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Ellas y nosotros

“Por hache o por be” por Mariángeles Salas.

Si alguien nos preguntase por el nombre del insecto que sobrevivió a las bombas de hidrógeno que destruyeron Hiroshima y Nagashaki durante la II Guerra Mundial, ¿qué contestaríamos?

Pues a lo mejor diríamos que fue el escarabajo japonés, tal vez una polilla india o el gusano del repollo. Aunque con estas respuestas, todos, estaríamos suspendidos. Con lo sencillo que hubiera sido acordarnos de un bicho asqueroso que tiene seis patas, un par de alas, antenas y que además puede volar, correr y trepar por las paredes. Fácil, ¿eh?...

Pero si todavía hay alguien que no sabe de quién se trata, unas pistas más: solo con su presencia ya produce un repelús en el cuerpo que para qué. Si a “eso” se le corta la cabeza, puede sobrevivir cerca de nueve días como si tal cosa. Y, además, la jodía superviviente es más antigua que la tos, nada menos que está en la tierra desde hace aproximadamente unos 360 millones de años, vamos, colega de los dinosaurios, fijo.

Es evidente que se trata de la repugnante cucaracha, que, según dice la canción, no puede caminar porque le faltan las dos patitas de atrás. Me río, yo, de la copla. Estos bicharracos pueden correr, volar y hasta nadar. Por eso cuando estemos tomando una horchata, a la fresca, y veamos salir de alguna alcantarilla o del contenedor más próximo a una familia de alegres cucarachas, dispuestas a vivir la noche, nada de sentarse como el jefe de los sioux, Toro Sentado, ni de salir por piernas como lo haría un gallina. Pero tampoco quedarse inmóvil, como si uno se hubiese tragado un sable, pensando que si las “cucas” caminan por encima de la comida pueden transmitir muchas enfermedades, entre ellas: salmonelosis, gastroenteritis y asma. O que son capaces de esparcir al menos 33 tipos de bacterias y 6 tipos de gusanos parásitos. Porque seguro que la bebida de chufas se nos agriará en el estómago.

Se calcula que sobre el planeta existen, nada más y nada menos, que 3.500 especies de cucarachas, de las cuales entre cinco y siete viven entre nosotros. Desde hace algunos años la cucaracha americana, originaria de África, e introducida en el continente americano a principios del siglo XVII por el tráfico de esclavos, es la reina del lugar. Ha desbancado a su prima “la negra” y se ha hecho el ama de las noches alicantinas. Es normal verlas trepar por las paredes, caminar junto a nuestros pies, amparadas en la oscuridad, o entrar por las ventanas, como Pedro por su casa.

Y esto, además de provocar reacciones de miedo y repulsión, puede hacer perder la compostura a más de uno. Como por ejemplo a una señora que se desnudó, a la velocidad del rayo, un sábado por la noche en la Explanada, porque se le había colado una cucaracha por el canalillo. ¿Y quién no? Pero no nos quejemos, porque como a la Megaloblatta, cucaracha que vive en Sudamérica y cuya envergadura puede llegar a los 18,5 centímetros, le guste el sol, el mar y la paella... vamos listos.

Publicado el 24 de julio de 2024
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