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Flores para la señora Harris - Paul Gallico

Reseña realizada por Begoña Curiel.

¿Quién ha dicho que los sueños no se cumplen? ¿Que hay objetivos inalcanzables para determinadas personas? Flores para la señora Harris se lee en dos sentadas. Es una novela-cuento amable y encantador que democratiza la felicidad.

Es una mujer que limpia en casas de ricachones en Londres. La señora Harris, viuda desde hace mucho tiempo, no tiene grandes ambiciones en la vida, pero cuando ve dos vestidos de Dior en el armario de una de esas casas donde trabaja, se dice: «yo quiero uno como este y lo voy a tener». El plan es volar a París para traérselo en la maleta, tenga o no, ocasión de ponérselo. Pero, ¿dónde vas, alma de cántaro?, te dices.

Además, estamos en 1958, aunque eso le importa un bledo a esta mujer tenaz que deja boquiabierta a su leal amiga, la señora Butterfield, cuando le cuenta el plan. Tiene la misma reacción, supongo, que todo el que abre el libro. Pero la señora Harris carece de complejos, tiene espíritu de sacrificio de sobra y lo que digan o piensen los demás, se la trae al pairo.

Va a por todas. Aunque tenga que trabajar lo que no está escrito y apretarse el cinturón. De cándida, nada. Eso lo piensas al principio, hasta que compruebas que su arrojo está a prueba de balas.

Volará a París, sí señor, vaya si volará... Pero no es ir, entrar en la casa Dior, comprar y ya está.

La cosa se complica un poco más y sin embargo, la señora Harris deja el pabellón muy alto frente a las miradas ofensivas a sus modestos trapos, la incredulidad, el desprecio o las risitas por lo bajinis a su paso.  La aventura parisina te hace reír y ante todo, te hará amar a esta mujer que no desiste ante los «no puedo» que susurra la cabeza, cuando el reto se te ha metido entre ceja y ceja. Gran parte de la novela se centra en su estancia en París, donde la aventura termina por sorprenderte. Como en los cuentos, hay “hadas madrinas”; también personajes que reculan y cambian de parecer. ¿Lo logrará?

Como imaginarán no les voy a contar el final. Anímense con este caramelito que ablanda corazones con la autenticidad de su protagonista. Porque se puede –y se debería– soñar, incluso con los pies en la tierra. La señora Harris es una magnífica maestra en la disciplina. Reúne coraje y determinación hasta las últimas consecuencias. No hay dolor, ni miedo. Ni voz que pueda convencerla de que en la vida hay imposibles.

Si tienen uno de esos momentos de pereza lectora, no les apetece una trama peliaguda o sesuda y necesitan algo sencillito, con estas flores para la señora Harris echarán un rato agradable. Hasta cuqui, diría.

¿Por qué figura la palabra flores en el título, y no vestido? Lógicamente tampoco lo van a saber por mí.

Publicado el 31 de enero de 2024
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