
“Literatura Cubana” por Alejandro Cardoso Osorio.
Suelo comentar en esta sección dedicada a la literatura cubana los libros que traigo de La Habana tras cada viaje. Disfruto descubrir ejemplares de segunda mano, sobre todo en los negocios privados de compraventa y en esta ocasión presento una breve reseña sobre Rosso Lombardo, del novelista y dramaturgo cubano Atilio Caballero, un libro en el que el escritor propone, en el conjunto de historias que lo conforman, una indagación narrativa sobre la identidad, entendida como un acontecimiento circunstancial marcado por el desplazamiento y la experiencia del extrañamiento.
A lo largo de los relatos que integran el volumen, el autor sugiere que la pertenencia no se define exclusivamente por el lugar de origen, sino por los espacios —físicos y simbólicos— que el sujeto habita en determinados momentos de su vida.
Desde el primer relato, “Alcanfor”, esta inquietud se manifiesta con claridad. En la Didascalia quinta, el narrador se interroga: “¿Dos patrias tengo yo? ¿Acaso la patria es el lugar donde no se está? Estas preguntas condensan uno de los núcleos temáticos del libro: la tensión entre arraigo y desarraigo a través de la tierra natal y el territorio imaginado, una problemática recurrente dentro de la literatura cubana de estos tiempos.
El libro aborda también la pertenencia a porciones de tiempo y a vivencias transitorias. Escenas como un viaje en tren compartido con desconocidos o la pausa bajo los toldos de un café en alguna ciudad de Lombardía funcionan como instantes de suspensión en los que el sujeto se observa a sí mismo desde la distancia. Estos espacios de tránsito revelan una identidad en movimiento, nunca fija, siempre sujeta a la revisión y el cambio.
Las doce historias que discurren en las páginas de Rosso Lombardo, galardonado en 2013 con el Premio Alejo Carpentier, están indiscutiblemente unidas por el motivo del viaje, entendido no solo como desplazamiento físico, sino como experiencia interior. Se trata de un viaje que conduce al reconocimiento del propio yo, lo que obliga al personaje a confrontar tanto lo inevitable como lo elegido.
En relatos como “Los caballos de la noche”, Caballero introduce una reflexión sobre el destino ya no como una fatalidad impuesta sino como una forma de elección asumida, donde aceptar el camino que se ofrece a ser recorrido es sugerido como una posibilidad de lucidez más que de resignación.
Rosso Lombardo confirma la solidez de la escritura del autor de Tarántula y su capacidad para convertir la experiencia del tránsito en una reflexión literaria trascendental. El libro propone, con gran acierto, un recorrido por zonas de la identidad donde el viaje, la memoria y la pertenencia se entrelazan de manera inexorable. Se trata, en fin, de una obra que atrapa al lector desde la duda y la introspección y que se afianza, con naturalidad, en el universo de la narrativa cubana contemporánea.