
Reseña realizada por Begoña Curiel.
Un recopilatorio de géneros y formatos en esta novela que bien podría ser un enorme cuento de aventuras, viajes y trama policiaca, de invención desbocada con el humor y el absurdo como aderezos. Esta locura literaria gira como el carrusel que atravesará décadas y fronteras con personajes de lo más curiosos.
Hay princesa pero no tiene nada de cuento, porque es pobre, coja, vive en un castillo en ruinas con un padre alcohólico y por “príncipe” tiene a Anatoli Florea, un peluquero y escultor de caballos con pajaritos en la cabeza en vez de corona: está convencido de que ha inventado el carrusel. Nadie le convencerá de lo contrario aunque haya pruebas de que los tiovivos ya están girando en otros lugares.
La princesa vive en Siret, una localidad rumana de la que está loca por escapar. Sin más pretendientes a mano, se da a la fuga con el peluquero “inventor” que pretende “dar a conocer al mundo” su carrusel, aunque de camino acaba muerto y no diremos cómo, porque es parte de la gracia de la novela. Los viajes y la aventura no han hecho más que comenzar.
La noble acabará trabajando de sombrerera mientras intenta seguir con el legado del desgraciado peluquero, que va a llegar nada más y nada menos que a Nicaragua, después de dar tumbos con el dichoso tiovivo por distintos puntos de Europa. Con este recorrido Sergio Ramírez nos presenta dos mundos: el de la Europa oriental y el de Latinoamérica.
El carrusel sí es toda una novedad en Nicaragua que vive un delicado momento político: el derrocamiento del general Zelaya. Es el país del autor, que vive exiliado en España, y tiene un conocimiento profundo de lo que sucede en su tierra natal. Motivo por el que nos ayuda a desvelar entresijos de la vida política y social del país, aunque el proceso me haya resultado un tanto farragoso.
No puedo decir que no me haya gustado la novela, pero me ha cansado en algunos momentos porque resulta un tanto surrealista. Sé que está asociado a esta idea de cuento largo de aventuras donde todo puede ocurrir, que supongo el autor ha querido escribir. Sin embargo, el componente “entretenimiento” no me ha acabado de llenar.
Tampoco ha ayudado la inclusión de un batiburrillo de contenidos: manuales sobre mecánica (personalmente me han resultado pesadísimos), notas apócrifas, recetas para la preparación de pigmentos (los que utilizaba el escultor para decorar sus caballos del tiovivo), textos de prensa, informes, dictámenes de distinto signo, etc. Se supone que esta suma debería dar “alegría” a la novela, pero conmigo ha conseguido el efecto contrario porque he pasado de largo más de una página... La novela en sí es una especie de carrusel que gira de forma disparatada sin que haya calado en mí pese a lo que prometía al principio.