
Este artículo se ha extraído del documento que sirvió para la intervención en las "VII Jornadas Literarias de ELD".
¿Sabéis cuánto tiempo hace que el ser humano deja huella escrita de sus pensamientos? Hay indicios históricos, literarios y arqueológicos en el entorno del Egeo desde hace 8000 años, según nos cuenta Pedro Olalla, lingüista, escritor, investigador y experto en lengua griega.
¿Es posible que estemos poniendo en peligro nuestra capacidad de escribir “a mano” y leer lo escrito “a mano”, dejando a la tecnología estas funciones después de 8000 años y quien sabe cuántos más?¿Por qué es importante?
Cuando escribimos ordenamos nuestras ideas, no importa tanto si lo hacemos con mejor o peor estilo, basta con que el mensaje se entienda. Ese proceso intenso y consciente, por el que pasamos hasta redactar ese mensaje, es lo que desarrolla la habilidad de escribir. Y aún más: ¡la habilidad de pensar!
Es innegable que los medios digitales han venido para quedarse definitivamente en nuestra vida cotidiana. Según las últimas estadísticas de las Naciones Unidas, el 67% de la población mundial (es decir más de 5.500 millones de personas) están en línea y conectadas habitualmente a un teclado. Esto ha llevado a los expertos a preguntarse qué impacto puede tener en nuestras facultades cognitivas este cambio de hábitos. Pues, impacto tiene, y se está estudiando a nivel neurológico tanto en niños como en adultos.
Hay estudios recientes, como el de los científicos Van de Weel y Van der Meer de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Noruega, que seleccionaron 36 estudiantes a quienes se les evaluó la actividad cerebral con encefalografía de alta densidad mientras realizaban escritura a mano y escritura digital. Los resultados del estudio indican que la escritura manual activa áreas cerebrales más amplias y favorece una mayor interacción cortical y en consecuencia mejora la compresión de los conceptos y la memorización; como así también fomenta una integración sensorio-motora más robusta. En contraste, la escritura digital no estimula de la misma manera estas áreas cerebrales, lo que puede disminuir la retención de la información.
También se ha demostrado que los niños reconocen mejor las letras impresas si antes las aprendieron a escribir a mano. Hay varias investigaciones que indican que escribir a mano conduce a un mejor reconocimiento y comprensión de las letras y que también mejora la memorización y el recuerdo de palabras, sentando de este modo las bases de la alfabetización y del aprendizaje.
Sucede, que al escribir a mano, el movimiento está sincronizado con las áreas del cerebro que están relacionadas, no sólo con la memoria, sino con la coordinación motora fina y la percepción visual, o sea la coordinación visomotriz.
En la actualidad se nota que de no practicar esta habilidad manual, los niños tienen un mayor déficit en la motricidad fina, por ejemplo, en tareas como atarse los cordones, cortar con una tijera, abrochar un cinturón, etc.
Aunque, también, se observó que cuando el niño tiene alguna dispraxia se puede comunicar mejor a través del teclado ̶ la dispraxia es una condición que afecta el movimiento, las habilidades motoras finas y gruesas, pudiendo afectar incluso el habla ̶ .
La Dra. Audrey Van der Meer, coautora del estudio mencionado con anterioridad nos explica que las redes cerebrales de los niños son como senderos tenues en un bosque. Con la práctica y la experiencia, estos senderos pueden convertirse en auténticas autopistas que conectan distintas partes del cerebro para transportar información de manera rápida y eficaz
Además señaló que las distintas partes del cerebro que se activan durante la escritura a mano se comunican entre sí con ondas cerebrales ALPHA y THETA que son las involucradas en los procesos de aprendizaje y estas ondas no se hacen presentes durante la escritura con teclados.
En las últimas décadas ha habido una tendencia generalizada a enseñar en las escuelas con los dispositivos digitales en detrimento de la escritura a mano y la lectura en papel. Por ejemplo: en Noruega muchas escuelas han dejado de enseñar a los niños la escritura a mano, por lo que la Dra. Van del Meer espera que tomen en cuenta los hallazgos científicos y reviertan esta tendencia próximamente.
Asimismo, Finlandia eliminó la enseñanza de esta forma de escritura en 2016, y Suiza ha reducido su instrucción en varios niveles escolares. La escritura cursiva aún se enseña ampliamente en Europa occidental. España, Italia, Portugal y Francia se han mantenido fieles a la tradición. Y en Reino Unido, el plan de estudios nacional establece que los niños aprendan escritura desligada o de imprenta antes de comenzar a utilizar la cursiva.
Donde también se ha generado una importante polémica al respecto es en Estados Unidos donde el aprendizaje de la letra cursiva fue eliminando de los estándares básicos comunes. Como reacción se han creado grupos defensores de la escritura a mano como la Asociación Nacional de Escritura a Mano que ha influido en legisladores de modo que 21 estados a partir de 2023 volvieron a incluir en los planes de estudio la escritura a mano, y se siguen sumando más estados.
Entre las consecuencias que se han notado a raíz de no aprender a escribir a mano está la falta de práctica para leer la escritura manual y esto, curiosamente, les está afectando a los jóvenes historiadores y archiveros en sus investigaciones en textos antiguos escritos a mano. También se nota en el momento en que los jóvenes firman su nombre en documentos porque no están habituados a escribir ni firmar con bolígrafo. Asimismo, según un estudio realizado en Países Bajos, más del 33% de los estudiantes tienen dificultades para escribir de manera legible el alfabeto en mayúsculas y minúsculas.
Hasta ahora hemos mencionado principalmente el efecto de la escritura a mano en niños durante la fase aprendizaje de la escritura pero, qué sucede con los adultos, qué efecto tiene el abandono de la escritura a mano.
Se sabe que en los adultos conduce a una mejor comprensión lectora y ayuda a prevenir el deterioro cognitivo. En los adultos mayores, los aportes también son muy valiosos, escribir a mano ayuda a reentrenar el cerebro, a preservar la función cognitiva y contrarrestar o prevenir el deterioro asociado al envejecimiento.
Algunos estudios sugieren que tomar notas a mano durante una conferencia, en lugar de escribir con teclado ayuda a una mejor compresión conceptual de la información porque al tener que hacerlo rápidamente hay que reelaborar lo que se escucha y transcribirlo sintetizadamente lo cual ayuda a su comprensión, mientras que cuando se toman notas con el teclado, se tiende a copiar lo dicho en la conferencia casi textualmente.
Los adultos también se benefician de la naturaleza laboriosa de la escritura a mano. Un estudio en el que participaron 42 adultos que aprendían árabe reveló que los que aprendían las letras escribiéndolas con lápiz, las reconocían más rápido, les resultaba más fácil nombrarlas y pronunciaban mejor las letras recién aprendidas, en comparación con aquellos a los que se les pedía que aprendieran los nuevos caracteres tecleándolos o simplemente mirándolos.
A través de un encuesta realizada a más de 200 adultos jóvenes de EEUU y Europa, la profesora de lingüística, Naomi Baron, autora de ¿Quién ha escrito esto? Cómo la IA y el atractivo de la eficiencia amenazan la escritura humana, descubrió que muchos estudiantes afirman tener más concentración y mejor memoria cuando escriben un texto con un instrumento de escritura (un bolígrafo, un lápiz), en lugar de pulsando un teclado, lo que sugiere que nuestro sentido del tacto desempeña un papel vital en el aprendizaje y la forma que absorbemos la información.
El hecho de que involucrar nuestros sentidos pueda hacernos aprender mejor puede parecer contraintuitivo, pero resulta que el tacto y movimiento activan las mismas áreas cerebrales que también intervienen en el aprendizaje y la memorización. Esto sucede porque el cerebro humano evolucionó para procesar información sensorial y motora a lo largo de la evolución, y son esas mismas regiones cerebrales de procesamiento sensorial y motor las que intervienen en la cognición superior; según afirma Lisa Aziz-Zadeh, profesora del Instituto del Cerebro y la creatividad de la Universidad del Sur de California.
Escribir a mano requiere paciencia y un ritmo más pausado, lo que fomenta un tipo de cognición que nos conecta con nuestro entorno de manera más profunda. La extinción de la escritura a mano es un reflejo de cómo las tecnologías emergentes están reconfigurando nuestra forma de aprender, recordar y comunicarnos. Sin embargo, su desaparición no es inevitable. Por ejemplo: La imprenta no erradicó la caligrafía, y el teclado no tiene porqué borrar por completo la escritura manual.
Otro aspecto del tema es la LECTURA ¿Qué prefiere el cerebro, leer en papel o en digital?
Para intentar responder a esta cuestión, y dejando de lado los gustos personales, vamos a analizar qué dice la ciencia sobre cómo impactan los contenidos en función de su soporte, ya sea digital o en papel
Se ha comprobado con la realización de estudios que leer libros impresos en papel facilita la comprensión lectora.
Casi un centenar de estudios publicados en estos últimos años, muchos de los cuales han sido compilados y comparados en un metaanálisis y publicados en el Journal of Research in Reading (Revista de investigación en la lectura) y en Review on Educational Research (Revista sobre investigación educativa) apuntan que hay diferencia remarcables. Entre los aspectos más destacados defienden que leer en papel favorece que lo recordemos y facilita la reflexión crítica.
Como sabemos, leer no es un proceso innato, sino que hay que aprenderlo de manera expresa. En este sentido, el cerebro, gracias a su gran plasticidad, se adapta a la acción de leer, pero también se adapta a las exigencias del contexto y sus características. Por eso, cuando leemos, el cerebro no solo se fija en el texto escrito, sino que también tiene en cuenta el contexto y se ajusta al mismo. Y es precisamente el contexto el que nos permite detectar diferencias claras entre los dos soportes.
En la lectura en papel, normalmente solo tenemos un libro o un texto delante, lo cual facilita que focalicemos la atención. En cambio los soportes digitales nos permiten tener numerosos documentos abiertos al mismo tiempo, navegar y pasar de una información a otra. Este hecho que puede parecer una ventaja desde el punto de vista de la accesibilidad al conocimiento, hace que la atención disminuya y en consecuencia que la retención sea menor, que no memoricemos tan bien y no podamos dedicar suficientes esfuerzos a valorarlo críticamente.
Este efecto se explica por el aprendizaje, ya que, en las últimas décadas, desde la niñez, el cerebro aprende y vincula la tecnología digital con mensajes breves y con un contexto de sobreinformación e inmediatez. Así, entonces, de manera preconsciente, el cerebro se conecta en modo, vamos a llamarlo “inmediatez”, a diferencia de cuando lo hacemos en soporte de papel.
El otro gran efecto estudiado es el de la orientación. Sucede que delante de un texto en papel, el cerebro orienta con facilidad lo que está leyendo en el conjunto de la página y del libro, lo que facilita su comprensión e integración en la memoria. ¿Nos os ha pasado más de una vez que recordarais exactamente en qué parte de un libro, o más precisamente de una página se encuentra la información a la que deseáis volver, especialmente si estaba a la izquierda o derecha, al comienzo o al final de la página? En cambio, en los soportes digitales lo normal es desplazar el texto físicamente por la pantalla, una acción que hace que el cerebro no pueda orientarse de la misma manera porque la información siempre será presentada en un plano único, el de la pantalla, donde los conceptos de arriba y abajo son cambiantes.
Por otro lado, los estudios sobre la lectura en papel muestran que, cuanto más lees, mayor es tu compresión lectora. Paradójicamente, a partir de 2014-2015 ya no es así, cuanto más se lee en formato digital, menor es la comprensión lectora. Parece ser que el problema no es tanto el formato sino las distracciones a las que está sujeto el cerebro. Porque la capacidad del cerebro para operar en multitarea es un verdadero mito y solo es posible si incluye actividades sencillas o tenemos alguna de ellas muy automatizada por lo que casi siempre supondrá una pérdida de atención inevitable.
En nuestra interacción con las pantallas tendemos a adoptar un modo de procesamiento que favorece más la inmediatez y el llegar a mucho contenido más que a la elaboración en profundidad de lo que estamos leyendo.
Uno de los trabajos de investigación mencionado con anterioridad y publicado en Frontiers in Psychology (Fronteras en psicología) evaluó el impacto en la compresión lectora de un relato de misterio de 28 páginas. Los 50 participantes leyeron el relato en el lapso de una hora aproximadamente y al final los autores del estudio evaluaron la compresión lectora de los participantes que habían leído tanto en papel como en formato digital. Se evaluó el nivel de recuerdo, las capacidades para localizar eventos en el texto y la habilidad para reconstruir la trama de la historia. A pesar de que los resultados fueron similares, quienes leyeron en papel desempeñaron mejores resultados en criterios de cronología y temporalidad.
Los investigadores sugieren que, al menos, de forma parcial, la manipulación de un libro impreso se traduce en señales sensoriomotoras que facilitan la representación espacial y la organización temporal coherente al momento de recuperar lo leído.
Un artículo de la Journal of Research in Reading (Revista de investigación en lectura) indicaba que a diferencia del soporte digital, un libro impreso puede mejorar el rendimiento general de la lectura, principalmente en textos de naturaleza expositiva, aunque no tanto en aquellos de naturaleza narrativa. Los expertos concluyeron que los lectores pueden ser más eficientes y conscientes cuando leen en papel.
Hay un estudio de ECIS (Educational Collaborative for International Schools) (organización que agrupa escuelas internacionales), que señaló que las diferencias hápticas son muy grandes entre un libro impreso y uno digital. Se entiende por háptico todo lo relacionado con la experiencia táctil incluido el efecto que tiene en otros sentidos como la vista y la audición. Está claro que un libro en formato digital no puede imitar al ciento por ciento el olor, la textura, el peso, la acción de pasar las hojas y todo lo demás que se hace con el libro impreso.
Otro factor que puede incidir en cómo el cerebro procesa la lectura está en el cansancio ocular. Aunque hay muchas variables que entran en juego, en general, se ha relacionado la exposición a la luz de las pantallas durante un tiempo prolongado con la fatiga visual, la somnolencia, la frecuencia del parpadeo y la función binocular que es la función del cerebro de fusionar las imágenes que proceden de ambos ojos y crear una sola. Esto tendría un impacto en todo el proceso de la lectura.
También se ha comprobado que las personas que leen en formato digital interrumpen la lectura cada cuatro minutos. En la lectura digital hay muchas más probabilidades de distraerse por las interrupciones de la mensajería, la publicidad, las redes sociales, etc. Aunque por supuesto, si leemos en papel con el móvil al lado estamos sujetos a las mismas distracciones.
Hay un aspecto a destacar: hay menos estudios sobre la lectura en libros electrónicos, el e-book, la mayoría han sido realizados con ordenadores, tabletas o móviles. Cuando se han hecho estudios con libros electrónicos en algunos de ellos no se ha visto gran diferencia con el papel. En este sentido tenemos que agradecer el empeño de las tecnológicas por imitar más y mejor al libro de papel en sus versiones electrónicas.
No obstante la lectura digital facilita convertir al lector de un ser aparentemente "pasivo” a un lector “social”, activo, que produce nuevo contenido e interactúa con otros lectores de la misma obra o incluso con el autor a través de las redes sociales
En base a lo comentado, podríamos decir que existe cierta evidencia de que leer libros en papel permite al cerebro comprender, asimilar y retener mejor que leer libros en digital. ¿Cuánto mejor? Pues, depende de muchas variables que entran en juego, como por ejemplo, la costumbre que se tenga con uno u otro soporte, el lugar donde se lee (por el nivel de ruido, la iluminación, etc.), la intención de la lectura y las características del dispositivo utilizado. Sin embargo, un lector que ya esté habituado a la lectura digital se sentirá más cómodo en ese formato.
En fin, hay muchas variables que entran en juego, por eso las conclusiones de todos los trabajos recopilados deben asumirse de acuerdo con el contexto y con el lector.
Para concluir cito unos fragmentos de la gran autora y divulgadora del mundo clásico, Irene Vallejo, del prólogo de su libro El infinito en un junco[1] donde nos dice:
Cada cierto tiempo leo con desconsuelo artículos periodísticos que vaticinan la extinción de los libros, sustituidos por dispositivos electrónicos y derrotados frente a las inmensas posibilidades de ocio. Los más agoreros pretenden que estamos al borde de un fin de época, de un verdadero apocalipsis de librerías echando el cierre y bibliotecas deshabitadas. […]
¿Estamos seguros?
El libro ha superado la prueba del tiempo, ha demostrado ser un corredor de fondo. Cada vez que hemos despertado del sueño de nuestras revoluciones o de la pesadilla de nuestras catástrofes humanas, el libro seguía ahí. Como dice Umberto Eco, pertenece a la misma categoría que la cuchara, el martillo, la rueda o las tijeras. Una vez inventados, no se puede hacer nada mejor. […]
No olvidemos que el libro ha sido nuestro aliado, desde hace muchos siglos, en una guerra que no registran los manuales de historia. La lucha por preservar nuestras creaciones valiosas: las palabras, que son apenas un soplo de aire; las ficciones que inventamos para dar sentido al caos y sobrevivir en él: los conocimientos verdaderos, falsos y siempre provisionales que vamos arañando en la roca dura de nuestra ignorancia. […]
La invención de los libros ha sido tal vez el mayor triunfo en nuestra tenaz lucha contra la destrucción. A los juncos, a la piel, a los harapos, a los árboles y a la luz hemos confiado la sabiduría que no estábamos dispuestos a perder. Con su ayuda, la humanidad ha vivido una fabulosa aceleración de la historia, el desarrollo y el progreso. La gramática compartida que nos han facilitado nuestros mitos y nuestros conocimientos multiplica nuestras posibilidades de cooperación, uniendo a lectores de distintas partes del mundo y de generaciones sucesivas a lo largo de los siglos. Como afirma Stefan Zweig en el memorable final de Mendel, el de los libros: «Los libros se escriben para unir, por encima del propio aliento, a los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido».[2]

Dra. Audrey van der Meer durante un estudio con encefalografía de alta densidad.

Profesores Dr. Ruud van der Weel y Dra. Audrey van der Meer.
[1] Vallejo, I. (2019) El infinito en un junco. Prólogo: pág. 20 y 21, séptima ed. enero 2020. Madrid: Ediciones Siruela S.A.
[2] Vallejo, I. (2019) El infinito en un junco. Capítulo 48, pág. 394 , séptima ed. enero 2020. Madrid: Ediciones Siruela S.A.