
"Por hache o por be" por Mariángeles Salas.
Seguro que muchos al contemplar la luna, prendida en el cielo como una reina, pensarán en todas las cosas que, bajo su hermosa luz, han vivido o pueden vivir. Ese satélite natural de la Tierra, desde tiempos inmemoriales, ha sorprendido al hombre con su gran tamaño, sus ciclos orbitales y con sus fases. En muchas culturas antiguas también era considerada un ser divino. Hasta que llegó Anaxágoras, un filósofo griego, y razonó ante su pueblo, que tanto la luna como el sol, solo eran dos cuerpos gigantes, rocosos y esféricos. Además, se atrevió a decir que la luz emitida por ella, objeto de admiración desde los albores de la humanidad, no era más que la luminosidad reflejada del Sol. Por esta afirmación se le acusó de ateísmo y fue una de las causas de su encarcelamiento y posterior exilio.
Nuestro satélite, además de ser musa de poetas y regir nuestro destino, según los astrólogos, también ejerce una gran influencia en los diferentes aspectos de la naturaleza. Siempre se ha oído decir a los agricultores, que para que la siembra vaya bien, el ajo, la cebolla y todas las verduras que crecen bajo la tierra se tienen que plantar cuando la luna está en su fase menguante. Mientras que, por el contrario, el tomate, la alubia o el maíz se deben transplantar en luna nueva. Además, algunos sostienen que el pelo crecerá sano, sanote, según el ciclo lunar que elijamos para cortarlo. Porque, por lo visto, si lo hacemos cuando la luna está en cuarto menguante y hay, además, problemas de pérdida de cabello, este caerá mucho menos. Y es que, se mire por donde se mire, este astro que gira alrededor de nuestro planeta es la mar de socorrido.
Por ejemplo, si uno quiere escribir una carta de amor a su amado y no sabe cómo empezar, nada mejor que observar el cuerpo de la luna para inspirarse. Porque aunque el destinatario vea la falta de originalidad, como en esta frase: “Amor, tienes los ojos tan brillantes como la luna”, seguro que se emocionará igual. También recordaremos que algunos pescadores, antes de salir a faenar, consultan las tablas solunares o simplemente miran al cielo, intuyendo qué especies pescarán mejor durante esa fase lunar. Asimismo hemos podido escuchar canciones inspiradas en ella, como: “Luna lunera, cascabelera, ve y dile a mi amorcito por Dios que me quiera”. Y fijo que alguna vez nos hemos acordado del hombre lobo en luna llena.
Pero hay una fecha que, indiscutiblemente, marcó un antes y un después en los programas espaciales, y fue aquel 20 de julio de 1969 cuando el hombre caminó, por vez primera, sobre la superficie de la luna. En la actualidad, varias compañías ya están pujando por obtener autorización para próximas aventuras lunares y vender “paquetes turísticos”. Al final eso de “estar en la luna” no solo lo vamos a aplicar a estar despistado, sino a pasar unas cortas vacaciones allá arriba. Dando por hecho que los que más van a disfrutarlas serán los recién casados, cuando puedan celebrar su luna de miel en la misma luna. ¡Vaya tela!
Excelente reflexión, MariAngeles. Muchos besos