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El valle del hierro - Ane de Odriozola

Reseña realizada por Begoña Curiel.

Novela de mujeres fuertes, buena ambientación de la época de los carboneros y las numerosas ferrerías que existían en el siglo XVI en el País Vasco. Dos historias confluyen mientras las subtramas completan una narración interesante y con ritmo pausado, pero constante.

 Domingo desaparece y su mujer, Asencia, desespera. La última vez que lo vio se dirigía a la ferrería de Mirandaola, propiedad de los Plazaola. Nadie le quitará de la cabeza la idea de que dicha familia está relacionada con la desaparición porque para Asencia, los ferrones «no son trigo limpio». Ferrones, un término que no conocía y que la gente humilde, asociaba al dinero y al poder.

El valle del hierro, ambientada en el municipio guipuzcoano de Legazpi, se convierte en relato costumbrista de una forma de vida con dos clases enfrentadas: la de menor poder adquisitivo que habitaba en los caseríos y los propietarios de las ferrerías. La desaparición de Domingo –no es la única conocida en el valle– destapará la caja de los truenos, una inquina acumulada que el lector conoce a través de los ojos de Asencia. Y de fondo, la extraña historia de una cruz (¿Milagro?, ¿Maldición?) que añadirá un halo de misterio sobrevolando al gremio de los ferrones. Un hecho que, según el trabajo de documentación realizado por la autora, fue real.

Se presenta una segunda trama: de la desaparición de Domingo pasaremos a la aparición de una niña en la casa del zapatero Ginés, que no dudará en llamarla Jurdana, el nombre de su esposa fallecida, y a la que criará con ayuda de su vecina Gabriela.

Jurdana será otra de esas mujeres con coraje ensalzadas por Ane Odriozola; una especie de metáfora con el hierro que da nombre al valle, como si ellas estuvieran forjadas con dicho metal. El que parece insuflarles fuerza en aquella sociedad donde las mujeres hacían gala del matriarcado al que siempre (y donde hubo fuego, quedan rescoldos...) se ha asociado la sociedad vasca.

El de Jurdana se unirá al personaje de Catalina que, aun siendo secundario, será determinante para que la narración conecte con Asencia. Lo mismo ocurre con Jesús y un peculiar grupo de monjas que lo arropan como a un hijo.

La autora va moviendo con inteligencia las piezas que irán confluyendo hasta cruzarse, reposando en el fondo histórico de la novela. La acción puede parecer de baja intensidad y, sin embargo, remueve cimientos que parecían estáticos.

Ane de Odriozola maneja de forma acertada el juego de la tensión, con una importante dosis de suspense. Ayuda por supuesto, el hecho de que el lector cuente con más información del que disponen determinados protagonistas. De ahí que consiga generar impaciencia, que deseemos la llegada de una catarsis que se intuye antes de que las páginas hayan avanzado demasiado.

La narración no tiene complicaciones y no por ello, está menos trabajada. La lectura resulta ligera y fluida. Te va guiando por el desasosiego sin estridencias, pero vas viendo venir la fuerza de ese río, cómo se va encauzando hasta alcanzar los momentos culmen. Ha sido fácil dejarse llevar por la corriente interna que palpita en este valle del hierro. He disfrutado mucho con las mujeres de Ane de Odriozola, desconocida para mí, aunque no lo sea en el mundo literario. En ELD estamos deseando conocerla más a fondo. Esperamos contar pronto con una entrevista de la autora.

Publicado el 15 de octubre de 2024
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