
"Por hache o por be" por Mariángeles Salas.
Mira que es difícil deshacerse de cosas sobre todo cuando te encariñas con ellas. A veces guardamos objetos un montón de años porque pensamos que algún día nos servirán, sin darnos cuenta de que con ese razonamiento lo único que estamos consiguiendo es que “esas cosas”, que en el fondo sabemos que no vamos a usar nunca, vayan invadiendo, poco a poco, nuestro hogar. Como esa mesa plegable que no volverás a utilizar para comer en la playa, porque, ahora, has descubierto que la arena te da tiricia y con el sol te salen manchas. O esa ropa pasada de moda de cuando tu hijo era un bebé sonrosado y regordete, y que hoy en día ya tiene canas y busca piso económico para emanciparse.
Quizá también guardes, como oro en paño, las primeras cartillas donde tus criaturas aprendieron a leer: “Mi mamá me mima y yo amo a mi mamá”. Por no hablar del scalextrix que le trajeron los Reyes al mayor en los ochenta; de un tanque lanzaventosas muy molón; del tambor de detergente redondo, como eran los de entonces, lleno de indios, vaqueros y alguna muñeca pintarrajeada; y del maletín de enfermera de la Srta. Pepis que tanto le gustaba a tu hija cuando tenía ocho años y hoy ya tiene treinta y ocho. Y todo por la ilusión que te haría ver a tus futuros nietos jugar con todas estas “reliquias” como lo hicieron tus hijos, antes de que se enganchen, como posesos, a su teléfono móvil.
Pero si además de todas estas “cosillas”, también atesoras ceniceros, platitos, imanes para el frigorífico y demás chorradas, que amigos y familiares te traen de recuerdo cuando viajan, más los detallitos que te dan en las comuniones, bautizos y bodas a las que asistes, y hasta incluso conservas, en el rincón más oscuro de tu casa, esa bicicleta estática y troglodita a la que un día se encaramó toda la familia por novedosa, y que hoy va rodando como la falsa moneda, de habitación en habitación, haciendo las veces de perchero, ya es para hacérselo ver.
Y si ya para rematar, aún añadimos esos sesenta búhos de todos los tamaños y materiales, que todo el mundo te regala porque una vez se te ocurrió decir que te encantaban; esto ya es la “Madre de todas las reperas”.