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El diccionario del mentiroso - Eley Williams

Reseña realizada por Begoña Curiel.

¡Palabras inventadas en un diccionario! La originalidad de la temática y la trama, donde se explica el trabajo de los lexicógrafos, me ha dejado obnubilada. No es un libro sencillo, pero si les enamoran el lenguaje y las palabras, van a alucinar.

 Peter Winceworth, lexicógrafo de profesión se dedica, a colar esas palabras que no existen en el Diccionario Enciclopédico Swansby. Estamos en el Londres de 1899. ¿Quién y por qué haría algo así? El personaje tiene tela. Es un hombre que vaga por el mundo más que vivir, un ser anodino que se siente insignificante.

Por eso puede que se dedique a esta tarea por aburrimiento, por destacar dentro de su invisibilidad –porque lógicamente a nadie confiesa que se dedica a estas trampas- y dejar una marca personal que de alguna forma, justifique su existencia.

Fíjense en este otro dato que da cuenta de la persona que tenemos entre manos. Desde pequeño finge que cecea y él se encarga de revisar las palabras que comienzan por la letra s. No sé si es irónico o patético. De igual forma que se dedica a introducir errores en el diccionario, supongo que el ceceo forzado es otra fórmula para captar la atención de su entorno.

Esta es una de las dos líneas temporales de la novela. En el Londres actual, Mallory, la becaria de la editorial Swansby, tendrá que rastrear el antiguo diccionario para localizar esas palabras-fraude. El hecho de que esas “mentiras” puedan existir le sorprende tanto como a mí. Supongo que le habrá pasado a otros lectores.

Como anécdota –al principio parece un tanto insulsa–, se le adjudica la labor de atender las llamadas de un loco anónimo que amenaza con sus peores deseos para los habitantes y el futuro de dicha editorial. Después, este dato tendrá su explicación.

Con un siglo de diferencia entre los dos tramos cronológicos, Mallory y Winceworth coinciden en su estado de enamoramiento, que por diferentes razones les van a causar quebraderos de cabeza. No es que Mallory sea tan apocada o anodida como Winceworth, pero tampoco es la alegría de la huerta ni un derroche de coraje.

Eley Williams reúne a ambos personajes, que sin posibilidad de haberse conocido, se conectan pese al paso del tiempo. Como si quisiera meterlos en el mismo espectro de inseguridades que ambos sufren. Personalmente, me ha gustado mucho más el personaje del siglo XIX, aunque sea más raro que un perro verde y le ocurran cosas de lo más extravagantes en su triste existencia.

En todo caso, de esta novela no me interesan tanto las vidas personales de los protagonistas como el descubrimiento del camuflaje de esos términos falsos, que por cierto, tienen su propio nombre: mountweazel. Y también, la compleja tarea del lexicógrafo, metido como un ratón de biblioteca en un universo tan particular.

La novela empuja a la reflexión: ¿esto ocurre o ha ocurrido en realidad? Y por otro lado, certifica la versatilidad y fragilidad del lenguaje además de su belleza innata, esa con la que gozamos los frikis de las palabras.

A lo largo del libro se expondrán ejemplos de esos “agujeros negros” del lenguaje. Es curioso. Mientras lees, llegas a creerte alguno de los inventos de Winceworth y te dices, «¿y por qué no?». El ingenio de Eley Williams te enreda hasta confundirte. Y sobre todo, divierte. Ese es el gran valor de esta novela.

Se me ocurre un ejemplo muy tonto: cuando ves las estrellas al darte con la esquina de la puerta de la cocina en la cabeza. ¿No es ese dolor algo muy concreto y especialmente irritante, porque duele más el cabreo por no haberlo visto venir, que el golpetazo físico en cuestión? Pues bien, seguro que Winceworth, se sacaría de la manga un término que defina el instante y sus consecuencias.

Es una obra sesuda; no es un historia para todo el mundo salvo para el que sienta una intensa inquietud e interés por el pasado, presente y futuro de las letras, que comprenda la enorme trascendencia de su evolución y que sea consciente de los retorcimientos y juegos que con ellas se pueden practicar.

  El diccionario del mentiroso requiere de paciencia, especialmente en determinados párrafos que te dislocan la materia gris. Algunos se hacen bola al estar tan recargados de increíbles giros de letras y significados.

Con esta novela piensas y sufres por el traductor del libro. Madre mía... Vaya mérito.

Publicado el 11 de febrero de 2024
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