
Reseña realizada por Begoña Curiel.
Original, irónico y de brillante escritura. Reig nunca deja de ser el mismo aunque aborde cosas distintas. Los peculiares espías de Cualquier cosa pequeña muestran ese tipo de espacios oscuros que sabemos que existe aunque nos falte la mayoría de detalles. Ese lugar donde una minucia, puede dar al traste con todo.
En ese espacio oscuro se mueve el equipo del servicio de inteligencia de Dragonera. Un paraíso fiscal de1979, ubicado en una isla ficticia del Atlántico, antigua colonia inglesa. Dirigidos por Ginés Loyola, un militar destinado, o más bien castigado, en esa plaza donde se ocultan en el Centro de Documentación, conocido como la “Casa desolada”.
Un poquito de desolación, es lo que se siente observando sus vidas de “rata de biblioteca”, pero sin biblioteca; dedicados a la elaboración de informes que parecen no interesar a nadie. Se respira su aburrimiento entre las letras de Reig, cargadas de humor para minimizar los efectos del particular encierro de los extraños habitantes del universo del espionaje.
En el paraíso fiscal que es Dragonera, a nadie parece molestarle que gobierno, empresarios y demás poderes fácticos, se sirvan a su antojo de los potenciales beneficios. Nada nuevo bajo el sol, salvo el atractivo de que sea Reig quien cuenta la poca vergüenza que campa a sus anchas entre los agraciados.
El hastío ambiental en la Casa desolada se ve sorprendido por el descubrimiento de un miembro del equipo entre los soporíferos informes y lecturas: la presencia de un mismo individuo en varios escenarios de diferentes crímenes, incluido en el que se comete en la isla contra el candidato a la presidencia.
La investigación posterior revelará interesantes conexiones en la coctelera de despropósitos que esconde la inquietante presencia: blanqueo de dinero, topos, filtración de información interesada, traiciones, negocios y negocietes… Todo parecía perfecto, o al menos bien maquinando, hasta que hurgando poco a poco, se confirme el valor de los pequeños detalles, para bien y para mal. Esas pequeñas cosas que enuncia el título de la novela.
En realidad, de esta novela no me ha interesado tanto la trama como la mano de Reig poniéndole color a un asunto extremadamente gris y serio, puesto que las pesquisas apuntan a que el gobierno ha podido hacer desaparecer información comprometedora.
Esta novela tiene ritmo, es amena, está bien escrita. Tenía la garantía de la firma de Reig, pero no es de esos libros que entusiasmen. Cuando es así, sufro unas ganas irrefrenables de comentarlo hasta la extenuación. No es el caso. Pero habrá otros Reig. Su novela El árbol caído reposa en mi pila de novelas pendientes. Llegará cuando toque.