
Querida amiga:
Pronto estaremos juntas.
Nunca he sentido tanta ansiedad por un día que está por llegar. Ni siquiera cuando se acercaba el momento del parto de mis hijos. Entonces sabía con certeza que mi vida no volvería a ser la misma, pero mi mente tenía modelos y podía imaginar cómo iba a ser. Ahora es distinto.
La semana pasada vi a mi prima Laura en el mercado y sin apenas darnos cuenta, nombramos al tío José como si siguiera entre nosotros. Ella, contrariada, me dijo que aún no podía creer que se hubiera ido, que la muerte era muy mala, que sólo dejaba tristeza. Yo me dije que a veces la vida era peor. Sabes que así lo he sentido alguna vez, sobre todo cuando el destino quiso dejarme sin mi amado hijo. Pero ese sentimiento pasa; la vida vuelve a rodearte con sus brazos, y te muestra un sinfín de motivos por los que quedarte con ella porque, si bien no es idílica es increíble. Nos recuerda el colorido de la existencia: los rojos de la pasión, los azules del sosiego, los ocres de la serenidad...y toda la amalgama que forman con sus mezclas.
¿Sabes? En el sepelio y el funeral de mi anciano tío, vi actitudes que provocaron en mí sensaciones contradictorias, de disgusto, estupor y perplejidad. Pero pasados los días, las percibo como una muestra de lo que somos los seres humanos. Verás… En el velatorio recibimos la visita de personas que no habían querido a mi tío, incluso que le dejaron de hablar. Sin embargo, en animada conversación, planeaban hacerle un homenaje no sé muy bien por qué razón. Me temo que nunca lo obsequiaron con flores ni le dedicaron en vida tantas alabanzas como en aquellos días. Por aquella exigua sala desfilaron un buen número de conocidos que no tuvieron tiempo de llamar o visitar al difunto cuando aún respiraba como nosotros ¡En cambio pasaron el día entero velándolo! Visto así, parece que es más valiosa la muerte que la vida. En este momento de mi vida, estas actitudes que otrora se me antojaban hipócritas, solo me despiertan ternura… como cuando vemos a los niños hacer de las suyas y los disculpamos porque tenemos la certeza de que no saben hacerlo de otra manera. No obstante, no dejo de imaginar cómo se conducirán mis conocidos cuando llegue mi momento, cuando se apague mi dolor, mi corazón pierda el ritmo que la vida le haya robado y el olor de mi piel pase a formar parte del recuerdo de unos pocos.
Ahora sé que solo a tu lado encontraré el descanso que tanto ansío. Mi ciclo ha terminado. Volverán otros a seguir con mi trabajo, seguirán viviendo aquellos a los que vi empezar. Nada queda pendiente.
El miedo se ha escondido, aquel que me hizo ser una esclava tantas veces… ¡cuánto tiempo perdido! Sé que no hay oscuridad, sé que solo es falta de luz y que mi cobijo es tu lecho. Querida amiga Parca, espero tu llegada.