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"Marea" - Miguel Ángel Herrera y Mariángeles Salas

Mirando el mar desde el ventanal, siento, como dicen los poetas, una inmensa paz que acuno con fuerza junto a los versos de Neruda:

Necesito del mar porque me enseña:

No sé si aprendo música o conciencia,

no sé si es ola sola o ser profundo

o solo ronca voz

o deslumbrante suposición de peces y navíos…

 

Y yo daría lo que fuera para tener esa armonía dentro de mí toda la vida, pero lo cierto es que desde mi materialismo filosófico y con mi mentalidad físico-receptora, solo puedo creer en la existencia material de mis percepciones, y no en que exista la posibilidad de que haya vida después de la muerte, y esto me inquieta.

Creo en lo que veo, siento lo que toco y recibo lo que oigo. El día que exista la transmisión mental y mi cerebro sea capaz de recibir los estímulos externos sin mediar los físicos, empezaré a sopesar si creer en el fondo lo que quiere mostrar el libro que estoy leyendo. En principio, lo que sí ha logrado su lectura es hacerme pasar de mi postura atea a convertirme en un agnóstico convencido. Algo es algo.

Qué más quisiera yo que todo lo que narra el escritor, un afamado cirujano, fuera verdad, y en la otra vida pudiese encontrar a mis seres queridos. Pensar si podría haber "algo" después de que el cuerpo vuelva al polvo. Pero lo veo tan difuso, tan disparatado…

Y mira que intento abrir mi mente ante esa posibilidad, pero mi racionalidad me devuelve al aquí y ahora. Es como si una parte de mí quisiera aferrarse a una esperanza y la otra se resistiera a soltar la cuerda de la lógica y la evidencia científica.

Pienso en las historias de personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte, que han sentido la presencia de sus seres queridos fallecidos, y empiezan a resonar en mí de una manera que nunca antes lo habían hecho.

Tal vez la vida después de la muerte no es algo que pueda ser probado científicamente, pero eso no significa que no sea real. Tal vez sea una realidad que solo puede ser percibida con el corazón y no con la mente.

Quizás, más allá de la muerte, nos espere un vasto océano de experiencias, y no de azules y verdosas aguas. Un lugar donde los recuerdos y los amores perduran, donde las olas, esta vez, del tiempo, no borren las huellas de nuestras existencias, sino que las preserven, envolviéndolas en una marea constante de vida, ternura, y esperanza.

Ojalá, fuera cierto, y cuando llegue mi momento, que no sea un final, sino un nuevo comienzo.

Publicado el 11 de julio de 2024
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