
Reseña realizada por Begoña Curiel.
Suspense y esoterismo. Consiguió mantenerme intrigada y muy, muy entretenida. A veces se excede en extensión y rebaja el ritmo, pero en conjunto, esta Mina Índigo, con sus luces y sombras, consiguió conquistarme. Alaitz Leceaga se mueve bien en el universo del misterio.
Es una novela muy de protagonista principal. Ella lo es todo en la historia aunque le acompañe un secundario que pretende elevarse a su nivel, el patólogo Ellis. Este llegará a Barcelona para seguir el caso de la muerte de la hija de una confidente de la protagonista. Ella es una médium muy conocida en la ciudad. Si es una impostora o no, habrá que descubrirlo. O interpretar… Mina Índigo se relaciona con la clase de alto copete de la sociedad barcelonesa en los tiempos de la exposición universal, 1888. Un período de modernidad -o de pretendida modernidad- donde visitar a la vidente resulta de lo más chic entre el sector de los más pudientes.
Gracias a esas señoronas y acompañantes que acuden a su casa, Alaitz Leceaga nos presenta a esa clase alta que se tapa los ojos ante la parte invisible de la sociedad. La miseria está muy cerca aunque no la miren. Se deja entrever cierta crítica social en la novela. Se esmera en la descripción de paseos por los suburbios. Mina Índigo se maneja bien en esas veredas también. De hecho, las necesita para crear su red de informadores: para estar al tanto de lo que hay que saber, pero no quiere salir a la luz. Así que, coloca el pie a los dos lados en función de sus necesidades.
Debido a sus quehaceres, contaremos con múltiples escenas donde el misterio se entremezcla con elementos sobrenaturales. La mezcla de ingredientes provocará de paso el despiste del lector, sobre si sus habilidades con el más allá tienen más de profesión que de buenas artes. La autora juega a esa incertidumbre y resulta divertido, aunque es evidente que muchas cosas no cuadran.
El personaje de su marido, que pulula por casa como alma en pena, contribuye a amasar el clima de misterio que empaña la novela. Su peso parece menor entre los secundarios, pero se revelará vital a medida que pasamos páginas. Me ha gustado mucho su papel, especialmente cuando al principio, se desconoce qué pasa realmente entre las paredes de su casa.
Cuando la narración rebobina al pasado, se irán difuminando esas dudas e intrigas en las que nos va sumergiendo Leceaga, y de paso comprenderemos el mundo interior que tortura a la protagonista. Para complementar esa parte que desconocemos de la protagonista, la escritora agrega a un inspector con el que la médium tiene una extraña relación, ademas de Zelda, la criada, que no lo es tanto. Y de paso, añade a Baxter, el mayordomo. Un curioso rarito que aporta cierta gracia a la trama. Su intervención es más bien breve y sin embargo, es de esos personajes que dibuja fácilmente la imaginación. A mí, por lo menos, me resultó muy sencillo.
Ellis entra en la trama como sustituto del marido de Mina. Y con él, llega la “fiesta”. La trama se apoya en él, para aliñar el dúo que compondrán. De la misma forma que el esposo, Ellis irá ascendiendo en protagonismo, hasta que ya no entendamos a Mina sin él, aunque es verdad que a ella le gusta ir por libre. La personalidad de Mina es arrolladora, incluso por momentos algo suicida: entre su trabajo y la investigación de la muerte de la joven, no hay día, incluso hora, en la que no se meta en un lío o esté a punto de hacerlo. Y eso que debería tener cintura para poder conciliar amistades y roces entre gente de distinta estopa y contexto.
La narración de Alaitz Leceaga no presenta complicación alguna. Cuenta las cosas bien, aunque como apuntaba al comienzo de la reseña, es verdad que tiende a explayarse en escenas y detalles sobradamente descrit@s. Cuando hay repetición o insistencia en el mismo punto, el ritmo flojea y empiezas a desear que pase ya a otra cosa. Sin embargo, este dato no desmerece el buen trabajo hecho por la autora para mantener la tensión e intercalar el toque mágico que pulula por sus párrafos. Parece su sello. Recuerdo ese punto magnético también en su novela Las hijas de la tierra, de la que ELD cuenta con reseña desde el año 2020.
Han pasado más de ocho meses desde que terminé Las dos vidas de Mina Índigo y sin embargo no la olvido. Hay novelas que provocan emociones particulares por el momento en el que las lees. Esta es una de ellas. Logró entretenerme y mucho, evadirme cuando lo necesitaba. Y si un libro lo consiguió, no puedo más que agradecerlo. La lectura no soluciona problemas pero cuando estás en ella, si logra sacarte por unos minutos, horas o días, de un momento complicado, es como un regalo llovido del cielo. Así que, gracias a Alaitz Leceaga.