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Rosario Villajos - Entrevista

Córdoba (1978). Formada en Bellas Artes. Ha trabajado en la industria musical, cinematográfica, artística, cultural y hostelera. Ha vivido en distintas ciudades: Córdoba, Sevilla, Granada, Montpellier, Barcelona, Londres y Madrid.

Su primera obra publicada fue una novela gráfica titulada Face. Después llegaron Ramona, La muela y finalmente La educación Física, que se llevó el Premio Biblioteca Breve 2023.

Entrevista realizada por Begoña Curiel para ELD.

–¿Por qué se autodenomina narradora y no escritora?

Porque esa palabra me oprime un poco (diría que me queda grande) y porque así puedo formar parte del libro. Un escritor no es siempre el narrador de lo que cuenta, pero en mi caso si soy yo quien te lo está contando independientemente de quienes sean los personajes. Me siento más a gusto como narradora, como alguien que viene a contarte algo que pasó, pasa o pasará sin entretenerse en lo literario sino con otros fines, como lo tuvo en su momento la mitología, quizá para reparar algo, por ejemplo, a mí misma.

–Tiene formación en Bellas Artes y ha trabajado como diseñadora gráfica, en la industria musical y cinematográfica. ¿Influye eso en su forma de escribir en algún sentido?

Claro que sí, siempre imagino mis historias como una película o una serie, pienso mucho en la imagen de cubierta, y mientras escribo la historia trato de dibujar algunas escenas y también me pregunto en cómo sería la banda sonora, todas mis novelas tienen mucha música.

–La escritura, aunque no publicase, ¿ya estaba ahí, antes de que realizara dichos trabajos? ¿Surgió a la par? ¿Cómo fue su proceso?

Empecé a escribir durante la carrera, escogí asignaturas relacionadas con la crítica de arte, porque las de pintura y escultura eran más caras debido al coste de los materiales. A veces escribía relatos bastante malos o poemas espantosos, pero nunca le di importancia a la escritura del mismo modo a que tampoco se lo di al resto de las artes, nunca pensé que yo llegaría a tener un trabajo mínimamente relacionado con mis gustos personales. De hecho, compatibilizaba la música o cualquiera de las cosas que estuviera haciendo en ese momento con un trabajo no creativo desde poner copas o hacer bocadillos, hasta lo que hago ahora, que tengo un trabajo en Tecnología de la Información. Cuando alguna vez he tenido un trabajo creativo, el resultado ha sido bastante pobre, eso deja claro lo poco que me interesaba crear para los demás.

–En general las protagonistas de sus novelas no lo pasan nada bien, ¿no? ¿Es una decisión o hay algún motivo que le lleve o empuje por ese camino? ¿Hay mucho en las tramas de Rosario Villajos?

No lo puedo evitar, al menos 5 veces al día pienso que el mundo es un lugar espantoso. Después, cuando llevo muchas páginas escritas me consuelo pensando que los libros cuyo argumento todavía recuerdo siempre fueron protagonizados por seres muy infelices, vengativos o depresivos. Al final yo escribo lo que me gustaría leer. En cuanto a si hay mucho de mí, imagínate, ha salido todo de mi cabeza.

–De hecho en una entrevista dijo que «le cuesta escribir cosas bonitas». Ya sé que el mundo no está para tirar cohetes, pero ¿tiene claro por qué?

Hay dos tipos de escritores, el que escribe de lo que quiere y el que escribe de lo que puede. Mi caso es el segundo.

–Sin embargo, intercala el humor en sus obras. ¿Para rebajar o porque no es incompatible con los problemas?

No es incompatible, el humor está en el mundo al mismo tiempo que la tristeza, como la vida está al mismo tiempo que la muerte.

–A Catalina, la protagonista de La educación física, no le vale de mucho el humor. Una adolescente que no tiene buena relación con su cuerpo. ¿Ha tenido que ficcionar bastante o es que hay muchos recuerdos suyos en las páginas?

Hay recuerdos míos e incluso tuyos, aunque no te hayas dado cuenta. No me salía hacer humor al estilo “qué difícil es ser mujer” porque no es que sea difícil, sino que nos lo hacen difícil. A veces me gusta reírme con o de mis personajes cuando sé que se pueden defender, pero en el caso de La educación física no me salía reírme de una niña que lo está pasando realmente mal, porque además estaba segura de que habría Catalinas que llegarían a acercarse a esta novela. Creo que el sistema ya se ríe bastante de nosotras.

–Es más fácil narrar cuando una sabe de qué está hablando, supongo. Cuando no es así, ¿la dificultad se agiganta o lo lleva bien? O puede que le motive, incluso. Cuéntenos.

Creo que lo que importa es que te guste lo que quieres contar, independientemente de si es algo que pasó frente a tus narices o tienes que ir a la Wikipedia a buscar información sobre cómo se cultiva la seda.

–Antes de Ramona, La muela y ahora La educación física, hubo una gráfica. En su bio encontramos poemas musicados y un apartado denominado #Fueronlos pelos, dibujos efectivamente hechos con pelos. ¿Estos originales trabajos han terminado para usted después de La educación física? ¿Marca un antes y un después el Premio Biblioteca Breve 2023 que ha obtenido con esta novela? ¿Puede que ahora sí, empiece a llamarse escritora en vez de narradora?

No he dejado de dibujar con pelo, solo de compartir ese acto íntimo mío porque he perdido mucho pelo este año y me deprimía ver tanto pelo en las baldosas. No tiene nada que ver con el premio. No sé si marca un antes y un después, desde luego lo es en cuestión de atención pública y ventas, pero mi vida no ha cambiado mucho, sigo necesitando un trabajo alimenticio para vivir. Ojalá pudiera vivir de la escritura pero no es así y tampoco quiero depender de becas de creación, lo que sí quiero es jubilarme cuanto antes.

–Por cierto, sus protagonistas, son mujeres. No es casualidad, ¿no?

Ni siquiera cuando empecé a escribir mis primeros cuentos tuve un protagonista masculino, si acaso un monstruo o algún animal antropomórfico, pero nunca me interesé en un personaje masculino porque pensaba que ya había suficiente información.

–¿Cómo le ha dejado el cuerpo el premio? ¿Está aún de subidón? ¿Le preocupa que los lectores estemos expectantes ante su próximo trabajo? Si es que tiene ya pensado algo...

Estoy en barbecho, a veces es necesario airear, reposar y dejar que los lectores se olviden de ti.

–En realidad Rosario Villajos, corríjame si me equivoco, es artista. En su infancia, sobre todo, dibujaba, leía y veía películas y su sueño era ser directora de cine (también lo he leído en una entrevista). La versatilidad, el uso de diferentes lenguajes como vehículo de expresión, ¿va a ser una constante en su vida o qué tiene pensado?

Hace tiempo que no pienso en el futuro, me dejo llevar por lo que vaya surgiendo. De momento, la escritura es el medio más compatible con la vida que llevo y mi trabajo alimenticio, pero si tuviera un local enorme, quizá dejaría de escribir para ponerme a pintar.

–Le ha influido Lorca. Lucía Berlín es su autora de cabecera contando lo doméstico. Díganos otros nombres que le hayan marcado, que admire especialmente o sean un ejemplo de escritura para usted. Tanto nacionales como extranjeros.

Hay tantos nombres que voy a decir sólo tres coetáneos míos:

Ottessa Moshfegh, por su misantropía, Munir Hachemi, por su mirada poética y su libertad de pensamiento, y Jesús Carrasco, que acaba de ganar con Elogio de las manos el Premio Biblioteca Breve y os va a deslumbrar con su visión tan reparadora de la Tierra que pisamos.

–¿Qué está leyendo ahora mismo?

A Manuel Puig, El beso de la mujer araña. Qué maravilla.

–Algún autor o autora que no conociera y que le haya sorprendido gratamente en los últimos tiempos y por qué.

Gabriela Escobar Dobrzalovski y Roque Larraky, no sabía quiénes eran hasta hace unos meses y me parecen un par de genios.

–¿Tiene géneros favoritos o lee de todo?

Me gusta mucho Gabriela, la poesía y el ensayo aunque luego no sea capaz de escribir nada por el estilo.

–¿Empieza a escribir desde que tiene la idea o sólo se pone cuando tiene todo, todo listo y claro?

Escribo todos los días, aunque no tenga que ver con nada en concreto. Que dios te pille confesado, la inspiración trabajando y la muerte bailando.

–Sé que tiene un trabajo aparte de la escritura? ¿Cuánto tiempo le deja para escribir? Si es poco, ¿lo lleva mal?

Lo llevo muy mal pero peor llevaría no pagar las facturas o tener que escribir para vender y no para colmar mi inquietud, al final escribo para entenderme a mí, igual que leo para entender el mundo.

–¿Le gustaría dedicarse al cien por cien a escribir?

Claro, si fuera rica no dudes que lo haría.

–Ha vivido en muchas ciudades pero mantiene su acento andaluz. Lo comenta en su bio. ¿Qué importancia tiene para usted este hecho?

Es una forma de recordar(me) de dónde vengo, y de decir que me siento orgullosa de ello ante la consabida andaluzofobia. Hace poco la académica Lola Pons comentaba cómo los últimos ganadores del Biblioteca Breve apuntábamos al sur (Juanma Gil, Isaac Rosa) y fue muy bonito escuchar eso. A parte de esta forma de mostrarme o posicionarme, creo que no importa mucho si pierdo el acento o no, después de tanto tiempo fuera de Andalucía poco a poco se me ha ido mezclando con otros. Lo que sí creo es que la identidad al final está definida por tu entorno y quienes te acompañan en el camino, más que por un lugar en concreto y es verdad que mi entorno es mayoritariamente andaluz.

–Un deseo para este año, esté o no relacionado con la escritura.

Estar tranquila.

Publicado el 14 de febrero de 2024
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