nombre epónimo. Entre las obras cuya autoría es irrefutable, se encuentran: “La Brahmasutrabhasy; sus comentarios sobre los diez principales Upanishads, comentario sobre el “Bhagavad-gītā”  y el “Upadeśasāhasrī”. La mayor parte de estos trabajos llegaron a Occidente gracias las traducciones de investigadores, indólogos e hinduistas, como: AH Anquetil-Duperron, Nisargadatta Maharaj, René Guenon, Romain Rolland, Ramana Maharishi o Richard De Smet.

La labor reformadora de Shankara, supuso una gran transformación para la cultura hindú y un renacer de la enseñanza “no dual” de los upanishads; lo que ayudó a definir y fortalecer la identidad filosófica y espiritual del hinduismo.

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[1] Sasāra: (en sánscrito: संसार), es el término que designa  el ciclo de nacimiento, vida, muerte y encarnación (renacimiento en el budismo) en las principales tradiciones filosóficas de la India; como el hinduismo, budismo, jainismo, bön, sijismo,  así como en el gnosticismo, los Rosacruces y otras doctrinas filosóficas ancestrales del mundo. Este concepto, el destino futuro de cada una de las vidas viene determinado por el “Dharma” –camino correcto de actuación- y el “Karma” –consecuencias negativas o positivas de las acciones realizadas- . La involución o evolución de este “proceso de llegar a ser”  finaliza con el logro del “moksha” (liberación del ciclo vital del nacimiento y de la muerte).  Según estas tradiciones, dependiendo del Karma acumulado, la reencarnación podrá ser en cualquier otra forma animal o mística que habiten dentro de los “Siete reinos del samsara”.

 

Abhinavagupta: (c. 950–1020 d.C.). Este sobrenombre -que obtuvo honrosamente de su gurú- revela varios significados vinculados a sus grandes y portentosas cualidades: «competencia y autoridad, siempre vigilante, presente en todas partes y protegido por alabanzas”. No en vano, el título de Abhinavagupta, anunciaba ya entonces, hallarse en posesión de las seis aptitudes exigidas a los receptores de śaktipāta (acto de gracia) y que se encuentran descritas en los textos sagrados Śrīpūrvaśāstra, como son: “una fe inquebrantable en Dios, la realización de mantras, el control sobre los principios objetivos (refiriéndose a los 36 tattvas), la conclusión exitosa de todas las actividades emprendidas, la creatividad poética y el conocimiento espontáneo de todas las disciplinas”.

Su nacimiento -definido por él mismo como "yoginībhū"[1], (que significa nacido de una yoginī), se produce en el seno de una familia Kānyakubja Brāhmin (comunidad brahmán endogámica) en el valle de Cachemira y bajo el reinado de Chola.

Criado en un entorno de eruditos, filósofos y místicos, recibió una amplia formación tanto en arte como en filosofía. Está educación -propiciada por más de quince maestros y gurús-, guió sus estudios  hacia las corrientes vaisnavas, budistas, Śiddhānta Śaivistas e incluso hacia los expertos del Trika. Su extensa trayectoria académica, le propició un destacado lugar como músico, poeta, dramaturgo, exégeta, teólogo y lógico; una personalidad polímata que influyó profundamente en el pensamiento intelectual y en la cultura india. Su deseo de mantenerse célibe, se tradujo en un símbolo de abnegación y entrega al conocimiento, a su vocación y a su labor como maestro y escritor.

A lo largo de su vida, completó más de 35 obras divididas en diferentes géneros y categorías, como: textos y manuales religiosos, estudios y comentarios sobre autores y obras fundacionales, poemas e himnos de carácter devocional -traducidos al francés en su mayoría por la indóloga Lilian Silburn- y otras obras de corte filosófico y estético.

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[1] El término  “yoginībhū" (nacido de una yoginī ) que utiliza Abhinavagupta  para designar su venida al mundo, como un “nacimiento mágico”, tiene en el Shivaísmo de Cachemira, y especialmente en Kaula, un significado muy poderoso como es, que, una progenie de padres "establecidos en la esencia divina de Bhairava ", está dotada de una excepcional destreza espiritual e intelectual. Por ello, el niño que nace bajo estas circunstancias, es "el depositario del conocimiento", quien incluso, ya en el útero materno, tiene la forma de Shiva ". Este es tan sólo uno de los atributos clásicos de su especie.

 

Su trabajo más importante de carácter teológico y considerado como su obra magna, es el “Tantraloka” ("Elucidación del Tantra"); un compendio exhaustivo del sistema filosófico y práctico de Kaula y Trika, donde se aúnan diferentes temáticas como la filosofía, la práctica ritual, la teoría del arte y la estética. En este texto -traducido al inglés por el indólogo Mark S.G. Dyczkowski, después de 45 años de exhaustivo trabajo-, el arte y la espiritualidad se encuentran intrínsecamente ligados, pues para su autor, la experiencia estética puede ser una vía para la realización espiritual; conjetura que igualmente respaldó en su análisis de la citada Rasa (esencia o sabor estético)  dentro de su célebre trabajo “Abhinava-bharati”; un extenso y complejo comentario del Nāṭya-Śāstra, cuyo impacto artístico y cultural sobre la filosofía del esteticismo, se ha mantenido en la teoría del arte hindú.

De menor importancia y dentro también del ámbito religioso, es autor de  “Parātrīśikā-laghuvṛtti” ("Un breve comentario sobre Parātrīśikā), “Paryantapañcāśīkā ("Cincuenta versos sobre la realidad última"), “Rahasyapañcadaśikā ("Quince versos sobre la doctrina mística"), “Laghvī prakriyā ("Ceremonia breve"), “Devīstotravivaraṇa ("Comentario sobre el himno a Devi") y “Paramārthasāra ("Esencia de la realidad suprema").

Entre sus principales obras filosóficas destacan: “Īśvarapratyabhijñā-vimarśini (“Comentario a los Versos sobre el Reconocimiento del Señor”); Īśvarapratyabhijñā-vivṛti-vimarśini” (“Comentario sobre la explicación de Īśvarapratyabhijñā”); “Kathāmukha-tilak (“Ornamento del Rostro de los Discursos”) y el “Bhedavāda-vidāraṇa” ("Confrontación con la Tesis Dualista"). Lamentablemente algunos de sus trabajos se perdieron definitivamente, como su “Comentario sobre el Śivadṛṣtyā-locana” (Luz sobre Śivadṛṣṭi); el “Padārthapraveśa-nirṇaya-ṭīkā” y el “Prakīrṇkavivaraṇa” ("Comentario sobre el Cuaderno"), referidos éstos últimos, al tercer capítulo del Vākyapadīya de Bhartrihari.

Además de su obra cumbre “Abhinava-bhāratī”, se incluyen en su vasta producción de género poético: “Ghaṭa-karpara-kulaka-vivṛti (“Comentario sobre Ghaṭakarpara de Kālidāsa”)-; “Kāvyakauṭukavivaraṇa”-("Comentario a la maravilla de la poesía", de Bhaṭṭa Tauta y actualmente perdido); y “Dhvanyālokalocana ("Ilustración de Dhvanyāloka", de Ānandavardhana).

Aunque la obra de Abhinavagupta corresponde a un período de tiempo muy significativo de la literatura sánscrita clásica (finalizado hacia el 1350 d.C.), tras su muerte esta lengua -a pesar de su declive progresivo- continuó aunque que en menor medida, siendo utilizada tanto en el campo literario, como en la ciencia y la filosofía hindú. Veamos algunos referentes destacados de esta etapa.   

Rāmānuja Āchārya: (c. 1017–1137 d.C.). Destacado pensador y teólogo indio del siglo XI; aclamado por su gran aportación al pensamiento védico clásico y considerado como uno de los principales exponentes del vaishnavismo.

Si bien las tradicionales hagiografías escritas sobre su persona, datan su nacimiento alrededor del 1017-1137 d. C., en la aldea SriPerumbudur, cerca de Chennai (actual Tamil Nādu); los estudios más modernos, lo cifran unos años más tarde, entre el 1077-1157 d. C. Crecido en el seno de una comunidad brahmánica -bajo el influjo de la cultura tamil-, asistió a un periodo de creencias pluralistas, donde prosperaron en armonía las tradiciones más extendidas del momento, como la vaishnava, la shaiva, la smarta, el budismo y el jainismo. Tras una larga etapa de estudio de las escrituras sagradas -especialmente del conjunto del Vedanta-, Ramanuja comienza a rebatir las teorías del pensador y filósofo Shankara; ofreciendo una nueva interpretación de los Upanishads; que hasta el momento habían sido considerados como  inquebrantables para la escuela monástica. Años más tarde, se convierte en sacerdote y maestro del templo de Varadharāja Perumal, en Kānchipuram; llegando a gozar de la máxima autoridad dentro de la tradición Sri Vaishnava, a la que confirió un carácter más abierto e  igualitario entre las diferentes clases sociales; una apertura de pensamiento que permitió su acceso a todos  aquellos denominados “intocables” (dalit o harijan, en hindi[1]), ayudándoles a alcanzar la Iluminación Espiritual a través del sistema Sri Alwar Divyaprabandham (movimiento intelectual que ya entonces, rechazaba la discriminación por castas).

Con independencia de su gran Tratado filosófico “Vedartha Sangraha”            -notable por su crítica a la filosofía Advaita-; su obra más elogiada es el “Sri Bhashya; texto en el que se defiende la filosofía Vishishtadvaita ("no dualismo cualificado"), a través de un comentario sobre los Upanishads y el Brahmasutras -compendio filosófico perteneciente a la tradición hinduista-, que finaliza con la argumentación de su teoría: “el alma y Dios son diferentes, pero inseparables y en una relación de cualificación”. Esta creencia sobre el alma, el universo y lo divino, marcó su verdadero propósito de vida y su compromiso espiritual, promoviendo la apertura de centros que permitieran el acceso igualitario a la devoción y a la sabiduría.

Por otra parte, los notables comentarios que Rāmānuja y Yāmuna Āchārya realizaron sobre el “Bhāgavata-purāṇa” y en concreto, sobre cada uno de los textos sánscritos que hablaban de “bhakti[2], permitieron datar la escritura de esta obra en el siglo X.

Krisna Mishra: (c. 1050 – 1100 d.C.). Célebre poeta y dramaturgo sánscrito, al que se atribuye la creación de la primera obra de teatro alegórico y filosófico indio, denominada “Prabodh Chandrodaya”. En este drama -escrito alrededor de los siglos XI-XII y compuesto en seis actos- se celebra el triunfo del vedantismo sobre las doctrinas budistas y jainistas. Para escenificar dicha confrontación, Krishna Mishra recrea dos bandos claramente opuestos y enfrentados, cuyos personajes conceptualizan lo puramente abstracto. De un lado se encuentran: Fe, Voluntad, Opinión, Imaginación, Contemplación, Devoción y Amistad y del otro: Error, Presunción, Hipocresía, Amor, Pasión, Ira y Avaricia. La trama finaliza con la victoria de los primeros y por ende, de los dogmas; un desenlace que refleja el gran sentido doctrinal de un texto que, aunque de escaso valor literario, fue el modelo y referente de otras obras en los siglos venideros.

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[1] En el sistema de castas de la India,  los términos: dalitharijan, paria, intocable o panchama (en hindi: दलित), se utilizan para designar a aquella persona que, de acuerdo con las creencias hindúes más antiguas, se considera fuera de las cuatro “varnas” tradicionales (brahmanes, chatrías, vaishias y sudrás). La palabra sánscrita “Varna”, (vista como una cualidad y cuyo significado literal es “color”, representa un sistema hereditario de estratificación social, que ha existido en el subcontinente indio desde hace más de 2500 años. Está vinculada a la creencia de que muchos humanos, nacieron a partir de diferentes partes del cuerpo de la divinidad Púrusha, y por tanto, fueron creadas con diferentes estatus social. Al encontrarse los “intocables” fuera de las “varnas”, sólo se les permite realizar trabajos marginales como: curtidores, granjeros pobres, jornaleros sin tierra, artesanos callejeros, lavanderos de ropa, artistas callejeros, etc. Una tradición que aún de forma aislada, se conserva en zonas rurales y espacios privados.
[2] El témino “bhakti”,  entendido como el “servicio amoroso y devocional a Dios”, impregna toda la vida espiritual hindú. Sus primeras raíces se vinculan en algunos himnos monoteístas védicos, pero es en el período medieval del Vaisnavismo, cuando alcanza su máximo esplendor. A través de sus textos clásicos y de sus místicos, o bhaktas, encontramos su verdadero significado; anclado fuertemente a un sentimiento sincero, íntimo y extático de fe con un dios personal; un concepto que en cierto modo, recuerda las experiencias devocionales y fervorosas del amor contemplativo cristiano.

 

Jayadeva o Yaiá Deva: (c. 1100–1200 d.C.). Prominente compositor de himnos y poemas hindúes de origen oría -lengua oficial del estado indio de Orissa (actual Odisha)-, asociado al canon literario de la literatura hindú del siglo XII. Su contribución a las artes escénicas y a las composiciones dramáticas, le vincularon estrechamente al gran Tratado Nāṭya-Śāstra.

 

Pese a que no hay datos precisos sobre su origen, la mayoría de comentaristas y estudiosos modernos, sitúan su nacimiento en el pueblo Kenduli o Kenduvillva, a orillas del río Prachi y a pocos kilómetros de Puri –famoso por albergar el conocido templo de Yáganat, en honor a este dios. A partir de ciertas inscripciones halladas en los templos de Linga Rash, Madhukésuar y Simja-Chal, e interpretadas por el Dr. Satyanarayan Rajaguru -galardonado literato, epigrafista e historiador indio del siglo XX-, se han conocido determinados aspectos sobre la vida del poeta (de origen brahmán), sobre su formación temprana en Kenduli Sasan y sobre los aspectos de su marcha a Kurmapataka; donde ejerció como maestro al tiempo que experimentaba con la poesía, la música y el baile. Más tarde, su trabajo estaría estrechamente ligado a la corte de Laksman Sen; soberano de Bengala que reinó entre 1178 y 1206; un oficio que, el poeta cingalés George Keyt         -renombrado pintor del siglo XX, natural de Sri Lanka-, recoge en su libro “Song of love (edición del texto sánscrito “Guitá Govinda”, publicado en Nueva Delhi, por Hindi Books).

 

Su obra épica más importante es el “Guitá Govinda” (c. 1180). En sus doce capítulos se describe el amor adolescente del dios Krishna por la pastora Radha, su infidelidad y el posterior regreso con su amada. Este proceso sentimental, refleja simbólicamente la desviación del alma humana de su verdadera lealtad y su posterior retorno al Dios que la creó. La obra fue objeto de numerosos y destacados estudios, acerca de su significado y de su música; siendo traducida a la mayoría de las lenguas indias modernas y a otras muchas europeas. De hecho, existe una versión alemana que el reconocido Goethe leyó,  inspirada en la primera traducción realizada al inglés por William Jones -versado en sánscrito e investigador de la antigua India- y publicada en 1792, por Transactions of the Asiatic Society. Desde entonces, el “Guitá Govinda” fue traducido en todo el mundo y está considerado -por sus contribuciones poéticas en contextos devocionales y místicos- como uno de los mejores ejemplos de poesía sánscrita, representado regularmente y desde la fecha de su creación, en el citado templo de Yáganat.

Sus otras composiciones literarias y sacras, alcanzaron de igual forma un lugar relevante en la literatura de su tiempo. Su poema “Dasa-Kriti-krite, fue notable al traer de vuelta Los “Dasavatara” (“Las diez encarnaciones del dios Vishnu”); concepto ya existente en Orissa, desde el siglo VII aproximadamente, que desde la aparición de este texto, volvió a popularizarse en el hinduismo.

De igual forma, recuperó la mítica posturaTribhangi("tres pliegues" en las piernas, la cintura y los brazos) de Krishna, mientras tocaba la flauta e institucionalizó además, el sistema clásico “devadasi en los templos; ejercida en otro tiempo por las bailarinas o esclavas de Dios, mediante danzas eróticas en honor a la estatua de Krishna. Gracias a la divulgación de esta práctica -incluida en sus obras- se impulsó la creación de unos salones de danza separados, con la finalidad de representar allí los espectáculos -nata-mandi-, tradición que perduró en Orissa hasta 1955.

 

Vidyapati: (c. 1352–1448 d.C.). Conocido por el sobrenombre de Maithil Kavi Kokil (“el poeta cuco de Maithili”), fue el primer prosista en su lengua vernácula “el maithili” –lengua indoaria hablada en el estado indio de Bihar y en el este de la región Terai, de Nepal- entre los siglos XIV y XV. Su poesía, centrada principalmente en el amor, la devoción y la naturaleza (género en el que se le atribuyen más de quinientos poemas), ejerció una gran influencia en la literatura de la región, convirtiendo su lengua en un vehículo de transmisión artística y cultural en el norte de la India.

Aunque alcanzó un gran prestigio por sus canciones y obras escritas en maithili, su capacidad como políglota, le permitió escribir tanto en las lenguas de la India oriental como en sánscrito; donde destaca su obra “Bhuparikrama”; un conjunto de relatos románticos, escrito para un erudito de la corte y en el que se ofrecen consejos al soberano. En la tradición india, es venerado como continuador directo del gran Jayadeva, llegando a equipar su figura con el propio Chaitanya –santo bengalí fundador de una de las ramas del krisnaísmo.

 

Anandarayamakhin: (c. 1650 – 1700 d.C.). Reconocido como un escritor de sánscrito tardío, de finales del siglo XVII y principios del XVIII, perteneciente a un período histórico en el que como dije, esta lengua era todavía una tradición viva y vigente. Su principal característica es la de combinar filosofía y espiritualidad en una misma narrativa. De esta forma, sus textos exploran alegóricamente los valores morales esenciales, a través de la historia de sus personajes. Su obra cumbre es “Jivanandana” (“La felicidad del alma”), un texto alegórico compuesto en siete actos y escrito hacia el año 1700, en el que se utiliza la metáfora de un rey confinado en su propio palacio; alegoría que representa a su alma atrapada en el cuerpo físico. La lucha del soberano contra sus enemigos internos y externos, sirve para ilustrar la batalla que libra toda alma por encontrar la libertad y la felicidad, una vez que se ha liberado de las ataduras terrenales.

A diferencia de otros dramas de género figurativo, Jīvānandana trata también la parte didáctica doctrinal, concerniente en esta obra a la rama de la medicina. El alma individual, está representada como un rey, cuya residencia soberana es el cuerpo humano. Llegado a un determinado  punto, éste es asaltado por un ejército de desgracias y mi­serias que le obligan a batallar duramente, para derrotar y ani­quilar a los funestos enemigos. El mensaje esencial de la obra, es que sólo podemos cumplir los designios  terrenales y ulteriores de la vida, con un organismo sano e inmune de enfermedades. Si esta parte se cumple, el aspirante puede lograr la consecución de los tres fines de la existencia, como son: el mérito moral y religioso (dharma), la riqueza y el saber (artha) y el goce de los sentidos y el amor sexual (kâma). La recompensa del éxito es la obtención del cuarto fin al término de la vida, y es: “la liberación del alma del ciclo de las exis­tencias (moksa)”.

 

Es con Anandarayamakhin, con quien llegamos al final de este largo pero “incompleto elenco”; pues como dije al inicio, la grandiosidad de esta lengua alumbró a no pocos dramaturgos, poetas, pensadores, filósofos, gramáticos y teólogos.  Un sinfín de grandes e irrepetibles literatos,  cuyas vidas y leyendas, convirtieron el sánscrito en el idioma “mater” de la medicina, las matemáticas, la filosofía, la astronomía y la astrología, la política y el derecho, la gramática y la retórica, la antropología… En definitiva, todas aquellas ramas de la ciencia y el saber que son fuente viva de conocimiento y  sabiduría, o  dicho de otro modo… “un maná para la humanidad”. 

La importancia de esta literatura milenaria -objeto de estudio y profusos análisis-, es su extraordinaria evolución histórica; desde las primeras manifestaciones litúrgicas o los grandes poemas épicos, a la literatura budista, el drama indio, el poema histórico, la poesía lírica (con una gema de 700 estrofas llamada “Saptasi” recopiladas por el rey Hala Satavahana); los Apólogos y Narraciones fabulísticas antiguas y medievales, la novela india o las obras técnicas y didácticas, como: “Dharmasutra” (colección de aforismos para la vida religiosa) “Kautilya-Arthashastra” (Tratado sobre política y estrategia militar) o el tan conocido tratado sobre amor y sexualidad, “Kāma-sūtra”.

Es precisamente esa característica de “perdurabilidad”, lo que ha mantenido viva su esencia, hasta el punto de que todavía y en determinados ámbitos religiosos, el sánscrito es utilizado como lengua en escrituras regionales e incluso, en la literatura de ciertos entornos educativos más específicos.  Un germen que ha contextualizado el teatro poscolonial y la producción del moderno y más contemporáneo.

Sorprendentemente y como dato curioso, la cultura popular también se hizo eco de sus letras. Baste citar como ejemplos, la novela “Cien años de soledad”, de Gabriel García Márquez, en la que Aureliano Babilonia aprende sánscrito para leer los manuscritos de Melquíades; o la propia Madonna, con su disco titulado “Ray of light”, en el que versos originales en esta lengua son cantados a modo de mantras, y como no,  la mismísima saga “Star Wars”, cuyo tema “Duel of the fates” es cantado en sánscrito y basado en un antiguo poema llamado traducido como “La batalla de los árboles”.

Un cazador mata un pájaro y el grito de su pareja le da a Valmiki
los compases con los que compone el Rāmāyaṇa.

मा निषाद प्रतिष्ठां त्वमगमः शाश्वतीः समाः।
यत्क्रौञ्चमिथुनादेकमवधीः काममोहित्॥'

mā niāda pratiṣṭhā tvamagama śāśvatī samā
yat krauñcamithunādekam avadhī kāmamohitam 

(Transliteración codificada IAST (modificada de la fuente original para reflejar con precisión las reglas sandhi)


“No encontrarás descanso durante los largos años de la Eternidad
Porque mataste a un pájaro por amor y sin sospechar nada” 

(Buck, William y van Nooten, BA Ramayana . 2000, página 7)
Nota: Este pareado, considerado como el primer “shloka” de la literatura sánscrita, surgió espontáneamente de la ira y el dolor de Valmiki. Posteriormente compuso todo el Rāmāyaa  con la misma métrica.

Próxima y última entrega de este Bloque: ya-Śāstra”

Publicado el 5 de octubre de 2025
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