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Biblioteca de Menéndez Pelayo

“Bibliotecas del Mundo” por Mariángeles Salas.

Llamada así por ser la biblioteca personal de Marcelino Menéndez Pelayo, el gran intelectual español de finales del siglo XIX y principios del XX. Su colección responde a las inquietudes investigadoras de un especialista en Humanidades, Bibliografía y Pensamiento histórico y literario. En su testamento la donó, junto con el edificio con jardín en que se hallaba, a la ciudad de Santander. También dejó dispuesto que a partir de su muerte (ocurrida en 1912) no se incluyeran nuevos fondos.

La Biblioteca está formada por la extraordinaria colección de libros que don Marcelino atesoró a lo largo de su vida. En 1868, con tan solo doce años elabora un inventario en el que detalla los veinte títulos en varios volúmenes, escritos en castellano, latín y francés, que en esos momentos posee y que ya indican su tendencia a la humanidades. Esta Primera Biblioteca se aloja en las baldas del aparador de su madre disputándose con ella el espacio. Cuando esta situación se hace insostenible, su padre le cede un espacio en la librería de su despacho que pronto quedaría desbordado.

La búsqueda y adquisición de nuevos ejemplares siguió siendo constante en Menéndez Pelayo. Cuando estudiaba en Barcelona recorría con asiduidad las librerías y sus compras llegaban a Santander en paquetes de correo y cajones facturados por ferrocarril o barco. Desbordada la casa por tanto envío, su padre mandará construir una nueva librería con tres cuerpos, destinando dos de ellos a los de su hijo, como le cuenta en una carta que le envía en 1872. En ella le indica que calcula que le podrán caber unos 2.000 volúmenes en lo que será su Segunda Biblioteca.

Pero la colección continúa creciendo, esta vez en su nueva casa de la calle Gravina en el barrio de La Florida. Así surge por el año 1877 la Biblioteca de don Marcelino, pues su padre le destina la estancia central, con ventanas apuntadas y con balcón al jardín del último piso. Sus paredes se cubren con largas estanterías, de buena madera, hasta el techo previendo que cobijen las nuevas adquisiciones. Esta primera Biblioteca independiente queda rebasada cuando los volúmenes sobrepasan los 7.000 títulos. Es en ese momento cuando decide construirse en el jardín, delante de la casa, un pabellón independiente para biblioteca. La Cuarta Biblioteca será un edificio sencillo, de una sola nave, sin sótano ni luz cenital, proyectado por el arquitecto Bartolomé P. Cortés y construido en 1884.

En noviembre de este año, ya le comenta a Laverde, amigo y consejero además de escritor, periodista y filósofo, que en el jardín de su casa de Santander había hecho un pabellón para una Biblioteca, capaz no solo de albergar los ocho mil volúmenes que tenía en ese momento, sino de 25 ó 30.000, por si llegaba el caso. En otra carta a Laverde, de julio de 1885, le escribe que ya tiene colocados todos sus libros, que son alrededor de 8.000 volúmenes, en este nuevo pabellón donde hay todo el fresco y el reposo necesarios para trabajar.

Pasados ocho años y ante el desmedido aumento de la colección bibliográfica, el pabellón necesita crecer y es cuando se plantea la Quinta Biblioteca. En 1892, el arquitecto Atilano Rodríguez diseña la reforma que conlleva la ampliación y ensanche, disponiendo una configuración en tres naves alargadas dispuestas de Este a Oeste, siendo la central más alta que las otras dos. Un edificio modesto y austero, con sótano grande y amplios ventanales y ojos de buey a los lados, cuyo perímetro se mantiene en la actualidad. En ella don Marcelino pasará, hasta su muerte, gran parte de su tiempo cuando regresa a su hogar.

En 1912, Menéndez Pelayo lega su colección bibliográfica y documental y el edificio que la alberga al Ayuntamiento de Santander, que, tras aceptarlo, decide como reconocimiento a tanta generosidad restaurar el edificio antes de abrirlo al público. Un trabajo que se encomienda al arquitecto montañés Leonardo Rucabado, para quien este encargo supone una de sus obras más apreciadas. El proyecto comenzado en 1915, respeta el perímetro y la distribución original, incluyendo la doble galería de la Sala de Lectura y los huecos de la fachada principal. Rucabado, como homenaje a los gustos del polígrafo reflejados en sus ideas estéticas, dio al edificio un estilo historicista de influencia barroca y herreriana.

En el verano de 1917 se coloca la primera piedra para la realización de este proyecto,  en un acto presidido por el rey Alfonso XIII. También el rey con la Infanta Mª. Paz asistirá a la inauguración del edificio totalmente restaurado en agosto de 1923. Se alargó tanto la obra a causa del fallecimiento de Leonardo Rucabado en 1918 víctima de la gripe española.

Alrededor de la recién restaurada Biblioteca de Menéndez Pelayo, se fue concibiendo, por parte del Ayuntamiento y de la Diputación Provincial de Santander, la instalación de las demás instituciones culturales del entorno.

A su muerte en su rica biblioteca, ya ampliamente conocida y admirada nacional e internacionalmente, había reunido 1.032 manuscritos, 17 legados de diferentes autores y 41.500 títulos de impresos de los cuales 20 son incunables, 1.124 del siglo XVI, 1.225 del siglo XVII, 2.839 obras del XVIII y 35.260 del XIX y el XX (hasta 1912). Además completan la colección 870 títulos de publicaciones periódicas.

Entre los ejemplares más destacados sobresalen la Crónica Troyana y el Arte Cisoria, autógrafo de la Virtud militante de Quevedo, Los melindres de Belisa de Lope de Vega, el Yosifón en romance, la Enneadas de Plotino, comentarios de Santo Tomás de Aquino a Aristóteles, el Cordial de las Cuatro Cosas Primeras o las Antigüedades Romanas de Dionisio de Halicarnaso, entre otros.

La Biblioteca de Menéndez Pelayo (BMP) en su conjunto es una joya pues no en vano los libros que la componen fueron seleccionados cuidadosamente por un profundo conocedor de lo que había contribuido a la formación del Pensamiento histórico y literario español.

Publicado el 28 de febrero de 2022
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