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El placer más dulce del mundo

“Por hache o por be” por Mariángeles Salas.

Cuando Cristóbal Colón y su tripulación, anclados frente a las costas de lo que hoy es Honduras, recibieron como presente de los habitantes de la isla, unas nueces pequeñas, ovaladas y marrones, jamás se imaginaron que eran frutos de los cacaoteros. Unos árboles que crecieron, de forma natural, a la sombra de las selvas tropicales del Amazonas y del Orinoco, hace unos 4000 años a.C. Tampoco sabían que los nativos preparaban con ellas, una bebida “divina” que, por lo visto, producía mucha energía. Pero a Colón y a los Reyes Católicos eso les debió importar un pimiento. Ya que pasaron, olímpicamente, de aquella “delicia” porque estaba amarga, picante y asquerosa, según ellos.

Sin embargo, otro conquistador, el extremeño Hernán Cortés se la describió a Carlos V, años más tarde, diciéndole que bastaba con una taza de ese brebaje, para sostener las fuerzas de un soldado durante todo un día de marcha. Y, claro, con aquel maravilloso “descubrimiento” poco importaba su sabor. Así que las puertas de España se abrieron para el chocolate en pleno siglo XVI. Poco tiempo después, se cree que fueron los monjes del Monasterio de Piedra, los pioneros en endulzar el chocolate, al añadir azúcar y especias como la vainilla y la canela.

Para el pueblo maya el chocolate llegó a ser como “el ungüento amarillo”. Ya que, incluso, usaban los granos de cacao como monedas. Así, con diez semillas podían obtener la compañía de una dama y con cien, hasta adquirir un esclavo. ¡Vaya tela!

También lo usaron con fines terapéuticos y como afrodisíaco. Pero lo que ya es para decir: ¡leñe, leñe y  leñe! es que curaban las diarreas, mezclando el polvo de los huesos machacados de sus antepasados, con el cacao. ¡Agggg...qué asco! Vamos, como para traerlos a esta época en una máquina del tiempo, y decirles: ¡Hala, guapos,  arreglad el país y todos los males que nos aquejan! No creo que pudiesen resolver muchos problemas, pero íbamos  a coger una cogorza al chocolate de tres pares de narices. Así que nada de imaginarnos movidas tipo “regreso al futuro”. No, señor, ahí quietitos en la Historia, majetes.

Lo que  sí está claro es que el chocolate, en todas sus variantes, es uno de los placeres gastronómicos que más adeptos tiene. Además se ha comprobado que, ingerido en cantidades moderadas, no es el responsable ni de la ganancia de peso, ni de la aparición de granos, caries y migrañas. También se ha constatado que ayuda a reducir el nivel de stress, a nuestros chicos, en épocas de exámenes. Comer chocolate puro, con un 70% o más de cacao, actúa como protector ante muchas enfermedades. Reduce los niveles del colesterol, la tensión arterial...y su consumo moderado previene las enfermedades del corazón.

Pero si además es un remedio eficaz para la tos y para la piel, al final habrá que dar la razón a los mayas y decir que, sin duda, es un pedazo de “ungüento amarillo”. Y como las cosas claras y el chocolate espeso, yo, por si las moscas,  me voy a la chocolatería de al lado a tomarme una buena taza de chocolate caliente porque, como dicen los expertos: mejora el estado de ánimo, es una fuente de antioxidantes, promueve la salud cerebral, aporta nutrientes esenciales y ayuda a la relajación. ¡Casi nada!

Publicado el 22 de diciembre de 2024
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