
“Más Allá del Escritor” por Begoña Curiel.
Guau, pensé en cuanto supe de su historión.
Aunque su responsable Esteban Raposo, quiera sacudirse la modestia con su taberna-librería o librería-taberna, es para hacerle la ola. Me ha cautivado con su mágica criatura, una especie de milagro en el que se han conjugado los astros, me dice. LA LIBRERÍA DE PIMIANGO va mucho más allá de un espacio físico donde comprar un libro, tomar una cerveza y/o comer. Ha fabricado un artefacto genuino que reúne literatura y cualquier expresión artística que nutra alma e intelecto.

Esteban Raposo
“Es un milagro en el que se han ido conjugando los astros”
Lo primero es ubicarnos porque esta es una muñequita rusa plagada de historias. Estamos en Pimiango, una pedanía de Colombres que no llega al centenar de habitantes en el marco del concejo de Ribadedeba. Un pequeño paraíso rural con vistas al mar en la parte más oriental de la costa asturiana (https://guiadeasturias.com/pimiango-enclave-divino/ Esta información, para ir salivando...)
Cómo nace la criatura
Hace seis años Esteban empezó a reformar un pajar que compró con la madre de su hija dos décadas atrás. Amasaba una de esas ideas, que mosconean toda una vida en la cabeza cuando las vas aparcando. Se lio la manta a la cabeza y pidió la cuenta en la multinacional farmacéutica donde trabajó durante treinta años en Madrid como auditor de calidad. No reniega de su etapa profesional, pero a los sueños hay que hacerles caso o se enconan.
Con el cantero y el encofrador del pueblo levantó la estructura. Sus manos y tesón de hormiguita concluyeron el parto. Si vendo un libro y pongo algún vino y cerveza iré sobreviviendo, pensó, pero... al mes de abrir –allá por junio de 2021– ya necesitaba a alguien porque se le formaba cola en la barra del bar mientras charlaba con clientes en la librería. Esteban es de los nuestros: en ELD te comprendemos porque se nos van las horas hablando de ellos.
De cómo un pajar hermana libros y arte
El edificio tiene tres plantas. En la última vive el propietario. En la primera, está la taberna –por supuesto llenita de libros– donde también montan las exposiciones de pintura. En la segunda, se encuentra la librería; un auténtico espacio multiusos que acoge entre otras actividades, conciertos, recitales de poesía y la pantalla grande que complementa las conferencias.

Bar
La última fue la presentación de Los cuadernos de Atapuerca ofrecida por el coordinador científico de la edición, Juan Carlos Díez Fernández-Lomana, catedrático de Prehistoria de la Universidad de Burgos.
Es sólo un ejemplo del amplio catálogo de La librería de Pimiango. «Aquí todo es susceptible de organizarse. Por el local empezaron a aparecer escritores, pintores y otros artistas», explica Esteban. No hay sábado sin evento cultural. Porque esa es la esencia del lugar: no querían ser un restaurante, un chiringuito más, sino un espacio de encuentro de gente pequeña –o no– haciendo cosas grandes que se ha ido forjando granito a granito.
Un equipazo
He dicho «no querían ser» porque el plan no existiría sin los ángeles colaboradores del proyecto. Estelle Roullier, filóloga y la librera del negocio, Nacho de Carlos, chef, escritor y mente inquieta (hasta ha montado un periódico. El jefe ha tenido que “llamarle a la calma” porque ya rumia preparar un teatro de títeres) y Carmen, la hermana de Esteban, editora con experiencia en la organización de todo lo relacionado con la presentación de libros. «Ella dio el primer empujón: aportó mucho, el logo, la marca del negocio. Gracias a ella tuve una idea muy clara de cómo conducir esto».
Estelle Roullier
Chef Nacho de Carlos
Esteban alardea, y con razón, de su equipazo. Han logrado una armonía que mecaniza la rutina para que el programa ruede. Descansan los lunes –es un decir– y a partir del martes empiezan a preparar el evento del sábado. Si se presenta un libro hay que leérselo, si se inaugura una exposición hay que preparar los cuadros y los espacios, si toca concierto hay que escuchar la música...
«Me cuesta sacar la cabeza de aquí», comenta, aunque sarna con gusto con pica en este bar librero que llama la atención precisamente por eso, por el peculiar matrimonio sobre el que pivota este frenesí cultural.
Ponen marca de la casa en sus presentaciones: personalizadas, acompañadas de música y hasta de un pincho específico relacionado con la obra en cuestión. Huyen de la concepción clásica, un tanto arcaica según Esteban, de este tipo de actos. Cuidan detalles y ponen ese mimo que convierte en única cada presentación.
Hay que colocar las piezas del puzle para que todo funcione, siempre con los pies en la tierra: «no perdemos la perspectiva, somos conscientes de nuestra fragilidad. Tenemos que salvar la estacionalidad; ese era uno de los retos».
“Somos conscientes de nuestra fragilidad”
El entorno turístico atrae multitudes, pero como la hostelería, el bullicio se concentra durante tres meses al año y breves períodos vacaciones, y después se va. La librería de Pimiango se salva con el bar y los eventos semanales. Deben guardar un equilibrio: no son amantes de la masificación permanente y sin embargo hay que mantener viva la agenda cuando se anuncia el invierno, incluso desde que asoma el otoño. En ello están, gracias a los fieles y visitantes que llegan desde Bilbao, Valladolid, Gijón, Oviedo, Burgos, Santander...
Fortalecen músculo con el imán de su variada oferta en la que por cierto hay una parte especialmente bonita: el después del evento, cuando se queda cenando un grupo más reducido y la pausa invita a la conversación. «Es una delicia, la gente que acaba conociéndose aquí», comenta Esteban.
Y ojo. No tiran de redes sociales. No quieren-necesitan facebook ni instagram. Su bastión son las listas de difusión de whastapp con sus contactos (más de 2000) de clientes y artistas que pasan por allí.
Ni un bestseller en la librería
La idea inicial era una taberna con libros de viaje –me hice geógrafo con 30 años, apunta Esteban–. Carmen le dijo: «abre una librería generalista, por Dios, que nos vas a volver locos a todos». Bastante ha rizado el rizo su hermano con esta preciosura que contiene más de tres mil libros. La mayoría, libros de viejo aportados por la exmujer de Esteban, bibliotecaria y arqueóloga, a los que se suman los nuevos –cerca de 60- que se han ido presentando desde que abrieron las puertas.
Apuestan por la literatura local, contenidos relacionados con Asturias y Cantabria, escritores autoeditados que no quieren dejar pasar porque hay muchas cosas buenas de gente cercana que aporta, y que desgraciadamente, son invisibles para el mercado. En las estanterías no encontrarán los bestsellers que venden con tantos ceros a la derecha.
Además, aquí los libros no son como la ropa bonita que antes dejábamos para los domingos. Se leen mientras comes y tomas un vino, hay que rozarlos, sentirlos y vivirlos porque los libros están para usarlos, afirma categórico Esteban. Me declaro fan de su club.
Su hombre del renacimiento
Así llaman a Arsenio Manuel González; era profesor, es escritor y se ha sumado a la energía que desprende el lugar. Ya comentaba que esta es una historia de muñecas rusas, y les puedo asegurar que este hombre y lo que les voy a contar merecería otro largo reportaje.
Arsenio se compró otro pajar enfrente de la librería y lo ha habilitado bajo el nombre de El cheru de engaltro”, escenario también de más actividades culturales. Para enero, por ejemplo, tiene listo un festival de cine fantástico.
¿Que es eso de Cheru de engaltro? La expresión está relacionada con los abrazos y hace referencia al espíritu acogedor de las gentes de Pimiango. Pertenece a una jerga gremial de la zona oriental de Asturias, denominada mansolea que en el pasado utilizaban los vendedores ambulantes de zapatos en la cornisa cantábrica. Fascinante. Esta jerga está recogida en un libro y tiene su propia asociación: la Comisión Mansolea de Festejos que organiza actividades para mantener vivo su espíritu. Ya ven, la aldea es un pequeño continente de cultura.
Curiosamente, advierte Esteban, su librería se encuentra en un callejón aparentemente feo, pero cuando accedes, te adentras en un sitio especial, «con un componente que no es tangible, que te envuelve: la taberna, los libros, la madera...» Dice que es un lugar mágico y no tiene que insistir porque me ha convencido sin haber estado. Me he enamorado en la distancia, pero tengo que ponerle remedio a los kilómetros que nos separan.
Guau, ladraba yo en la primera línea. Ahora, aúllo de ganas por conocer este paraíso.

Fachada